El discurso de la identidad y la reacción

Con el objetivo de impulsar la reflexión Hausnartzen. ¿Qué República? Seguimos con la publicación de diversos textos .  Estas invitado e invitada a participar, envíanos tu texto: crepublicano@gmail.com.  Os traemos este artículo de Hèctor Xaubet publicado en Mientras Tanto.

I

El 12 de agosto de 1999 se produjo un curioso acto de protesta y reacción contra la globalización, que afectaba negativamente a los campesinos franceses: José Bové, dentro del movimiento campesino, fue a intentar destruir con su tractor (y seguramente con algunos compañeros) el McDonald’s que se estaba construyendo en su pueblo francés. Se trata de un acto de protesta externalizado contra los que encarnan esa globalización desregularizadora; se trata de un acto de lucha política y rebeldía. Ese espíritu de lucha también lo podríamos encontrar hoy en día, pero con una orientación muy clara: la “rebeldía” contra la globalización, en tanto que llamada a la recuperación de la soberanía, es fructíferamente cultivada por la derecha populista y nacionalista [1]. Pero encontrar ese espíritu, en cualquier caso, no es lo común. Bien al contrario, la “reacción” frente a los desajustes estructurales de la globalización se expresa en un recogimiento interior, en un robustecimiento del “yo” ante un contexto negativo. Se propugnan las ideas más variopintas sobre paz interior (como el mindfulness), se extiende el individualismo atomizado, aparecen estilos de vida con pretensión de ser éticamente más justos y, también, aumenta la adscripción a los valores supuestamente progresistas que individualmente cualquiera encarna.

Se produjo en un momento dado un cambio en la izquierda perfectamente acorde con esto. Quizás consecuencia de estos cambios simbólico-culturales, o quizás fue causa de ellos. O, quizás aún, como entramado complejo en la dialéctica social, tal cambio funcionó a la vez como causa y consecuencia a partes iguales. Sea como fuere, el paradigma de izquierdas cambió: la izquierda política pasó de intentar cambiar el contexto a intentar cambiarse a sí misma. Ante situaciones como la que afectaban al campesino José Bové, que señaló claramente quienes son los “amos del mundo”, actualmente uno optaría por comprar productos ecológicos y se haría vegano. Incluso podría ir perfectamente al McDonald’s a comprarse una ensalada. Todo esto, adornado por el discurso del progresismo. Como se ve, una actitud muy distinta. La diferencia radica en el hecho que el punto de partida para ―teóricamente― cambiar las cosas es el individuo.

II

Desde ya hace décadas se ha producido un gran cambio cultural y político en las sociedades avanzadas. Se trata de un profundo proceso de individualización, que implica subjetivación, es decir, la preeminencia del sujeto, su configuración como punto de partida para entender la política y realizar las acciones políticas. Esto es, no se pone atención en el contexto, las relaciones de poder ni las condiciones materiales, sino en la mera subjetividad, es decir, la vivencia de uno ante y dentro de ese contexto como algo ya dado. Desde este punto de vista, como las subjetividades son incomparables, todo resulta legitimado y positivizado. Como consecuencia de esto, emerge de forma paralela un proceso de moralización: al no fijarnos en el contexto para cambiarlo, no tenemos pues un “contenido” o condiciones materiales cambiables. La materia primera, podríamos decir, de nuestra intención de cambio político soy yo mismo, lo que me gusta, lo que quiero y los valores que tengo.

Politizar los elementos individuales significa utilizarlos como contenido de la política, a falta de cosas más sólidas y de un análisis material. Y utilizarlos como contenido significa objetivarlos en su forma, pues no se discuten porque son subjetividades. Y objetivarlos en su forma significa apreciarlos tal y como se presentan, como si fueran verdaderos, como si su expresión (su forma) fuera ciertamente su esencia. El discurso que inició la nueva izquierda penetra gracias a estas condiciones de individualización, de politizar todo: lo político se generaliza para convertirse en la política: la identidad y las situaciones de poder sobre el sujeto que uno mismo vive pasan a ser las condiciones mismas del ejercicio de la política, con lo cual se parte de una visión particularista y esencializada en la que, como las subjetividades tienen valor moral y no son comparables, cada uno se verá como modelo y con la razón (compartida con los otros con este mismo perspectivismo particularista). Así, pues, desde este punto de vista, las subjetividades se vuelven irrebatibles. Es así como, siguiendo con el ejemplo, el género se vuelve una categoría sin contenido definido más allá del que la subjetividad en sí entienda, con lo cual se subvierte lo que el género iba siendo desde siempre, que, incluso siendo un producto histórico-cultural, no deja de ser una categoría distinta del sexo que se aplica para entender la realidad, más que un manto (una forma, una estética) que un individuo se pone sobre sí a su gusto y que condiciona su forma de entender al mundo [2].

En un escenario político en el que lo que se esgrime son las subjetividades y se olvida el contexto, el paso a la identidad, con sus respectivas externalización y expresividad, como elemento inherente de la política y englobador de los agentes (sujetos) es consecutivo y lógico. Así es también como corre en paralelo el auge del discurso efectista en política, porque es lo que llega a la gente (efecto emocional), es lo que acaba de dar forma a la estética (efecto declarativo) y es la identificación simbólica (por tanto, también moral) con una causa [3]. El activismo desde este punto de vista significa incorporar o adentrarse más o menos intensamente en esa estética envuelta en grandes discursos sin muchos efectos reales [4]. Veamos otro ejemplo: desde el ecologismo se insiste en el hecho que uno tiene que cambiar sus pautas de consumo para cambiar el mundo. O sea, uno mismo es agente y contenido de la política y debe seguir la correcta pauta moral para cambiar el mundo [5].

Es importante pararse a pensar qué lógica aparece en la creación de subjetividades, que se construyen por referencia y/o oposición a otras, es decir, según la lógica de la diferencia. Se conforman, ciertamente, colectivos de identidad. Lo político se generaliza al grupo, de tal forma que, igual que ocurre con las subjetividades, el mundo se constituye como diverso y plural, con múltiples grupos e identidades. Estas diferencias se reivindican a sí mismas y se mantienen así estables y homogéneas, de tal forma que, por adscripción, identifican los individuos que forman parte de tales grupos. En la lógica política, pues, la diferencia se vive y se institucionaliza y al ser contenido mismo de la política, como hemos visto, son punto de partida del discurso y de acción política a la vez que objeto de tal discurso y tales políticas.

De esto se deducen unos problemas y contradicciones, que son lo que, a nuestro parecer, caracteriza realmente la política de la identidad. Veámoslos en detalle.

a) La política por definición es la discusión y la toma de decisiones públicas sobre asuntos generales y de interés común. Si algo tan específico y que es vivido privadamente como la sexualidad, por ejemplo, se politiza, significa, pues, que entra en esta definición, se convierte en público. Pero esto en verdad no tiene una dimensión de interés común, más allá de los derechos elementales de cualquier ciudadano y ser humano que son por sí mismos válidos y tienen valor independientemente del género sentido o de la sexualidad privadamente practicada por cada uno de todos los individuos concretos que viven en este mundo. En la medida que se han politizado, son objeto evidentemente de discusión pública, con lo cual cualquiera puede hablar al respecto. Y aquí hay la contradicción: los activistas que defienden que todo es un asunto de política y de poder no pueden pretender tomarse las discusiones que públicamente se generan sobre temas que ellos han politizado como algo personal (sería contradictorio con su base teórica) ni mucho menos pretender hacer callar a aquellos que dan una visión divergente.

b) La lógica autorreferencial e incluso autocomplaciente lleva a un concepto de sociedad neotribal: con cada grupo con sus códigos y su espacio de expresión por oposición a los demás. Es, pues, una sociedad conformada por grupos identitarios excluyentes, en doble sentido: no se va a incluir dentro de la diferencia a quien no es diferente (pero igual a los demás dentro del grupo), lógico. Y excluyente también porque tiene un espacio de expresión privativo que no acepta interferencias, de tal forma que, de ser experimentadas por los individuos, se interpretarían como ofensas [6] o impurezas. Es más, la forma de política que conocen los individuos recae sobre sí mismos, sobre su presentación en sociedad: vestimenta, códigos, valores morales profesados, alimentación, lo que sea. Esto nos remite todavía al esencialismo, porque a un grupo se le atribuyen sus características identitarias propias, como algo homogéneo e inamovible [7]. Con esto, los grupos e identidades, según sus estereotipos, se refuerzan, en vez de desaparecer como se supone que conscientemente es profesado desde el activismo [8].

c) La diversidad, positivizada y ensalzada como valor primordial según la ideología liberal imperante, para la cual la igualdad y en su defecto la homogeneidad son algo indeseable, se entroniza como máximo valor como un manto que cubre o se confunde con la diferencia. De hecho, su efecto moralizante tapa las diferencias reales existentes, sobre las cuales no puede actuar porque, como hemos dicho, el contenido de su política no deja de ser exteriorización de la identidad. Así, la celebración de la diferencia puede no ser nada más que efectivamente solo meramente eso, en su sentido performativo.

III

Haber politizado lo personal supone convertir las aspiraciones y deseos en motor político, supone una exigencia de autonomía personal para conseguirlos, lo cual casa perfectamente con el ideal de libertad individual: más libertad, y por tanto más respeto hacia esa “diferencia” y más diversidad, cuanta más autonomía. En política esto se traslada en la palabra en boca de todos los activistas hoy en día: empoderamiento.

Pero el empoderamiento es solo un instrumento, es decir, no tiene por sí mismo un objetivo, y se puede realizar de muchas formas. La lógica y las leyes imperantes del orden capitalista se imponen. Y así es como se ha desarrollado y se desarrolla un extenso mercado de consumo perfectamente adaptado a las aspiraciones de los individuos, legitimado por el ideal de diversidad y el imperativo de libertad individual, mercado que abre posibilidades infinitas de identificación y da la apariencia de igualdad (en sentido literal: la estética iguala). Los deseos propios y las opiniones, las identidades y estilos de vida propios, se autonomizan y, por lo tanto, como se proyectan en la esfera pública, exigen el reconocimiento de la igualdad civil e imponen el yo en la esfera relacional. Así, este proceso de individualización que se configura por medio del empoderamiento permite una ligazón entre la dimensión política y la cultural.

Nos encontramos ante una situación en la que uno se transforma en consumidor, operador o “accionador” de su propia vida. De nuevo, se ha realizado el ideal liberal: una sociedad de individuos libres atomizados que se relacionan como productos (estereotipados) entre ellos y que fragmenta otras identidades colectivas, y tienen como base para su identidad los grupos que libremente consideran ser los suyos: de la ordenación espontánea de los elementos de la sociedad dejados a su libre albedrío sale el orden, en este caso en forma de grupos constitutivos y englobadores por adscripción. Así, la comunidad no es más que el agregado de los hechos diferenciales, parafraseando la sentencia liberal según la cual la sociedad no es más que el agregado de individuos [9].

Aquí surge un importante y grave problema. No se puede aspirar a ser sujeto autónomo ni ciudadano de pleno derecho si se sigue arraigado en la diferencia necesariamente estereotipada, con lo cual ni se diluye ni permite ver a los individuos como seres singulares, sino como seres (estereotipados) idénticos. Dicho de otra forma, el empoderamiento como vía de individualización funcional suplanta lo que toda la vida ha sido el principio de cambio social de la izquierda: la emancipación.

IV

Finalmente, entendemos que, al contrario de lo que algunos autores podrían pensar [10], el lado positivo de la política de la diferencia no se da de hecho. En cambio, observamos que la lógica de la identidad es autorreferencial, y así es como creemos que es por todos constatable el recurso al victimismo y al agravio para silenciar posturas disidentes; es también particularista, lo cual lleva a la fragmentación con tintes incluso comunitaristas de las luchas sociales en grupos autodefinidos autónomos e incluso constitutivos de la misma naturaleza político-social [11]; y, finalmente, la lógica de la identidad armoniza completamente con el proceso de individualización (neo)liberal. Por tanto, no se puede inferir de ella un carácter emancipador. Al contrario, podemos afirmar que, al desactivar las luchas políticas profundas porque la política, en todo este contexto de individualización, se privatiza, en el sentido que se retrotrae a la esfera privada personal y aleja la acción pública del ejemplo que José Bové nos dio, acaba, en definitiva, siendo funcional al orden establecido al evitar, como es propio de la alienación, tomar consciencia de la situación social propia y cobra un carácter reaccionario.

 

Notas

[1] No es el caso del mismo José Bové, que actualmente está en el Parlamento Europeo como representante de Los Verdes.
[2] ¿A alguien le han dicho alguna vez “tú no puedes opinar sobre este tema porque no eres mujer”? Pues esto es la encarnación del esencialismo que, aunque parezca exagerado decirlo, pone en duda el raciocinio de cualquier ser humano: un hombre no es capaz de pensar, reflexionar y criticar un asunto porque, por motivos esenciales externos a él, no tiene la capacidad.
[3] A todo este proceso de expresión de la política lo podríamos llamar estetización política.
[4] Además, la moralización lleva a un absolutismo, lo cual facilita la aparición de la lógica del todo o nada.
[5] No pretendemos con lo que estamos diciendo desbaratar completamente el subjetivismo, pero nos interesa enfatizar todas las implicaciones que tiene y el nuevo paradigma que implica. Para este útlimo ejemplo, es conocida la crítica que personas como el pensador Slavoj Zizek hacen a estas actitudes moralizantes, al afirmar que solo sirven para tener la consciencia limpia ante los hechos reales que en verdad tienen consecuencias negativas.
[6] En EUA se ha desarrollado el término grievance politics (‘política del agravio’) para designar este fenómeno.
[7] También en EUA se ha desarrollado un término, que es arma de los defensores de la identidad, que ejemplifica claramente este esencialismo: apropiación cultural. Esto es, el hecho que un individuo que no pertenece a un grupo (vemos, pues, que a priori se le está clasificando) porque no tiene la esencia de aquel grupo (algo, pues, adscrito) utilitza, consume o expresa algunas de las características que se suponen propias de la identidad como un todo del grupo en cuestión, y esto evidentemente se ve como un agravio y como si fuera disonante. Por ejemplo, un blanco vestido al estilo de rapero negro típico se estaría apropiando, según esto, de la cultura negra.
[8] A pesar del argumento no poco extendido que las etiquetas solo son un instrumento transitorio para poder conseguir la igualdad, vemos como paradigmáticamente y paradójicamente la etiqueta LGTB, que era iniciamlente la conocida, se ha extendido y es hoy LGTBI+ (el símbolo de más ya no da una idea que es potencialmente infinito).
[9] Este sketch de un programa de humor australiano, que casualmente el autor de este artículo vio y, pues, lo puede citar como ejemplo, muestra muy bien esta realidad social de grupos identitarios con una hipersensibilización victimista ante aparentes referencias a la subjetividad de cada uno: https://www.youtube.com/watch?v=TwOGMNrFBiM. Esta problemática está, a nuestro parecer, más extendida de lo que de entrada nos podría parecer.
[10] Nos podemos referir, por ejemplo, al libro El reverso de la diferencia. Identidad y política, Nueva Sociedad, 2000, editado por Benjamin Arditi. Algunos de los autores que participan, entre ellos el mismo editor, indican ciertamente el lado negativo (reverso), sobre todo el ensimismamiento, pero creen que se puede reorientar para estimular su efecto igualitario e incluso universalizante, pues creen que, al defender los derechos, la política de la identidad tiene también esta orientación. Como se observa, el autor de estas línias es más crítico al respecto y piensa que Arditi no es capaz de ver las contradicciones inherentes con la lógica liberal, que fragmenta en vez de universalizar.
[11] No es difícil imaginar un futuro en el que los grupos autodefinidos exigieran tener una cuota de representación parlamentaria, solo en virtud de su identidad y de la diversidad. Se trata de una lógica antidemocrática, pues se incorporarían en la representación igualitaria e universal elementos estamentales: la configuración de grupos según determinaciones intrínsecas de origen que nada tienen que ver con la racionalidad política.
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KARRANTZAKO ERREPUBLIKAZALEAK

REPUBLICANOS Y REPUBLICANAS DEL VALLE DE CARRANZA

El municipio más grande de Vizcaya dedicados básicamente a la agricultura y la ganadería, Iturriza lo calificaba de terreno montuoso y costanero. En él eran predominantes el tradicionalismo (carlismo) y, en menor medida, el nacionalismo vasco como en la Bizkaia rural, con poca presencia de las izquierdas. El Republicanismo tuvo una presencia muy limitada,pero a su vez combativa.

Con la instalación en el siglo XX del ferrocarril se produjo una especialización ganadera que conserva hoy en día: A Bilbao y a Santander: Carne, huevos, leche y ganados, siendo la única industria los dolomitas del Norte en Ambasaguas. El Valle de  Karrantza se reparte en 49 barrios que se agrupan territorialmente en dieciséis concejos o parroquias.

 La intención de esta sección es publicar los escasos datos de las personas  y con vuestras aportaciones de lectores  ir añadiendo/corrigiendo los datos (biográficos y fotográficos), bien como comentario o bien escribiendo al correo: crepublicano@gmail.com.

Nortzuk ziren Errepublika garaiko errepublikazaleak?, zein izan zen haien bilakaera? Zuenlaguntzarekinhauenistorioak eta historia berreskuratu gura  geunketxokohonetan. crepublicano@gmail.com. 

ENKARTERRIAK
Alonsotegi Arcentales Balmaseda Galdames Gordexola Gueñes
Karrantza Harana Lanestosa Sopuerta Trucios-Turtzioz Zalla
Si tomamos en cuenta las Encartaciones históricas tenemos más información en estos dos enlaces: EZKERRALDEA ERREPUBLIKAZALEA Y Meatzaldeko errepublikazaleak

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UNA NUBE HISPANA

El semi-oruga “Santander”, escoltado por milicianos de las F.F.I., hace guardia en una esquina de la Rue Rivoli durante los combates callejeros para liberar París del yugo nazi.

El pasado 24 de agosto, con motivo del 75 aniversario de la liberación de Paris, la alcaldesa de la ciudad inauguraba un mural de homenaje a “La Nueve”, la compañía de republicanos españoles encuadrada en las Fuerzas Francesas Libres que encabezó la entrada de las tropas aliadas en la capital francesa, poniendo punto y final a la ocupación nazi. Un homenaje más que debido, dado que durante décadas el propio estado francés había ocultado, salvo alguna que otra placa dispersa por las calles de la “Ciudad de la Luz”, que los primeros soldados que, tras un sprint contra reloj se atrevieron a romper las líneas alemanas para acudir en auxilio de los civiles que se habían alzado en armas contra el ejército invasor cuatro días antes, había sido una columna formada casi en su totalidad por republicanos españoles de la “9ª compañía del Regimiento de Marcha del Chad”, adscrita a la “2ª División Blindada de la Francia Libre” y capitaneada por el general francés Phillippe Lecrec, una unidad popularmente conocida como “La Nueve”“La Española”.

Durante años y años, historiadores “oficialistas”, escritores y periodistas obviaron, salvo honrosas excepciones, que los primeros semi-orugas que entraron en París la tarde-noche del 24 de agosto de 1944 por la Porte D’Italie llevaban izada en sus antenas la bandera tricolor española y tenían pintado en el morro nombres como “Ebro”, “Madrid”, “Belchite”, “Gernika”, “Teruel” o “Don Quijote”. El primero de todos en llegar a las puertas del Ayuntamiento de la capital y de la prefectura de policía, donde estaba atrincherado el comité militar de los sublevados, fue el “Guadalajara”, un vehículo exclusivamente tripulado por extremeños. Y el primer “half-track” que respondió al fuego nazi en aquel mismo lugar con su potente ametralladora Browning de 50mm fue el “Ebro”, mandado por el canario capitán Campos y conducido por el catalán Bullosa.

Días después de la liberación de la capital francesa, la prensa no hizo referencia alguna a la nacionalidad de los libertadores ni a los nombres pintados en sus vehículos. Solo se mencionó el nombre del único carro de combate que acompañó a la avanzadilla republicana, el “Romilly”, tripulado por franceses. Aquellos días tampoco figuró en ningún periódico que aquel 24 de agosto, cuando la avanzadilla aliada estaba a la altura del Arco del Triunfo e intentaba abrirse paso hacia el corazón de París entre decenas de civiles que comenzaban a echarse a la calle cantando La Marsellesa y  vitoreando a los libertadores, una joven francesa trepó a uno de los semi-orugas para abrazar a su tripulación diciendo a uno de ellos: “¡Eres el primer soldado francés al que beso!”, a lo que el soldado Francisco Izquierdo respondió: “No somos franceses, somos rojos españoles”. Constatando así, para sorpresa de los parisinos, que los primeros soldados que liberaban su ciudad eran, salvo unos pocos franceses, todos españoles. Algo que el entonces miembro del Consejo Nacional de la Resistencia y años después secretario de estado del gobierno de Jacques Chaban-Delmas, Leó Hamon recordaba emocionado en sus memorias: “Hablaban muy mal el francés, con mucho acento. Eran los republicanos españoles de la división Leclerc. Aquella noche del 24 de agosto de 1944, antes de irme a dormir escuché a los españoles cantar sus himnos de batalla. Recuerdo que cantaban canciones como ¡A las barricadas! y ¡Ay Carmela!”.

Aquel olvido relativo a la nacionalidad de los primeros soldados aliados que entraron en la capital no fue debido a ningún error, fue absolutamente premeditado. No era conveniente que, en un momento en el que la propaganda “Gaullista” intentaba apropiarse de la autoría de la sublevación que había forzado la improvisada marcha hacia París, arrebatando el protagonismo al auténtico motor de la revuelta, los llamados “Franc-tireurs et Partisans” (F.T.P.), brazo armado en la resistencia del movimiento comunista francés, los primeros soldados que acudiesen en auxilio de los amotinados fuesen españoles y, además, rojos. Un olvido que se mantuvo durante décadas para mayor vergüenza de De Gaulle, máximo representante de la derecha francesa no colaboracionista y acérrimo enemigo de todo aquello que oliese a izquierda.

Ha sido necesario que pasasen 44 años desde la muerte del dictador Franco para que, a pesar de la falta de interés por el asunto que durante todo ese tiempo han demostrado los sucesivos gobiernos españoles -ora socialistas, ora del PP o de la UCD- se haya roto el silencio institucional español hacia aquellos héroes. Durante todo este tiempo tan solo ha habido algún tímido evento recordatorio de aquella hazaña, como fue el fallido homenaje a “La Nueve” del Borbón y su esposa en su viaje a París de marzo de 2015, oportunamente abortado por coincidir con un accidente aéreo en el que murieron 51 españoles, o la inauguración en Madrid por la exalcaldesa Carmena del llamado “Jardín de los combatientes de La Nueve” en abril de 2017.

Así pues, no ha sido hasta este pasado mes de agosto, cuando el gobierno de Pedro Sánchez, representado por la ministra de Justicia en funciones, Dolores Delgado, se ha visto obligado a hacer acto de presencia en el homenaje a “La Nueve”, impulsado con decidido empeño por la gaditana Anne Hidalgo, alcaldesa de París e hija de exiliados republicanos. Un acto en el que el estado español ha tenido que reconocer de forma clara y explícita la hazaña de aquellos combatientes republicanos que liberaron París. Un retraso de 4 décadas que no deja de ser sorprendente si consideramos que durante ese mismo periodo sí que se han celebrado numerosos reconocimientos, algunos incluso con participación institucional, a los miembros de la llamada “División Azul” que durante la 2ª Guerra Mundial acudió en socorro de los genocidas nazis durante su invasión militar a la U.R.S.S., o los dedicados a los caídos de la “División Cóndor” alemana, al “Corpo di Truppe Volontarie” (CTV) y a la “Aviación Legionaria” italiana, responsables de salvajes bombardeos indiscriminados contra población civil durante la guerra provocada en nuestro país por el golpe de estado fascista de 1936.

Un silencio que también se ha patentizado en la escasa bibliografía existente en España para ilustrar aquella gesta, que solamente ha visto la luz en contadas ocasiones gracias al empeño de un puñado de voluntaristas escritores e historiadores que, contra viento y marea, han conseguido editar algunas obras, en la mayoría de ocasiones de una difusión mínima y un nulo apoyo institucional. Por no hablar del desprecio que siempre ha demostrado hacia aquella hazaña de “La Nueve” la industria cinematográfica española, o el más absoluto desinterés existente en el panorama musical de esta tierra, incapaz de contar ni tan siquiera con una sola canción que hable de aquellos luchadores sin tierra dedicados durante 5 largos años a liberar patrias ajenas. Y como muestra de esta última afirmación, basta con decir que para ilustrar musicalmente las andanzas de “La Nueve” he tenido que recurrir a un cantautor francés, también hijo de republicanos exiliados, como la alcaldesa de París, de nombre Serge Utgé-Royo. La única persona que se ha preocupado por escribir, interpretar y publicar una canción expresamente dedicada a aquellos héroes desconocidos durante décadas.

Sirva esta canción de sentido homenaje y reconocimiento a los que con tanto valor y generosidad nunca dudaron en recorrer, en ocasiones en muy precarias condiciones, miles de quilómetros en África y Europa para llevar hasta el final su compromiso de derrotar al fascismo allá donde estuviese.

¡HONOR Y GLORIA A LA NUEVE!

El “Almiral Buiza”, también conocido como “Teruel”, con bandera tricolor al viento por los Campos Elíseos parisinos. Agosto de 1944.

UNA NUBE HISPANA

En el pleno calor, la cosa comenzó ;
Cerebros de cañón desgarraban el sol ;
La sangre de Sevilla y Guernica secó ;
Europa se ahogó en el horno español…

Con un canto republicano,
España huyendo el « Cara al sol »,
Polvo de tierra en la mano,
Una esperanza girasol…

Con su casco americano,
Reía como el Nuevo Mundo
Llevando paz al mundo viejo
Cuando dormían las palomas…

« Te escribo, mi amor, desde el pozo mayor,
Entre luto español y Alemania en guerra ;
Vamos subiendo al Norte,
en medio del horror,
Para ahogar de paz la llama infernal. »

Habían peleado por el desierto ardiente,
La humanidad cansada dentro del corazón,
África, Inglaterra, y sobre el continente,
Hasta untar de luz al humano y la flor.

En el pueblo francés, la gente sonrió,
Mirando, sin temor, al extraño fusil ;
Un día, se sabrá gritar en el silencio
Que una nube hispana libertó París…

Con un canto republicano,
España huyendo el « Cara al sol »,
Una bandera negriroja…
Una esperanza girasol…

Con su casco americano,
Reía como el Nuevo Mundo
Llevando paz al mundo viejo
Cuando dormían las palomas…

Letra: Serge Utgé-Royo.
Música: Léo Nissim. 2014.

La tripulación del “Guadalajara” posa con otros miembros de “La Nueve” camino de la frontera franco-alemana en septiembre de 1944.

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Basauri exposición: Novela gráfica y República

Más :  Komikiak

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EL SOLAR

Ediciones La Cúpula.  2016.  Prólogo del propio autor. 100 páginas y un ingenioso epílogo con reseñas históricas y costumbristas de la época.

El creador de El Solar Alfonso López (Lleida 1950), es un autor curtido en el mundo del cómic; ha destacado en el género de humor y colaborado para las revistas más importantes del ramo, como El Papus o El Jueves; pero también para revistas como Cimoc, TBO, DDT, Jaimito, y un largo etc. Ha publicado además novelas gráficas con un claro contenido memorialista que son un precioso retrato de la forma de vivir en los años 40 y 50. Destacan Estraperlo y Tranvía, Llegará el Invierno y Miguel Núñez: Mil Vidas Más (por el que gana el Premi Nacional del Cómic de Catalunya), una impresionante biografía sobre el dirigente comunista Miguel Núñez, obra de la que tendremos ocasión de hablar más adelante. Además ha publicado libros de ensayo en los que mezcla texto e ilustraciones para hablar de temas de actualidad –La Globalización (2002), La Pobreza no es Rentable (2006) y Cambio Climático y Sostenibilidad (2008)- y es muy reconocible porque todos los días publica la viñeta cómica del diario digital Público. En definitiva, un autor con una dilatada experiencia y una de las grandes figuras del cómic actual.

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Iraila 2019 Septiembre: EMMA GOLDMAN

Del CALENDARIO 2019 de la ASOCIACION DE AMIGOS DE LAS BRIGADAS INTERNACIONALES (AABI) dedicado  a las voluntarias internacionales solidarias. “Ellas defendieron la causa de la República Española como “ciudadanas del mundo”. Son mujeres que describen los acontecimientos vividos durante la guerra civil desde perspectivas diversas y, a pesar de que algunas son activistas destacadas en su país, todas se sienten libres para ser críticas con las ideas e ideología que les habían impulsado a venir a España. Algunas tomarán una postura pacifista ante tanto horror provocado por la guerra. Todas intentan superar el miedo para mantener vivo el dolor de lo que presenciaban.”

EMMA GOLDMAN  1869 – 1940  E.E.U.U.  Ensayista política

Desde mi llegada en septiembre de 1936, vi que nuestros camaradas en España se estaban metiendo de lleno en un abismo de compromiso que les iba a alejar del objetivo revolucionario. Los eventos posteriores han demostrado que quienes previmos el peligro, estábamos en lo cierto. La participación de la CNT-FAI en el gobierno y las concesiones al monstruo insaciable de Moscú de ningún modo han beneficiado a la revolución española, ni siquiera a la lucha antifascista. 1936

Emma Goldman. Hace 78 años dejó de luchar | Rojo y Negro

Emma Goldman a Durruti

 

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A LOS VETERANOS  DE LA BRIGADA LINCOLN

 Una muerte española, el mar en medio,

desde una hermosa vida americana

vino a nacer aquí a los jardines

donde los héroes niños permanecen.

 

La juventud de América caída

enriqueció la tierra con su sangre,

con sus perennes huesos no besados.

Sobre esa superficie y apariencia,

sobre esa destrucción asimilada,

crecen en la memoria transcendente,

con la misma inocencia que los niños,

los invisibles huéspedes hermanos.

 

Son mis muertos de un mes, de cuatro meses,

los que cumplen un año, los que pueden

andar y sonreír, decir palabras,

los que abrazan a la antigua madre

y  juegan en su sol, junto a sus ríos.

 

Eran hombres, murieron en la guerra,

hoy son niños de niebla en el recuerdo,

juegan en esta orilla del Atlántico

sobre una playa gris de blanca espuma.

 

Son un ardiente beso de la historia

sobre un paisaje hermoso y ponderado.

Otra vez sobre ti, mi España bella,

la pasión, el amor, los heroísmos,

te vistieron de gloria, te dejaron

al desnudo el espíritu encendido.

 

Al desgarrar tu tierra concediste

obscuridad, silencio a los despojos,

luz tremolante y cálida a los cielos,

de tus heridas como sepulturas.

Manuel Altolaguirre Barcelona, viernes 28-10-1938      En Homenaje de despedida…

 

Manuel Altolaguirre nació, como Emilio Prados, en Málaga en 1905. Se licenció en Derecho, pero se dedicó a su verdadera pasión: editar libros y revistas. Fundó Litoral, con Prados, y se unió al movimiento gongorino de la generación del 27. Durante la guerra, si bien participó durante un tiempo en la actividad bélica, mantuvo principalmente su actividad tipográfica y poética, colaborando también en Hora de España. Al final de la guerra marchó primero a La Habana, donde fundó la revista Nuestra España, y poco más tarde a México, donde volvió a sacar la revista Litoral. A finales de los años cuarenta, ya separado de su mujer, Concha Méndez, también poeta, se pasó al mundo del cine: el año 1959 murió en un accidente de circulación, precisamente cuando había venido a presentar al festival de  San Sebastián su película “El Cantar de los Cantares”

 

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