Algunos Milicianos del Batallón García Hernández

Tenía  el número 3 de Ingenieros del Ejército de Euzkadi. Su nombre es en honor del alavés García Hernández  (Vitoria, 1900 – Huesca, 1930) fue un militar que encabezó el intento insurreccional republicano conocido como sublevación de Jaca, junto con Fermín Galán.

Desde finales de diciembre de 1936 desde las Juventudes de Izquierda Republicana intentan formar un batallón de obreros de fortificaciones. La misión principal de los batallones de ingenieros era preparar nuevas líneas defensivas en la retaguardia y en el frente. Estas misiones las realizaron a veces bajo fuego enemigo, incluido l a artillería y la aviación.

En marzo de 1937 eran dos compañías que actuaban en la zona del Gorbea. Mandadas por Jesús Frade Prieto Su cuartel estaba en las escuelas de Zorroza.

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Nos gustaría completar la biografía de estos milicianos. un pequeño homenaje a esos ciudadanos lucharon para defender la Libertad.  De este batallón tenemos una evidente falta de datos. Cualquier ayuda vendrá bien para completar su historia.

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Abuztua 2017 Agosto:PERSONAL SANITARIO DEL HOSPITAL SUECO-NORUEGO DE ALCOY

El CALENDARIO 2017 de la ASOCIACION DE AMIGOS DE LAS BRIGADAS INTERNACIONALES (AABI) dedicado a las  MUJERES EN EL SERVICIO SANITARIO DE LAS BRIGADAS INTERNACIONALES.  Apoyaron la defensa de la República frente al golpe y la agresión del fascismo en Europa, un ejemplo de generosidad, sacrificio y solidaridad y merecen un homenaje y recuerdo para que su memoria siga viva junto a quienes lucharon a su lado.

ENFERMERAS Y PERSONAL SANITARIO DEL HOSPITAL SUECO-NORUEGO DE ALCOY

El 25 de Abril de 1937, se inauguró en el Edificio Viaducto, el Hospital Sueco-Noruego de Alcoy. La solidaridad sueca comenzó pronto, en agosto de 1936, cuando la Federación Sueca de Sindicatos inició una cuestación para recabar ayuda al pueblo español. Pronto se sumaron partidos políticos y organizaciones sociales. Lo mismo sucedió en Noruega, lo que posibilitó el envío de alimentos, material quirúrgico y medicamentos.

En enero de 1937, durante la celebración en Paris del primer Congreson de Ayuda Internacional a España, los paises nórdicos acordaron crear un hospital para los combatientes del Ejercito Popular. A los pocos meses, Alcoy ya contanba con un complejo hospitalario de 700 camas que se mantuvo activo durante casi toda la contienda, gestionado por Nini Haslund, feminista y pacifista convencida, y su marido, el médico Kristian Gleditsh.

En el grupo sueco, hubo varios médicos y tres enfermeras suecas, mientras que en el noruego hubo media docena de enfermeras. La intervención de los equipos nórdicos continuó hasta la transferencia del hospital, en septiembre de 1937, a un equipo médico español dirigido por el doctor Manuel Bastos Ansart. El hospital de Alcoy siguió funcionando hasta su cierre, en diciembre de 1938, debido a los bombardeos de la aviación fascista.

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LA TOLERANCIA DE LOS CUERVOS

Monumento a Charles Donnelly en el que se recogen sus supuestas últimas palabras, situado en el término municipal de Rivas Vaciamadrid, lugar donde murió.

La muerte llega abundante desde problemas

resueltos sobre el mapa, desde sabias disposiciones,

desde ángulos de elevación y tiro;

 

Llega inocente desde artilugios – que los niños

querrían usar y guardar bajo su almohada –

e inocentemente empala cualquier cuerpo.

 

Y tras la carne cae también la mente,

sale el pensamiento de la mente y se tronchan

los proyectos enfocados a la meta ansiada.

 

Se detiene el avance del veneno en los nervios,

colapso de la disciplina.

El cuerpo solo espera la tolerancia de los cuervos.

Charles Donnelly.  En The Penguin Book….

Donnelly era un joven republican irlandés, católico, nacido en el Ulster en 1919. Su padre tenía un próspero comercio y poseía algunas tierras; ello le permitió estudiar desde 1931 en el University College de Dublín, donde comenzó a escribir poemas, algunos publicados en Ireland Today. En 1935 pasó tres meses en la cárcel por sus actividades políticas republicanas. Marchó a Londres, donde escribió cuentos, poemas, ensayos, artículos para la prensa etc. Allí le llegó la noticia de la guerra en España en la que pronto se decidió a participar. Al llegar a la base de Albacete prefirió integrarse, como muchos otros republicanos irlandeses, en el batallón norteamericano Abrahán Lincoln, donde actuó como jefe de la compañía irlandesa. Llegaron al frente del Jarama el 16 de febrero; la primera actuación de los Lincoln se produjo el día 23, pero fue en el desafortunado ataque del 27 de febrero cuando Donnelly encontró la muerte. Su cuerpo quedó destrozado por dos balas explosivas y no pudo ser recogido. Hasta cuatro días más tarde. Poco antes de morir, cuando trataba de protegerse detrás de un olivo, dijo a su compañero. “Hasta las aceitunas están sangrando” (Joseph O`Connor, Even de olives are bleeding). Este poema fue escrito por Donnelly en Irlanda, antes de partir para España, como intuyendo la fatalidad que sobre él se cernía.

 

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Fernando Valera: Nosotros, los republicanos

La República es el más avanzado y noble de los regímenes políticos, empleo la palabra en su legítimo significado: política, arte de vivir en ciudad, es decir, en una sociedad de hombres y mujeres libres regidos por leyes justas. Ya sé yo que muchas gentes aborrecen la política, unas veces porque son bárbaros, incapaces de convivir libremente; otras, porque llaman política al arte de embaucar los charlatanes a las personas sencillas e ingenuas. Pero aquí hablamos de verdadera política, de la que tiene por fundamento la libertad; por norma, la justicia; por instrumento, la ley y por resultado, la paz.

Ahora está de moda situarse más allá de la República. Muchos que estuvieron siempre más acá, suelen poco menos que ostentar cierta conmiseración, cuando no aborrecimiento, hacia los republicanos. ¿Qué han hecho los republicanos? Tanto hicieron que ellos han podido dar de lado a sus rancias costumbres clericales y burguesas, a las que habrían seguido mansamente apegados si la República no les hubiera sacudido la conciencia.

Nosotros, los republicanos, fuimos durante medio siglo, la restauración monárquica en España, una llama viva de rebeldía ciudadana; una llamita pequeña quizás, pero la única brillante y fija que alumbraba en el horizonte. A raíz de la restauración canovista que suplantó a la I República, cuando la sociedad española parecía resignada a soportar para siempre la siniestra trilogía en la que la monarquía se apoyaba: caciquismo, clericalismo y militarismo, nosotros, los republicanos, combatíamos el fanatismo religioso, fundábamos escuelas laicas, proclamábamos los derechos humanos, defendíamos la justicia social, y pasábamos en todas partes por bichos raros a causa de nuestra activa independencia espiritual y ciudadana.

Acaecieron las grandes catástrofes de 1898, en que se hundían los últimos vestigios del Imperio de España. Mientras el pueblo, sus pastores y sus perros se embarcaban confiadamente en la empresa de las grandes guerras coloniales, para imponer por majeza a los isleños nuestra tontuna peninsular, éramos los republicanos quienes pedíamos por boca de Pi y Margall la autonomía de las islas como lazo de libertad que las hubiera mantenido unidas a la patria española.

Nosotros, los republicanos, fuimos durante el reinado de Alfonso XIII la agitación de cuanto había de conciencia viva en el país, frente a la francachela palatina, frente al militarismo africano, frente a la invasión frailuna, frente al pretorismo civil y social, frente a la dictadura, la dictablanda y el constitucionalismo continuista.

En tanto que el país aceptaba resignado la dictadura de 1923-30, nosotros, los republicanos, encarnábamos la conspiración, la rebeldía, la dignidad ciudadana, mientras a nuestra izquierda no faltaban eminentes líderes obreros que, a pretexto de defender los intereses de la clase trabajadora, se insinuaban subrepticiamente en las estructuras del régimen dictatorial.

Nosotros, los republicanos, en fin, hicimos una democracia. ¿Para qué ha servido? Para despertar a un pueblo. El día 18 de julio de 1936 tuvo lugar la más amplia, la más audaz, unánime y violenta sublevación militar que conoce la historia. Sin los cinco años de ejercicio, más o menos perfecto, de la democracia republicana, el pueblo habría inclinado la cabeza bajo el yugo. Y si en la jefatura del Estado hubiera habido un rey, los sublevados habrían llegado ante las escalinatas del trono para recibir la consagración triunfal de su crimen, como había sucedido tantas veces en España. Y a pesar de su heroísmo, el pueblo habría sucumbido desde el primer día ante la tiranía castrense, como sucumbió en Zaragoza, en Sevilla, en La Coruña y en tantas otras ciudades.

Y para someter al pueblo que, como en 1808, defendía la independencia, la dignidad y la soberanía nacionales, fue menester la confabulación de la traición interior con la perfidia extranjera, formando contra la República la más siniestra y descomunal alianza “que vieron los siglos pasados, ni esperaban ver los venideros”: las boinas rojas de los requetés católicos enlazadas con las chilabas de los rifeños musulmanes y con las mochilas de los legionarios ateos y apátridas del Tercio Extranjero; los fascios de Mussolini, las cruces gamadas de Hitler, los dólares de los petroleros americanos, la intervención descarada de los imperios totalitarios y la no intervención hipócrita de las grandes democracias cobardes y envilecidas…

Nosotros, los republicanos, sabíamos que al armar al pueblo se iniciaría fatalmente la gran revolución española. Y lo armamos. Nunca nos acobardó el ideal revolucionario. Quizás nadie tan preparado como los viejos militantes republicanos para sobrellevar alegremente los sacrificios y austeridades que toda revolución exige; de antiguo estamos acostumbrados a vivir en la austeridad y el sacrificio. Habríamos querido, eso sí, ahorrar a nuestro país la tragedia del tránsito doloroso a la sociedad nueva; habíamos soñado implantarla por vía de paz y alumbrar evolutivamente una era de justicia social, sin dilapidar las riquezas de la nación en una guerra estúpida, cruel e innecesaria. No pudo ser. El intento de implantar la justicia social hubo que apagarse, en vano, al precio de la ruina económica de una generación, más la sangre y el dolor que no tiene precio.

La República y la revolución fueron vencidas; pero en el corazón del pueblo quedó grabado para siempre el convencimiento de que la República es el más bello de los ideales políticos, y España el país más desgraciado de la tierra.

Durante la guerra -que no quisimos- los republicanos cumplieron con su deber, luchando, sufriendo y muriendo por la libertad. Y lo que es más importante todavía; la ferocidad inherente a toda contienda civil no apagó en sus almas la lámpara de la piedad humana; a lo largo de los tres años de guerra, nosotros, los republicanos, seguimos exigiendo a la sociedad revolucionaria el respeto a la dignidad e integridad del ser humano. Sin hombres y mujeres libres, todas las formas sociales son retardatarias, injustas y, además, condenadas a la ruina; porque el ser humano libre, es la invención, la iniciativa, el progreso.

Por eso, durante los tres años de guerra feroz y durante los casi cuarenta de silencio implacable, en España o en el destierro, nosotros, los republicanos, hemos seguido proclamando el respeto al ser humano y el culto a la libertad, y enseñando que sin piedad, sin amor, sin tolerancia y sin ternura toda revolución está condenada a hundirse en el pudridero infecto del crimen -social o estatal-, padre de la tiranía.

A la izquierda de los republicanos no hay ni puede haber nada. Ninguna aspiración revolucionaria o progresista pasará de ser una utopía infecunda, si no se apoya en las cuatro columnas fundamentales del estado republicano: el ser humano libre, la nación independiente, la sociedad justa y solidaria y el pueblo soberano.

Y en cuanto al intento de instaurar, sin el consentimiento previo de la soberanía nacional, una monarquía que por razón de su nacimiento se ha de convertir necesariamente, una vez más, en absoluta, nosotros los republicanos, nos atenemos a la doctrina y conducta de aquel republicano ejemplar que fue Simón Bolívar, cuando escribía: YO NUNCA ME DEGRADARÉ HASTA EL TRONO.

Y glosando las palabras de don Emilio Castelar, la voz más elocuente que ha tenido la democracia en lengua española, nosotros, los republicanos, repetimos: JAMÁS SERVIRÉ A LA MONARQUÍA, AUNQUE AHORA SE MUESTRE EN CONCORDIA CON LA DEMOCRACIA; PORQUE , SI LA MONARQUÍA NO ME EXCLUYE DE SU SENO, ME EXCLUYEN LA HISTORIA, EL HONOR Y EL PATRIOTISMO. 

París, 10 mayo de 1978

Fernando Valera Aparicio
Ex Presidente del Consejo de Ministros de la República Española en el exilio
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Milicianos del Batallón 9 de Ingenieros Pi y Margall L-Z

Este fue uno de los últimos batallones que se organizaron compuesto de voluntarios más mayores dedicados alas tareas de fortificación.  Aquí tenéis Un resumen de la historia del Batallón Pi y Margall, que iremos completando con vuestra ayuda, al igual que las biografías de los milicianos: crepublicano@gmail.com

La misión principal de los batallones de ingenieros era fortificar los frentes, trincheras y preparar nuevas líneas defensivas en la retaguardia. Estas misiones las realizaron a veces bajo fuego enemigo, incluido el acoso de la aviación. La parte oscura de la guerra, la poco heroica, a veces poco valorada, pero fundamental. Así muchos de las profesiones de los milicianos estaban trabajos ligados a las cuestiones técnicas. La mayoría de los milicianos son de los municipios de la margen izquierda y zona minera, especilamente de Sestao, Baracaldo, y de  Bilbao. Tambien hay alguno que era “emigrado” de la Gipuzkoa ocupada por los rebeldes. Politica y sindicalmente era muy plural aunque estaba adscrito a Izquierda Republicana.

Os presentamos el listado con los que componían este batallón republicano.

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LA RÉVOLTE

Esta primera semana de julio se han reunido en Hamburgo bajo el paragüas del G-20 los dirigentes de los llamados países más industrializados. Esta ha sido una más de las reuniones periódicas que los poderosos organizan para coordinar sus “Balances y Perspectivas”; para estructurar cómo se diseñan, imponen, y defienden las políticas económicas, que desde finales del siglo XX están marcando un Nuevo Orden Mundial fundamentado en acrecentar las diferencias entre los que ordenan y los que deben obedecer; entre los que cada vez tienen más y los que tan solo intentan sobrevivir en medio de la miseria.

En esta ocasión, el aquelarre neo-liberal del G-20 ha tenido una fuerte respuesta ciudadana. Según los medios de comunicación internacionales, un total aproximado de 100.000 personas se han echado a la calle en Hamburgo para protestar, mayoritariamente de forma pacífica (aunque haya interesado mucho a los medios destacar especialmente los aspectos más violentos e impactantes de la protesta), contra la inhumana deriva de las políticas económicas de los países más ricos que, a costa del sufrimiento de miles de millones de personas, no solo están abocando a la indigencia permanente a casi 3/4 partes de la población mundial, sino que también están destrozando de forma irreversible el ecosistema gracias al que respiramos.

Sin embargo, todas estas obviedades parece que solo son charlatanerías de vendedor de feria para los oídos y las sensibilidades de los actuales amos del mundo. Algunos de ellos se atreven a afirmar que el cambio climático es una patraña; que la contaminación ambiental no es un problema acuciante; que la desertización progresiva, la deforestación continuada, la reducción de los acuíferos o la proliferación desmedida de plástico en los océanos solo son pequeños daños colaterales que se producen en la tan necesaria y desaforada carrera hacia el control total de la riqueza. Objetivo estratégico y último de las grandes élites. Incluso, hace pocos días, hemos llegado a oír cómo destacados “gurús” neo-liberales afirman sin ruborizarse que la guerra puede ser la mejor solución para superar más rápidamente esta enquistada crisis económica que ya lleva una década azotando al mundo.

A pesar de todo, esta tendencia a la autodestrucción tan inherente al capitalismo no es ninguna novedad. Ya a mediamos del siglo XIX socialistas utópicos, libertarios, marxistas primitivos y demás librepensadores nos avisaban de la más que posible nefasta repercusión del capitalismo en el futuro de la humanidad y de la propia Tierra. Marx, Engels, Proudhon o Bakunin lo teorizaron e intentaron, con mayor o menor fortuna, aportar soluciones, o al menos especular con alternativas respecto a la forma de gobernar el Estado o de gestionar la riqueza. Otros cómo Thoreau, Whitman, Saint Simon, Owen o Fourier lo plantearon desde posiciones más humanistas, no tan economicistas y aparentemente más bucólicas. Pero a la postre todos llegaron a las mismas conclusiones: La paz, la convivencia y el progreso solo pueden conseguirse mediante el reparto equitativo de la riqueza, la defensa de los derechos humanos, el acceso universal a la cultura y el uso consciente y respetuoso de los limitados recursos que nos ofrece nuestro planeta.

Y es esta síntesis dialéctica tan obvia, que surge de enfrentar nuestra penosa realidad actual con aquello por lo que hace ya casi siglo y medio apostaban los que creían en la necesidad de un sistema económico y político más justo y equitativo, lo que justifica cada vez más LA REVUELTA. Los 100.000 de Hamburgo con sus pancartas, sus consignas y su actitud de desobediencia activa han representado fielmente a aquellos que queremos otro mundo mejor y para todos (Aunque los informativos, siguiendo previsibles e interesadas directrices, hayan insistido en destacar, sobre todo, las capuchas negras, los bates de béisbol y los cócteles molotov de apenas 200 presuntos “radicales anti-sistema”, de los que se desconoce quién potencia, o incluso financia, su furia indiscriminada y su actitud nihilista).

Sirva esta canción, La Révolte, compuesta en 1886 por Sébastien Faure, conocido militante y sindicalista libertario francés, para agradecer su esfuerzo a los “revoltosos” compañeros de Hamburgo. Gente que, como muchos de nosotros, tampoco se resigna a vivir eternamente bajo la opresión y la miseria; personas que también creen que solo la lucha permanente contra la injusticia y contra los poderosos podrá hacer que algún día consigamos alcanzar por fin la utopía.

 

LA RÉVOLTE

Nous sommes les persécutés
De tous les temps et de toutes les races
Toujours nous fûmes exploités
par les tyrans et les rapaces.
Mais nous ne voulons plus fléchir
Sous le joug qui courba nos pères
Car nous voulons nous affranchir
de ceux qui causent nos misères.

(REFRAIN)
Église, Parlement, Capitalisme, État, Magistrature
Patrons et Gouvernants, libérons nous de cette pourriture.
Pressant est notre appel, donnons l’assaut au monde autoritaire
Et d’un cœur fraternel nous réaliserons l’idéal libertaire.

Ouvrier ou bien paysan
Travailleur de la terre ou de l’usine
Nous sommes dès nos jeunes ans
Réduits aux labeurs qui nous minent.
D’un bout du monde à l’autre bout
C’est nous qui créons l’abondance
C’est nous tous qui produisons tout
Et nous vivons dans l’indigence.

(REFRAIN)

L’État nous écrase d’impôts
Il faut payer ses juges, sa flicaille
Et si nous protestons trop haut
Au nom de l’ordre on nous mitraille.
Les maîtres ont changés cent fois
C’est le jeu de la politique
Quels que soient ceux qui font les lois
C’est bien toujours la même clique.

(REFRAIN)

Pour défendre les intérêts
Des flibustiers de la grande industrie
On nous ordonne d’être prêts
À mourir pour notre patrie.
Nous ne possédons rien de rien
Nous avons horreur de la guerre
Voleurs, défendez votre bien
Ce n’est pas à nous de le faire.

(REFRAIN)

Letra y música: Sébastien Faure (1886).
Interpretada por: Les Quatre Barbus (1969).

 

LA REVUELTA

Somos los perseguidos
De todas las épocas y de todas las razas
Siempre fuimos explotados
Por los tiranos y los buitres.
Pero ya no queremos doblegarnos
Bajo el yugo que curvó a nuestros padres
Pues lo que queremos es liberarnos
De los causantes de nuestras miserias.

(ESTRIBILLO)

Iglesia, Parlamento, Capitalismo, Estado, Tribunales
Patronos y gobernantes, liberémonos de esta podredumbre.
Nuestra consigna es apremiante, asaltemos el mundo autoritario
Y desde un corazón fraternal realicemos el ideal libertario.

Obrero o campesino
Trabajador de la tierra o de la fábrica
Llevamos desde la más tierna infancia
Reducidos a trabajos que nos socavan.
Desde un extremo al otro del mundo
Somos nosotros los que creamos la abundancia
Somos nosotros los que producimos todo
Pero vivimos en la indigencia

(ESTRIBILLO)

El Estado nos machaca con impuestos
Hay que pagar a sus jueces y a su “pasma”
Y si protestamos gritando demasiado
Se nos ametralla en nombre del orden.
Los amos han cambiado cien veces
Es el juego de la política
Los que hacen las leyes
Son siempre la misma camarilla.

(ESTRIBILLO)

Para defender los intereses
De los filibusteros de la gran industria
Nos ordenan que estemos preparados
Para morir por nuestra patria.
Nosotros no poseemos nada de nada
A nosotros nos horroriza la guerra
Ladrones, defended vuestras propiedades
No somos nosotros los que tenemos que hacerlo.

Traducción libre: Liova37.

“Comando terrorista de peligrosos antisistema” enfrentándose violentamente a la policía de Hamburgo. Julio 2017.

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Uztaila 2017 Julio PAULA DRAXLER

El CALENDARIO 2017 de la ASOCIACION DE AMIGOS DE LAS BRIGADAS INTERNACIONALES (AABI) dedicado a las  MUJERES EN EL SERVICIO SANITARIO DE LAS BRIGADAS INTERNACIONALES.  Apoyaron la defensa de la República frente al golpe y la agresión del fascismo en Europa, un ejemplo de generosidad, sacrificio y solidaridad y merecen un homenaje y recuerdo para que su memoria siga viva junto a quienes lucharon a su lado.

Su nombre de soltera era Paula Eber. Nació en 1902, en Viena. Militó en el Partido Comunista de Austria. Su formación era de secretaria y enfermera. Llegó a España en 1937 donde estuvo trabajando como enfermera en el Hospital de Murcia. Tras una breve estancia de regreso a Viena, volvió a España. En 1938 estaba trabajando en el Hospital de Mataró.

Desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial, en 1940, se encuadró en la Resistencia en Francia. Falleció en Paris en 1944, aunque aún no está claro si murió por los tiros de la Gestapo o al intentar escapar de ellos saltando por una ventana.

En el trabajo de Gusti figura una carta de Paula a su amigo Fritz donde recuerda que coincidieron en la Sociedad Obrera de Gimnasia en Viena y en los cursos obreros de enfermería. En ella relata los duros comienzos instalando un hospital en un antiguo edificio de la Universidad de Murcia. También la alegria al ver recuperarse a los heridos y el hecho de que, a menudo, ellos la apodaban”Madrecita” por la dedicación y cariño que les profesaba. En la carta afirma que la guerra le ha costado un gran sacrificio, ya que su marido, su mejor camarada, ya no está junto a ella, pues ha sacrificado su joven vida en la lucha por la libertad.

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