ERNESTO ERCORECA, CORAZÓN DE ALCALDE

ercoreca

El pasado mes, con motivo del aniversario de la I República, realizamos el itinerario por el Bilbao republicano de la II República. Lo titulamos “Itinerario por el Bilbao republicano de Ernesto Ercoreca“, haciendo referencia al alcalde de la Villa durante todo el período republicano. La mayoría de la gente identifica a Ercoreca como alcalde, dado que la plaza frente a la Casa Consistorial lleva su nombre, pero apenas saben nada de su biografía. Es nuestra intención con esta entrada, por tanto, recordar la figura del inolvidable alcalde republicano de Bilbao, para algunos de nosotros el mejor regidor que ha tenido la capital vizcaína.

Ernesto Ercoreca nació en Bilbao el 9 de noviembre de 1866. Era hijo de José Ercoreca, comerciante bilbaíno, y Francisca Régil, oriunda de Guipúzcoa. El matrimonio tuvo además otros dos hijos, Lorenzo y Francisco. José Ercoreca participó en la defensa de Bilbao durante el sitio carlista enrolado en el batallón de auxiliares, por lo que le suponemos una ideología liberal.

Ernesto se casó el 8 de febrero de 1890 con Ciriaca Uriarte Emaldi, bilbaína nacida el 16 de marzo de 1869, con quien tuvo cinco hijas y tres hijos. Ciriaca falleció en su exilio de San Juan de Luz (Francia), el 31 de diciembre de 1938.

Ernesto Ercoreca estudió en las escuelas municipales, de donde pasó a la Escuela de Artes y Oficios en donde se graduó como delineante.

A los 18 años comenzó a trabajar en la Junta de Obras del Puerto como delineante. Combinó este empleo con el de profesor particular de dibujo y con la de administrador del Campos Eliseos. En 1933 solicitó la jubilación de su trabajo en la Junta de Obras del Puerto por ser incompatible con su posición como Alcalde de Bilbao.

Perteneció a la Sociedad “El Sitio”, entidad creada para conmemorar la resistencia bilbaína ante los cercos carlistas de 1836 y 1874, a la que entró en 1893.

Entre sus aficiones destacaron la música, los toros y las tertulias. Perteneció a la banda de música de Santa Cecilia, en la que tocaba la trompeta y era un asiduo de las funciones de ópera en los teatros bilbaínos.

Comenzó su militancia republicana en los años noventa del siglo XIX en el Partido Republicano Progresista que en Bilbao dirigían Federico Solaegui y Gaspar Leguina. Posteriormente se integró, como la mayoría de sus correligionarios, en la Unión Republicana primero, y en el Partido Republicano Autónomo después. En estas formaciones ocupó diversos cargos directivos, destacando la presidencia del Partido Republicano Autónomo de Vizcaya en 1916.

En la II República se adhirió, junto al resto del republicanismo autónomo vizcaíno, al partido de Acción Republicana, y posteriormente, en 1934, a Izquierda Republicana.

Perteneció varias veces a la Junta Directiva del Casino Republicano de la capital vizcaína, del cual fue nombrado presidente en 1906 y 1910. También militó en la Juventud Republicana, la cual presidiría en 1895.

Dentro de la ideología de Ercoreca tenemos que destacar su acentuado vasquismo, que le llevó a defender la autonomía para el País Vasco dentro del orden constitucional republicano. Su autonomismo fue tal que a punto estuvo de protagonizar, junto a otros compañeros de corporación, una escisión en el republicanismo local al pedir los partidos republicanos la abstención al referéndum autonómico de 1933.

 

Elección y actividad institucional

ercoreca jovenSu primer intento de acceder al Ayuntamiento lo realizó en 1905, pues se presentó en las listas de la Unión Republicana por el distrito de Santiago, aunque no consiguió representación. En 1911 fue elegido concejal por el distrito de la Estación dentro de la candidatura de la Conjunción Republicano Socialista. Fue reelegido como concejal en 1915, de nuevo por el distrito de Estación, dentro de la lista de la Agrupación republicana bilbaína, cargo en el que permaneció hasta 1920, año en el que su candidatura no triunfó en las elecciones municipales.

En 1923 fue elegido Diputado provincial por la circunscripción de Bilbao-Ensanche. En este período como miembro de la Diputación defendió ante la misma el proyecto de “Estatuto regional. Bases de organización regional para la región vascongada que presenta a la Diputación de Vizcaya la minoría republicana”. Asímismo participó en la solución a la suspensión de pagos del Crédito de la Unión Minera como Presidente del Consejo Judicial que estudió la misma. Abandonó la corporación provincial en febrero de 1926.

Volvió a presentarse como candidato municipal en las elecciones del 12 de abril de 1931 dentro de las listas del Bloque Antimonárquico, que en Bilbao estaba formado por republicanos, socialistas y Acción Nacionalista Vasca. La victoria en las elecciones correspondió claramente a loa antimonárquicos, que lograron 31 concejales, por 12 del Partido Nacionalista Vasco y 3 de la Concentración monárquica. Ercoreca fue elegido concejal por el distrito de Deusto, donde obtuvo 1.456 votos.

En la constitución del nuevo ayuntamiento, Ernesto Ercoreca fue elegido alcalde de Bilbao, cargo en el que permaneció hasta el verano de 1934. En ese momento fue suspendido en sus funciones por el Gobernador Civil de la provincia debido al conflicto municipal que se desarrollaba durante esas fechas. Fue encarcelado primero en Bilbao y luego en Burgos.

Su actuación de desobediencia ante el Gobernador Civil les supuso a Ercoreca y a otros compañeros de corporación una condena de 8 años y un día de inhabilitación especial, una multa de 300 pesetas y el pago de las costas, por la Audiencia de Burgos. Esta sentencia le obligó a alejarse de la política hasta las elecciones generales de 1936, en las que la victoria del Frente Popular permitió la aprobación de una amnistía para los delitos políticos, y por ende, la vuelta de Ercoreca a la alcaldía bilbaína.

El regreso de Ercoreca a su puesto como alcalde de Bilbao se vio alterado por la sublevación franquista del 18 de julio de 1936. Ese día se encontraba en Madrid gestionando unos asuntos de interés para su municipio cuando, al conocer la noticia, intentó regresar a Bilbao en tren. Su convoy llegó a Miranda de Ebro (Burgos) el día 19, donde Ercoreca fue detenido y llevado a Vitoria para su encarcelamiento, siendo trasladado posteriormente a Pamplona.

El 26 de septiembre fue canjeado por Esteban Bilbao, futuro Ministro y Presidente de las Cortes franquistas, en San Juan de Luz (Francia). Esta experiencia personal le impulsó a proponer la realizar de canjes de prisioneros bajo los auspicios de la Cruz Roja, aunque sin éxito por la negativa de los mandatarios franquistas.

En noviembre de 1936 volvió a Bilbao, retomando su actividad como alcalde hasta la caída de la capital vizcaína. Se exilió a Baiona (Francia), en donde el ayuntamiento de la ciudad le proporcionó un alojamiento y costeó su manutención y la de su familia hasta que el Gobierno Vasco le asignó un sueldo de 2.500 francos al mes.

Debido a la entrada de los nazis en Francia, el gobierno galo decidió alejar a los exiliados españoles de la frontera. A Ercoreca le mandaron a Alençon, a 800 kilómetros de la frontera española. Mientras su familia retornaba a Bilbao, él, junto a otros exiliados, se dirigió hacia el norte. Ante el avance nazi en aquella zona decidieron dar media vuelta y dirigirse de nuevo al sur. Fue detenido por los alemanes en Biarritz y entregado a la policía española el 29 de julio de 1940.

Tras un breve paso por Irún y Bilbao, fue confinado en Valladolid. Fue condenado a 14 años de reclusión menor por un Consejo de Guerra dedicado a depurar responsabilidades políticas. Sus hijas consiguieron que el Gobernador Militar de Vizcaya conmutase la pena por 12 años de prisión, que suponía la prisión atenuada, a la que se unía la pena de 15 años de confinamiento en Valladolid.

Ercoreca residía en Valladolid, fuera de la cárcel, cumpliendo la pena de destierro y recibía 1005 pesetas de jubilación por su trabajo en la Junta de Obras del Puerto. En 1944 se le permitió regresar a Bilbao para recuperarse de una bronconeumonía. Falleció en la capital vizcaína el 22 de diciembre de 1957.

El alcalde Ercoreca dando lectura de la Carta de las Cortes Constituyentes al pueblo de Bilbao en 1836 felicitando por el levantamiento del sitio los carlistas. Esta tradición se cumplio por última vez en 1936. La lectura se realizaba sollemnemente en las escalinatas del Ayuntamiento todos los 25 de diciembre.

El alcalde Ercoreca dando lectura de la Carta de las Cortes Constituyentes al pueblo de Bilbao en 1836 felicitando por el levantamiento del sitio los carlistas. Esta tradición se cumplio por última vez en 1936. La lectura se realizaba sollemnemente en las escalinatas del Ayuntamiento todos los 25 de diciembre.

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