ARTZENTALESEKO ERREPUBLIKAZALEAK

REPUBLICANOS Y REPUBLICANAS DE ARCENTALES

Este municipio de Las Encartaciones tenía en 1930 una  población de 1.230 habitantes, dedicados principalmente a la agricultura y la ganadería, así en aquella época  era un municipio conservador,  las fuerzas políticas predominantes eran el tradicionalismo y, en menor medida, el nacionalismo vasco, con escasa presencia de las izquierdas Aún así en 1931 el alcalde fue republicano Juan Santiago Talledo. En 1937 serán alcaldes Esteban Amestoy y Pedro Sobrado hasta la toma del pueblo por los fascistas,

 La intención de esta sección es publicar los escasos datos de las personas  y con vuestras aportaciones de lectores  ir añadiendo/corrigiendo los datos (biográficos y fotográficos), bien como comentario o bien escribiendo al correo: crepublicano@gmail.com.

Nortzuk ziren Errepublika garaiko errepublikazaleak?, zein izan zen haien bilakaera? Zuenlaguntzarekinhauenistorioak eta historia berreskuratu gura  geunketxokohonetan. crepublicano@gmail.com. 

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NO ME VOY A MARTE

El lunes 7 de octubre ha marcado el inicio de dos semanas de protestas pacíficas en diferentes ciudades del mundo con el fin de exigir medidas urgentes para frenar las emisiones de dióxido de carbono y evitar el irresponsable deterioro que está sufriendo el planeta, a causa de la desmedida sobreexplotación industrial a la que está sometido desde ya hace prácticamente siglo y medio.

Esta cadena de protestas, lideradas por Extinction Rebellion, un movimiento nacido en las universidades de Gran Bretaña a finales del año pasado, ha conseguido cuajar con éxito y con una patente incidencia entre los grupos sociales más dispares, desde estudiantes de secundaria a pensionistas, desde feministas militantes a amas de casa, pasando por oficinista, parados, agricultores, catedráticos universitarios o ecoactivistas.

Es evidente que los extremos fenómenos climáticos que vienen produciéndose los últimos años a lo largo de todo el planeta han influido notablemente en esta progresiva toma de conciencia “verde”, especialmente por parte de nuevas generaciones que por su edad desconocen que todas esas desastrosas perturbaciones climáticas venían siendo avisadas desde los años 60 por incipientes movimientos ecologistas. Una conciencia que, paradójicamente, sufre despiadados ataques desde uno y otro lado: Desde aquellos que con actitudes inequívocamente fascistas cuelgan de puentes muñecos con la efigie de la joven activista Greta Thunberg, porque su determinación y su popularidad hacen peligrar sus turbios negocios. Pero también de los que refugiados en una ortodoxia que raya el obrerismo más infantil, consideran que las luchas sectoriales por cuestiones como el medio ambiente, la igualdad de género, la homofobia o el racismo, lo único que persiguen es debilitar mediante la diversificación la dinámica de lucha de clases. Lo cual, además de representar un insultante reduccionismo, lo único que consigue es alimentar extraños sentimientos que en ocasiones se asemejan en exceso a peligrosos y desfasados roji-pardismos.

Hoy en día, la lucha por la defensa radical del medio ambiente y de la sostenibilidad del planeta Tierra está indefectiblemente unida a la lucha para conseguir un sistema económico y social (más) justo y (más) lógico, absolutamente en las antípodas del que trata de imponer por la fuerza, el hambre y la precariedad este “capitalismo de guerra” que nos domina. Sin un cuidadoso equilibrio ecológico, sin un uso racional de los recursos, sin un consumo mesurado y una productividad controlada el paro va a seguir aumentando, la precariedad va a convertirse definitivamente en normalidad y las nuevas formas de explotación del hombre por el hombre van a continuar siendo el pan de cada día en este sistema tan despiadado que ya ni siquiera se conforma con exprimir al mil por cien la plusvalía de los trabajadores, sino incluso de las selvas, los mares, los bosques y los ríos, como si en vez de limitados recursos naturales se tratase de mano de obra esclava a la que hubiese que explotar sin tregua.

Lo que ni podemos ni debemos permitir es que aquellos que, gracias a pretenciosos acuerdos internacionales incumplidos y cumbres climáticas fracasadas nos han llevado a la catastrófica situación medioambiental en la que nos debatimos, se conviertan ahora, mediante perversas jugadas de trileros, en adalides de lo “verde” y en repentinos enemigos declarados de todo cuanto ha favorecido la acumulación de sus insultantes fortunas. No basta con publicitar que haya que imponer multas millonarias a compañías como Volkswagen por engañar a los consumidores a base de atentar contra la salud de toda la población, cuando ya está todo el pescado vendido; no vale con que, después de mantener en cuarentena durante décadas a todas las energías alternativas al petróleo, salvo aquellas que les enriquecían especialmente, ahora, cuando están preparados para volver a forrarse con un nuevo negocio, favorezcan y patrocinen el éxito de coches eléctrico, energías sostenibles o prendas de ropa elaboradas a partir de botellas de plástico rescatadas del océano, que a nadie extrañaría que las fabricasen empresas de las que puede que ya sean socios mayoritarios. Aunque, tal y como está el patio, solo podrán disfrutar de ese tipo de productos “limpios” los que puedan pagar cuatro, diez o cien veces más precio por algo que presuma de etiqueta “eco-friendly”.

Si en el artículo 25.1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos está recogido el derecho a la salud de las personas, es urgente un nuevo artículo que también asegure, tanto o más, la salud de la tierra que vivimos y que a diario masacramos. Pero esa ampliación del articulado de una ley primordial que pretenda, como aspiración máxima, defender la vida en mayúscula: el agua, la tierra, los bosques, la fauna, el género humano… en definitiva, la incalculable riqueza de nuestro planeta, solo será posible implementarla desde un cambio radical de nuestro sistema productivo y social.

Hoy más que nunca nuestro futuro pasa por la Revolución, aunque ahora, ese mismo término abarque tanto al peón en su tajo, como al zorro en su madriguera. Sin un cambio drástico de sistema la palabra futuro desaparecerá del diccionario. Y esto ocurrirá, sin duda, mucho antes de lo previsto. Aunque exista gentuza desalmada que, en previsión de lo que pueda pasar, ya está invirtiendo miles de millones en investigar si sería posible perpetuar su estirpe, aunque fuera en Marte, si no hubiese otra solución posible que les permitiese continuar acumulando, generación tras generación, riquezas sin límite a costa de la muerte de todo un planeta.

 

NO ME VOY A MARTE

Mientras aún haya relámpagos.
Mientras aún caiga un rayo atronador.
Mientras agite el viento la mar
y los peces canten su canción.

Mientras podamos huir hacia el sur.
Mientras por el este nazca el sol.
Mientras en el norte te encuentres tú
y al oeste nos quede Nueva York.

Mientras se pueda tejer y tejer
o se pueda llorar en un solo rincón.
Dicen que todos los ciclos de ayer
ya son los ciclones de hoy.

Pero no, no, no, yo no me voy.

Seguir construyendo barcas,
levantando barricadas,
seguir con nuestro remar mientras sea la ternura un don.
Hacer de la paz un arte
y así combatir sus guerras.
El cielo está de nuestra parte,
y no, no, yo no me voy a Marte.

Mientras quede amor en la Tierra.

Mientras los sapos aún sepan croar
y el mirlo se sepa su trino.
Mientras bebamos el vino
que tal vez de noche nos haga aullar.
Mientras tras una delgada pared
haya gente amándose en un jergón.
Dirán que todos los ciclos de ayer
ya son los ciclones hoy.

Pero no, no, no, yo no me voy.

Seguir escribiendo cartas,
levantando barricadas,
seguir con nuestro cantar mientras sea la ternura un don.
Hacer de la paz un arte
y así combatir sus guerras.
El cielo está de nuestra parte,
y no, no, yo no me voy a Marte.

Mientras quede amor en la Tierra.

No me voy a ningún lugar.
No me voy, no me voy.
No me voy a ningún lugar.
No me voy a Marte.

No me voy a ningún lugar.
No me voy, no me voy.
No me voy a ningún lugar.
Solo sé que no me voy.

Que no, no, no, yo no me voy.

Seguir construyendo barcas,
levantando barricadas,
seguir con nuestro remar mientras sea la ternura un don.
Hacer de la paz un arte
para así combatir sus guerras.
El cielo está de nuestra parte,
y no, no, yo no me voy a Marte.

Mientras quede amor en la Tierra,

Que no es vida sin vida ni amor
en la Tierra.

Letra y música: Nacho Vegas. 2018
(Esta canción no figura en ningún álbum del cantante. Ha sido compuesta expresamente para cederla a Ecologistas en Acción para la producción de un video de protesta contra la inactividad de los gobiernos en la lucha contra el cambio climático)

 

Activistas contra el cambio climático bloquean una calle durante las protestas de Extinction Rebellion en Viena. 7 de octubre de 2019.

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ESTAMOS TODAS BIEN

Publicado por Editorial Salamandra en una edición muy cuidada y de gran calidad. 110 páginas. 2017.

 

Como introducción a la presentación de este cómic he decir que su autora  Ana Peynas (Valencia 1987) a pesar de su juventud es toda una experta en contarnos nuestra historia más reciente. Es una mujer muy preocupada por todo lo relacionado con la Memoria Histórica y entre sus obras destacaré Mexique, el nombre del barco compuesta en colaboración con la guionista María José Ferrada, y en la que nos habla del drama infantil del exilio republicano, Los días rojos de la memoria donde ilustra la historia del maqui Longinos Lozano, o más recientemente En Transición, con guión de Alberto Haller, donde nos habla del período histórico que va desde la Segunda República hasta el 15 M, y que convierten a su joven autora en toda una experta en historias gráficas de corte memorialista.

Estamos todas bien es su primera historia contada en formato de cómic. La obra ganó el Premio Internacional de Fnac-Salamandra Graphic 2017, y fue premiada con el Premio Nacional del Cómic en 2018, siendo la primera mujer en conseguir este reconocimiento. Según testimonio de la propia autora nunca pensó en hacer un cómic; de hecho, el germen de Estamos todas bien surgió hace unos cinco años en un trabajo de clase de cuatro páginas que fue creciendo hasta que un amigo le animó a presentarlo al premio Fnac-Salamandra Graphic.

En esta obra la autora rinde homenaje a sus dos abuelas –Maruja y Herminia- y por extensión a tantas mujeres normales y corrientes invisibilizadas por la sociedad franquista. “Fueron niñas de la guerra civil. Muchas ni pudieron estudiar. Y como mujeres se comieron 40 años de dictadura y vivieron el rol que les tocó, de esposas, madres y amas de casa, las mujeres de su generación, a quienes no solemos cuidar como ellas nos cuidaron, siempre han sido personajes secundarios de otras vidas: la esposa de, la madre de, o la abuela de. Como Maruja y Herminia. Sus anécdotas, sus ideas y su mundo están aquí, en este libro, un pequeño homenaje que quiere convertirlas en protagonistas”, según sus propias palabras .

Ana Peynas creó Estamos todas bien para contar la historia de sus vidas y para mostrarnos la realidad de su día a día, con sus achaques y la soledad a la que les aboca una sociedad que no tiene ni tiempo, ni ganas de estar con ellas. Es un homenaje a esa generación de mujeres de posguerra que se vieron abocadas a un silencio más hondo que el ya de por sí consustancial a todo marco dictatorial: el que, dictado por una ancestral visión patriarcal de la sociedad, las empujó hacia una invisibilidad, en la que demostraron una inmensa fortaleza. Y a las que hoy la televisión empuja, como señala Ana Penyas al final de su relato, hacia un horizonte de inquietudes tan limitadas como adormecedoras.

Estamos todas bien aporta una rotunda visión de la mujer a lo largo de setenta años de lucha cotidiana, de silencios, de pequeños actos de rebeldía, de grandes gestos de resiliencia. Ana Penyas se sirve de la cercanía y universalidad de experiencias de nuestros mayores, para hablar de quiénes somos hoy. De qué hemos hecho para olvidar, qué precio hemos pagado y qué significa esforzarse en recordar. En seguir resistiendo.

¡A disfrutarlo!. Un saludo.

Casimiro Castaño.

Más :  Komikiak

 

 

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Urria 2019 Octubre: MARY LOW

Del CALENDARIO 2019 de la ASOCIACION DE AMIGOS DE LAS BRIGADAS INTERNACIONALES (AABI) dedicado  a las voluntarias internacionales . “Ellas defendieron la causa de la República Española como “ciudadanas del mundo”. Son mujeres que describen los acontecimientos vividos durante la guerra civil desde perspectivas diversas y, a pesar de que algunas son activistas destacadas en su país, todas se sienten libres para ser críticas con las ideas e ideología que les habían impulsado a venir a España. Algunas tomarán una postura pacifista ante tanto horror provocado por la guerra. Todas intentan superar el miedo para mantener vivo el dolor de lo que presenciaban.”

MARY LOW Poeta  1912-2007 Australia 

Los contemplé detenidamente. Eran los primeros milicianos que veía. Ya quedaba poca gente en el tren. Llevaban calzado de tela con suela de esparto. Contaron varias historias sobre atrocidades fascistas que ellos mismos habían presenciado. Llegamos a Perpiñán y un torbellino de vida se apoderó del tren. La gente se colgaba de las escalerillas del vagón y gritaba, saludaba con los brazos (…) dijo al fin,  ¿no es maravillosos que esto esté sucediendo mientras estamos vivos? Yo trabajaba en una oficina y la he dejado para ver algo auténtico. Cuaderno Rojo Español, 1937

Mary Low: poeta surrealista, trotskista y revolucionaria (1912-2007)

 

la tercera por la izquierda (de pie) es Mary Low; el cuarto es Juan Breá. Columna Internacional Lenin del POUM: patio del cuartel Lenin del POUM.

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Homenaje a los portugalujos prisioneros en Gurs

Sobre Gurs en ERREPUBLIKA PLAZA

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A LOS VOLUNTARIOS  INTERNACIONALES.  DESPEDIDA

Adiós, hermanos nuestros.

Locomotoras tristes os esperan

con un sonido ronco en los andenes,

y muerden las sirenas de los buques

el aire palpitante de los puertos

con desgarro llanto y os reclaman.

 

Subid, subid a bordo.

Sois dignos de los mares, hombres puros.

Los viejos marineros os saludan,

desde su grave estirpe concentrada

en horas de remotos sufrimientos

y  abandonado tejido navegante,

con encendido orgullo en la pupila.

 

Subid, subid a bordo.

España os ve partir hacia otros mundos

como esas madres nuestras que os han visto.

y mantones de luto, gravemente,

desde la pobre puerta de su casa,

partir hacia el combate a defenderlas.

 

Adiós, adiós hermanos,

nobles hermanos nuestros en la sangre

 

Vosotros, alemanes perseguidos,

demócratas noruegos de ojos claros,

checoslovacos puros,

austriacos desterrados hace tiempo

Vosotros los franceses

de atropellado júbilo impetuosos, los chinos de impasible

y  apretado calor de independencia.

Los que enarbolaron, dignos de Inglaterra

su nombre y apellido aquí en España,

dignamente luchando,

muriendo libremente.

 

Y vosotros también los italianos,

los que no sometidos, combatiendo,

claváis el pabellón de vuestra Italia,

venerable y antigua,

frente al triste rebaño degollado.

Y vosotros, polacos,

búlgaros y daneses clandestinos,

belgas, suizos o griegos,

humillados judíos,

hombres que habéis venido atravesando

fronteras para pobres

barreras y montañas y países

que oponen sus guardianes cancerberos

a vuestra sed de puertas,

a vuestra frente limpia,

a vuestro corazón esclarecido,

escuchad, habla España.

 

Escuchadla, vosotros

y vosotros también, hermanos nuestros

legítimos de sangre y de mirada,

hijos del continente americano,

hombres libres de América del Norte,

mexicanos purísimos de raza,

mulatos despreciados

y negros ofendidos.

Y vosotros cubanos, y vosotros

argentinos con viento de la pampa,

callados uruguayos, maltratados chilenos.

Todos, todas las razas

todos los pueblos, todos

los claros corazones verdaderos,

los que han sufrido penas y amarguras,

los que llevan su historia en su mirada,

todos habéis pisado nuestra tierra.

 

Habéis sido el asombro solidario

de nuestros pobres pueblos silenciosos.

Habéis montado guardia en aldeas,

habéis partido el pan con nuestros niños.

y  habéis vertido la sangre con nosotros

y España. ¿Qué os ha dado?

Tristeza polvorienta en los caminos,

amarga soledad de pólvora en los montes,

de cólera en los llanos,

de rabia calcinada en las ciudades.

y  además os ofrece

–  por esos sois hermanos –

un orgullo profundo,

una piedad templada, de varones,

y  una crecida muerte, como un toro

que calma su poder en su agonía:

¡La muerte merecida en la batalla!

Arturo Serrano Plaja       En Homenaje de despedida…

   

Arturo Serrano Plaja había nacido en El Escorial en 1990. Como muchos otros su poesía cambió radicalmente hacia un compromiso social y político patente en su primer libro importante: “El hombre y el trabajo” (1938). Se unió a Alberti y María Teresa León en las tareas de la Alianza de Intelectuales Antifascistas de Madrid, alternando con periodos de combate en el frente. Finalmente recaló en Valencia, uniéndose al grupo responsable de Hora de España. Antonio Machado afirmó que la poesía de serrano Plaja “no cantaba la guerra situándose por encima de ella, sino desde el corazón mismo de la refriega”. El mismo, en una carta a Francisco Caudet, afirma que durante la guerra la mayor parte de los poetas republicanos intentó “hacer por primera vez en España, una poesía que fuera en contacto con el mundo revolucionario, pero que no abdicará de una preocupación poética” Al finalizar la guerra estuvo en el campo francés de Saint Cyprien con sus amigos Ramón Gaya y Gil-Albert, hasta ser liberado conjuntamente. Serrano Plaja marchó a Buenos aires, donde fundó una revista y escribió poemas reunidos en varios libros, entre ellos “Versos de guerra y paz” Acabó estableciéndose en los Estados Unidos, donde impartió clases de Literatura Española en las Universidades de Minnesota y Santa Bárbara (California), donde murió.

 

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El discurso de la identidad y la reacción

Con el objetivo de impulsar la reflexión Hausnartzen. ¿Qué República? Seguimos con la publicación de diversos textos .  Estas invitado e invitada a participar, envíanos tu texto: crepublicano@gmail.com.  Os traemos este artículo de Hèctor Xaubet publicado en Mientras Tanto.

I

El 12 de agosto de 1999 se produjo un curioso acto de protesta y reacción contra la globalización, que afectaba negativamente a los campesinos franceses: José Bové, dentro del movimiento campesino, fue a intentar destruir con su tractor (y seguramente con algunos compañeros) el McDonald’s que se estaba construyendo en su pueblo francés. Se trata de un acto de protesta externalizado contra los que encarnan esa globalización desregularizadora; se trata de un acto de lucha política y rebeldía. Ese espíritu de lucha también lo podríamos encontrar hoy en día, pero con una orientación muy clara: la “rebeldía” contra la globalización, en tanto que llamada a la recuperación de la soberanía, es fructíferamente cultivada por la derecha populista y nacionalista [1]. Pero encontrar ese espíritu, en cualquier caso, no es lo común. Bien al contrario, la “reacción” frente a los desajustes estructurales de la globalización se expresa en un recogimiento interior, en un robustecimiento del “yo” ante un contexto negativo. Se propugnan las ideas más variopintas sobre paz interior (como el mindfulness), se extiende el individualismo atomizado, aparecen estilos de vida con pretensión de ser éticamente más justos y, también, aumenta la adscripción a los valores supuestamente progresistas que individualmente cualquiera encarna.

Se produjo en un momento dado un cambio en la izquierda perfectamente acorde con esto. Quizás consecuencia de estos cambios simbólico-culturales, o quizás fue causa de ellos. O, quizás aún, como entramado complejo en la dialéctica social, tal cambio funcionó a la vez como causa y consecuencia a partes iguales. Sea como fuere, el paradigma de izquierdas cambió: la izquierda política pasó de intentar cambiar el contexto a intentar cambiarse a sí misma. Ante situaciones como la que afectaban al campesino José Bové, que señaló claramente quienes son los “amos del mundo”, actualmente uno optaría por comprar productos ecológicos y se haría vegano. Incluso podría ir perfectamente al McDonald’s a comprarse una ensalada. Todo esto, adornado por el discurso del progresismo. Como se ve, una actitud muy distinta. La diferencia radica en el hecho que el punto de partida para ―teóricamente― cambiar las cosas es el individuo.

II

Desde ya hace décadas se ha producido un gran cambio cultural y político en las sociedades avanzadas. Se trata de un profundo proceso de individualización, que implica subjetivación, es decir, la preeminencia del sujeto, su configuración como punto de partida para entender la política y realizar las acciones políticas. Esto es, no se pone atención en el contexto, las relaciones de poder ni las condiciones materiales, sino en la mera subjetividad, es decir, la vivencia de uno ante y dentro de ese contexto como algo ya dado. Desde este punto de vista, como las subjetividades son incomparables, todo resulta legitimado y positivizado. Como consecuencia de esto, emerge de forma paralela un proceso de moralización: al no fijarnos en el contexto para cambiarlo, no tenemos pues un “contenido” o condiciones materiales cambiables. La materia primera, podríamos decir, de nuestra intención de cambio político soy yo mismo, lo que me gusta, lo que quiero y los valores que tengo.

Politizar los elementos individuales significa utilizarlos como contenido de la política, a falta de cosas más sólidas y de un análisis material. Y utilizarlos como contenido significa objetivarlos en su forma, pues no se discuten porque son subjetividades. Y objetivarlos en su forma significa apreciarlos tal y como se presentan, como si fueran verdaderos, como si su expresión (su forma) fuera ciertamente su esencia. El discurso que inició la nueva izquierda penetra gracias a estas condiciones de individualización, de politizar todo: lo político se generaliza para convertirse en la política: la identidad y las situaciones de poder sobre el sujeto que uno mismo vive pasan a ser las condiciones mismas del ejercicio de la política, con lo cual se parte de una visión particularista y esencializada en la que, como las subjetividades tienen valor moral y no son comparables, cada uno se verá como modelo y con la razón (compartida con los otros con este mismo perspectivismo particularista). Así, pues, desde este punto de vista, las subjetividades se vuelven irrebatibles. Es así como, siguiendo con el ejemplo, el género se vuelve una categoría sin contenido definido más allá del que la subjetividad en sí entienda, con lo cual se subvierte lo que el género iba siendo desde siempre, que, incluso siendo un producto histórico-cultural, no deja de ser una categoría distinta del sexo que se aplica para entender la realidad, más que un manto (una forma, una estética) que un individuo se pone sobre sí a su gusto y que condiciona su forma de entender al mundo [2].

En un escenario político en el que lo que se esgrime son las subjetividades y se olvida el contexto, el paso a la identidad, con sus respectivas externalización y expresividad, como elemento inherente de la política y englobador de los agentes (sujetos) es consecutivo y lógico. Así es también como corre en paralelo el auge del discurso efectista en política, porque es lo que llega a la gente (efecto emocional), es lo que acaba de dar forma a la estética (efecto declarativo) y es la identificación simbólica (por tanto, también moral) con una causa [3]. El activismo desde este punto de vista significa incorporar o adentrarse más o menos intensamente en esa estética envuelta en grandes discursos sin muchos efectos reales [4]. Veamos otro ejemplo: desde el ecologismo se insiste en el hecho que uno tiene que cambiar sus pautas de consumo para cambiar el mundo. O sea, uno mismo es agente y contenido de la política y debe seguir la correcta pauta moral para cambiar el mundo [5].

Es importante pararse a pensar qué lógica aparece en la creación de subjetividades, que se construyen por referencia y/o oposición a otras, es decir, según la lógica de la diferencia. Se conforman, ciertamente, colectivos de identidad. Lo político se generaliza al grupo, de tal forma que, igual que ocurre con las subjetividades, el mundo se constituye como diverso y plural, con múltiples grupos e identidades. Estas diferencias se reivindican a sí mismas y se mantienen así estables y homogéneas, de tal forma que, por adscripción, identifican los individuos que forman parte de tales grupos. En la lógica política, pues, la diferencia se vive y se institucionaliza y al ser contenido mismo de la política, como hemos visto, son punto de partida del discurso y de acción política a la vez que objeto de tal discurso y tales políticas.

De esto se deducen unos problemas y contradicciones, que son lo que, a nuestro parecer, caracteriza realmente la política de la identidad. Veámoslos en detalle.

a) La política por definición es la discusión y la toma de decisiones públicas sobre asuntos generales y de interés común. Si algo tan específico y que es vivido privadamente como la sexualidad, por ejemplo, se politiza, significa, pues, que entra en esta definición, se convierte en público. Pero esto en verdad no tiene una dimensión de interés común, más allá de los derechos elementales de cualquier ciudadano y ser humano que son por sí mismos válidos y tienen valor independientemente del género sentido o de la sexualidad privadamente practicada por cada uno de todos los individuos concretos que viven en este mundo. En la medida que se han politizado, son objeto evidentemente de discusión pública, con lo cual cualquiera puede hablar al respecto. Y aquí hay la contradicción: los activistas que defienden que todo es un asunto de política y de poder no pueden pretender tomarse las discusiones que públicamente se generan sobre temas que ellos han politizado como algo personal (sería contradictorio con su base teórica) ni mucho menos pretender hacer callar a aquellos que dan una visión divergente.

b) La lógica autorreferencial e incluso autocomplaciente lleva a un concepto de sociedad neotribal: con cada grupo con sus códigos y su espacio de expresión por oposición a los demás. Es, pues, una sociedad conformada por grupos identitarios excluyentes, en doble sentido: no se va a incluir dentro de la diferencia a quien no es diferente (pero igual a los demás dentro del grupo), lógico. Y excluyente también porque tiene un espacio de expresión privativo que no acepta interferencias, de tal forma que, de ser experimentadas por los individuos, se interpretarían como ofensas [6] o impurezas. Es más, la forma de política que conocen los individuos recae sobre sí mismos, sobre su presentación en sociedad: vestimenta, códigos, valores morales profesados, alimentación, lo que sea. Esto nos remite todavía al esencialismo, porque a un grupo se le atribuyen sus características identitarias propias, como algo homogéneo e inamovible [7]. Con esto, los grupos e identidades, según sus estereotipos, se refuerzan, en vez de desaparecer como se supone que conscientemente es profesado desde el activismo [8].

c) La diversidad, positivizada y ensalzada como valor primordial según la ideología liberal imperante, para la cual la igualdad y en su defecto la homogeneidad son algo indeseable, se entroniza como máximo valor como un manto que cubre o se confunde con la diferencia. De hecho, su efecto moralizante tapa las diferencias reales existentes, sobre las cuales no puede actuar porque, como hemos dicho, el contenido de su política no deja de ser exteriorización de la identidad. Así, la celebración de la diferencia puede no ser nada más que efectivamente solo meramente eso, en su sentido performativo.

III

Haber politizado lo personal supone convertir las aspiraciones y deseos en motor político, supone una exigencia de autonomía personal para conseguirlos, lo cual casa perfectamente con el ideal de libertad individual: más libertad, y por tanto más respeto hacia esa “diferencia” y más diversidad, cuanta más autonomía. En política esto se traslada en la palabra en boca de todos los activistas hoy en día: empoderamiento.

Pero el empoderamiento es solo un instrumento, es decir, no tiene por sí mismo un objetivo, y se puede realizar de muchas formas. La lógica y las leyes imperantes del orden capitalista se imponen. Y así es como se ha desarrollado y se desarrolla un extenso mercado de consumo perfectamente adaptado a las aspiraciones de los individuos, legitimado por el ideal de diversidad y el imperativo de libertad individual, mercado que abre posibilidades infinitas de identificación y da la apariencia de igualdad (en sentido literal: la estética iguala). Los deseos propios y las opiniones, las identidades y estilos de vida propios, se autonomizan y, por lo tanto, como se proyectan en la esfera pública, exigen el reconocimiento de la igualdad civil e imponen el yo en la esfera relacional. Así, este proceso de individualización que se configura por medio del empoderamiento permite una ligazón entre la dimensión política y la cultural.

Nos encontramos ante una situación en la que uno se transforma en consumidor, operador o “accionador” de su propia vida. De nuevo, se ha realizado el ideal liberal: una sociedad de individuos libres atomizados que se relacionan como productos (estereotipados) entre ellos y que fragmenta otras identidades colectivas, y tienen como base para su identidad los grupos que libremente consideran ser los suyos: de la ordenación espontánea de los elementos de la sociedad dejados a su libre albedrío sale el orden, en este caso en forma de grupos constitutivos y englobadores por adscripción. Así, la comunidad no es más que el agregado de los hechos diferenciales, parafraseando la sentencia liberal según la cual la sociedad no es más que el agregado de individuos [9].

Aquí surge un importante y grave problema. No se puede aspirar a ser sujeto autónomo ni ciudadano de pleno derecho si se sigue arraigado en la diferencia necesariamente estereotipada, con lo cual ni se diluye ni permite ver a los individuos como seres singulares, sino como seres (estereotipados) idénticos. Dicho de otra forma, el empoderamiento como vía de individualización funcional suplanta lo que toda la vida ha sido el principio de cambio social de la izquierda: la emancipación.

IV

Finalmente, entendemos que, al contrario de lo que algunos autores podrían pensar [10], el lado positivo de la política de la diferencia no se da de hecho. En cambio, observamos que la lógica de la identidad es autorreferencial, y así es como creemos que es por todos constatable el recurso al victimismo y al agravio para silenciar posturas disidentes; es también particularista, lo cual lleva a la fragmentación con tintes incluso comunitaristas de las luchas sociales en grupos autodefinidos autónomos e incluso constitutivos de la misma naturaleza político-social [11]; y, finalmente, la lógica de la identidad armoniza completamente con el proceso de individualización (neo)liberal. Por tanto, no se puede inferir de ella un carácter emancipador. Al contrario, podemos afirmar que, al desactivar las luchas políticas profundas porque la política, en todo este contexto de individualización, se privatiza, en el sentido que se retrotrae a la esfera privada personal y aleja la acción pública del ejemplo que José Bové nos dio, acaba, en definitiva, siendo funcional al orden establecido al evitar, como es propio de la alienación, tomar consciencia de la situación social propia y cobra un carácter reaccionario.

 

Notas

[1] No es el caso del mismo José Bové, que actualmente está en el Parlamento Europeo como representante de Los Verdes.
[2] ¿A alguien le han dicho alguna vez “tú no puedes opinar sobre este tema porque no eres mujer”? Pues esto es la encarnación del esencialismo que, aunque parezca exagerado decirlo, pone en duda el raciocinio de cualquier ser humano: un hombre no es capaz de pensar, reflexionar y criticar un asunto porque, por motivos esenciales externos a él, no tiene la capacidad.
[3] A todo este proceso de expresión de la política lo podríamos llamar estetización política.
[4] Además, la moralización lleva a un absolutismo, lo cual facilita la aparición de la lógica del todo o nada.
[5] No pretendemos con lo que estamos diciendo desbaratar completamente el subjetivismo, pero nos interesa enfatizar todas las implicaciones que tiene y el nuevo paradigma que implica. Para este útlimo ejemplo, es conocida la crítica que personas como el pensador Slavoj Zizek hacen a estas actitudes moralizantes, al afirmar que solo sirven para tener la consciencia limpia ante los hechos reales que en verdad tienen consecuencias negativas.
[6] En EUA se ha desarrollado el término grievance politics (‘política del agravio’) para designar este fenómeno.
[7] También en EUA se ha desarrollado un término, que es arma de los defensores de la identidad, que ejemplifica claramente este esencialismo: apropiación cultural. Esto es, el hecho que un individuo que no pertenece a un grupo (vemos, pues, que a priori se le está clasificando) porque no tiene la esencia de aquel grupo (algo, pues, adscrito) utilitza, consume o expresa algunas de las características que se suponen propias de la identidad como un todo del grupo en cuestión, y esto evidentemente se ve como un agravio y como si fuera disonante. Por ejemplo, un blanco vestido al estilo de rapero negro típico se estaría apropiando, según esto, de la cultura negra.
[8] A pesar del argumento no poco extendido que las etiquetas solo son un instrumento transitorio para poder conseguir la igualdad, vemos como paradigmáticamente y paradójicamente la etiqueta LGTB, que era iniciamlente la conocida, se ha extendido y es hoy LGTBI+ (el símbolo de más ya no da una idea que es potencialmente infinito).
[9] Este sketch de un programa de humor australiano, que casualmente el autor de este artículo vio y, pues, lo puede citar como ejemplo, muestra muy bien esta realidad social de grupos identitarios con una hipersensibilización victimista ante aparentes referencias a la subjetividad de cada uno: https://www.youtube.com/watch?v=TwOGMNrFBiM. Esta problemática está, a nuestro parecer, más extendida de lo que de entrada nos podría parecer.
[10] Nos podemos referir, por ejemplo, al libro El reverso de la diferencia. Identidad y política, Nueva Sociedad, 2000, editado por Benjamin Arditi. Algunos de los autores que participan, entre ellos el mismo editor, indican ciertamente el lado negativo (reverso), sobre todo el ensimismamiento, pero creen que se puede reorientar para estimular su efecto igualitario e incluso universalizante, pues creen que, al defender los derechos, la política de la identidad tiene también esta orientación. Como se observa, el autor de estas línias es más crítico al respecto y piensa que Arditi no es capaz de ver las contradicciones inherentes con la lógica liberal, que fragmenta en vez de universalizar.
[11] No es difícil imaginar un futuro en el que los grupos autodefinidos exigieran tener una cuota de representación parlamentaria, solo en virtud de su identidad y de la diversidad. Se trata de una lógica antidemocrática, pues se incorporarían en la representación igualitaria e universal elementos estamentales: la configuración de grupos según determinaciones intrínsecas de origen que nada tienen que ver con la racionalidad política.
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