ARRIBA, ABAJO

No es en absoluto original afirmar que el 2020 pasará a la historia como “El año de la Pandemia”, pero tampoco es exagerado creer que para este país, además del año de la pandemia, el 2020 también será recordado en las páginas de efemérides como un “annus horribilis” para la familia Borbón.

El progresivo y constante alejamiento de la Corona respecto de la ciudadanía y el considerable aumento de la desafección popular hacia la institución monárquica no ha surgido de golpe, ni tampoco por casualidad. Desde que un 18 de abril de 2012, el que llaman “rey emérito” tuvo que disculparse públicamente por sus excesos, prometiendo que no volverían a suceder nunca hechos similares, la cascada de presunciones de delito, opacidad económica, cuentas bancarias secretas y desmesurados despilfarros de dinero público protagonizados por borbones no han dejado de ocupar cada cierto tiempo las cabeceras de los informativos y las primeras páginas de la prensa. A pesar de que no vivimos precisamente en un país en el que los medios de comunicación tengan ojeriza a la monarquía, todo lo contrario. Pero la magnitud de lo que ha ido ocurriendo estos 8 últimos años no ha podido ocultarse, pese a las complicidades y los pactos de silencio que han marcado desde 1981 las relaciones entre la Corona y las sucesivas “cloacas mediáticas”.

Sin embargo, después del nefasto discurso de octubre de 2017, en el que el ciudadano Felipe de Borbón refrendaba la cuestionable actuación de una justicia y unas Fuerzas de Seguridad siempre en entredicho; después del folletín de Corrina Larsen reclamando sus 65 millones de euros, no se sabe si en concepto de generoso regalo o de comisión en los oscuros negocios de su amante, Juan Carlos; después de las condenas a miembros de la familia real, de romances taurinos propios de zarzuela, de disparos en los pies de menores de edad y de innumerables despropósitos protagonizados por unos y por otros, en este año que ya acaba, cuando creíamos que lo habíamos visto ya casi todo, la familia Borbón ha vuelto a sorprendernos como si se tratase de un culebrón por entregas, digno de los mejores guionistas venezolanos de los 90. Buena prueba de ello es la huida del ex monarca al extranjero el pasado mes de agosto. Una fuga casi de película, con alevosía y secretismo, que le ha llevado a refugiarse en Emiratos Árabes Unidos como huésped del jeque Mohamed Bin Zayed, y que ha estado presumiblemente provocada por el comienzo de las acciones incoadas contra el “emérito” por el Ministerio Público, en las que se investigan posibles actividades financieras ilegales.

Pero, ha sido a raíz de esta fuga cuando se han ido destapando otros datos acerca de la forma tan peculiar con la que la familia Borbón gestiona sus ingresos, y el talante que se gasta a la hora de cumplir ante el fisco con sus deberes ciudadanos. Así que, por si fuera poco, lo ya conocido, hace pocos días también se ha sabido que el “emérito” hizo uso de dinero sin declarar, previamente depositado en las cuentas corrientes del empresario mexicano con pasaporte británico, Allen Sanginés-Krause, antiguo directivo de Goldman Sachs e inversor inmobiliario, y del coronel del Ejército del Aire y colaborador de la Casa del Rey, Nicolás Murga para hacer numerosas compras que no dejaban rastro alguno en Hacienda. Pero, Juan Carlos no ha sido el único que ha hecho trampas. Su mujer Sofía, sus hijas Elena y Cristina y varios de sus nietos, como es el caso de Froilán y Victoria Federica, también utilizaron las tarjetas “black” para su uso personal. Hasta el punto de calcularse que, al menos a lo largo de 3 años, el dinero que circuló por esas tarjetas superaría los 250.000 euros anuales gastados, entre otras cosas, en pagar billetes de avión con destino desconocido, sufragar abundantes compras en El Corte Inglés, innumerables desplazamientos en Uber e, incluso, adquirir y mantener una yegua pura sangre. Es destacable la insistencia de algunos medios de comunicación respecto a que ni Felipe ni Letizia, ni tampoco las hijas de estos, hicieron uso alguno de esas tarjetas opacas o de ese dinero no declarado. “Excusatio non petita, accusatio manifesta”, dice una conocidísima locución medieval…

Aquel “campechanismo” tan alabado por todos cuando Juan Carlos era rey, aquella “proximidad” del monarca hacia sus súbditos que los medios de comunicación ensalzaban, día sí y día también, son ya cosas del pasado. A día de hoy, la distancia que media entre la Corona y la calle se ha tornado casi infranqueable. El CIS no quiere ni plantearse preguntar a la ciudadanía que piensa de la monarquía porque el resultado de la encuesta podría ser demoledor. Y, para hacer aún más difícil la convivencia entre la Corona y el pueblo, no han dejado de acumularse actitudes irresponsables por parte, sobre todo, de los más jóvenes de la saga: Hay que recordar las incontables sandeces de Froilan y sus carísimos caprichos automovilísticos de 80.000 euros, o la habitual actitud díscola de la hija menor de Elena, Victoria Federica, que pasándose por el arco del triunfo las restricciones marcadas por el gobierno, se ha saltado el confinamiento cuando le ha apetecido, participando incluso en alguna que otra fiesta ilegal, como la celebrada hace unas semanas en pleno barrio de Salamanca de Madrid. Por no hablar de su último patinazo, esta vez con la prensa, a la que hace pocos días plantó cara con soberbia como si en vez de ser alguien a quién los españoles mantenemos con nuestros impuestos, fuese la participante de algún “reallity” televisivo, o la hija de alguna folclórica.

Pero, la guinda del pastel en esta compleja deriva que está empujando a la monarquía española fuera de la “zona de confort” en la que tan a gusto se movía desde que el dictador Franco nombró a Juan Carlos de Borbón su heredero a título de rey, la ha protagonizado uno de los estamentos más reaccionarios de la sociedad española: los militares retirados. El origen ha estado en la publicitación de una serie de conversaciones en redes sociales que, en cualquier país de la Unión Europea, salvo quizás Hungría y Polonia, habría significado la inmediata aplicación de la ley con unas graves consecuencias penales. El ruido que han hecho esos chats, las cartas y los comunicados instigados por algunos militares retirados que pertenecían al Ejército del Aire, han saltado a la luz llevándose por delante el corporativismo opaco de las FF. AA, y poniendo al descubierto la realidad de unos militares que chocheando desde su dorado retiro se permiten el lujo de olvidar la neutralidad política a la que la constitución les obligaba cuando estaban en activo. Desde 2018, cuando se dieron a conocer varios manifiestos a favor y en contra de un acto de exaltación franquista, no se había visto una situación como la de estos días, en la que militares, la mayor parte retirados, cierto, pero también algunos en activo hablaban abiertamente de un levantamiento militar, ensalzan la “irrepetible” figura del dictador Franco e intentan justificar, porque “no quedaba más remedio” (sic.), el fusilamiento de “26 millones de hijos de puta” (sic.), rojos, por supuesto.

Esta última agresión flagrante a la democracia ha sido, además, apoyada en tres diferentes manifiestos dirigidos a Felipe de Borbón, en los que, en línea con los ataques que las derechas vienen protagonizando desde enero contra el “gobierno socialcomunista que pone en peligro la unidad de España” (sic.), afirman que se han visto obligados a dar un paso al frente a causa de  “los desprecios a España, las humillaciones a sus símbolos, el menosprecio al Rey y los ataques a su efigie” (sic.) protagonizados según ellos, claro está, por el gobierno democráticamente surgido de las urnas y por sus socios de coalición.

No es preciso tener un doctorado en politología para vincular todo este ruido de sables enmohecidos al discurso y modus operandi del neofascismo de Vox y al repetitivo discurso del P.P. y de C’s contra el Gobierno de Coalición, al que continuamente tildan de ilegitimo, ilegal, homicida o criminal. Una realidad que ha llevado al ministro de Transporte y Movilidad, José Luís Ábalos a lamentar públicamente que en dichas cartas de los militares retirados haya “toda una serie de claves preconstitucionales” (sic.) y que por eso mismo no se pueda frivolizar, ya que hacerlo solo significaría blanquear a la ultraderecha. Un punto de vista compartido incluso por una persona tan alejada de la corriente más “zurda” del PSOE, como es la ministra de Defensa, Margarita Robles que, a pesar de los pesares, se ha visto obligada a poner estos hechos en manos de la Fiscalía.

Pero, lo más grave de toda esta añeja parafernalia antidemocrática, trufada de exabruptos chusqueros, de amenazas facciosas y de melancólicas añoranzas de asonadas cuarteleras es, sin duda, el silencio cómplice de quien desde el primer momento tenía que haber salido al paso de esta mascarada que apesta a rancho podrido y a letrina: Aquel que detenta su poder gracias a que los ciudadanos, hasta la fecha, se lo han permitido. Quien, según la constitución, debe representar a todos los españoles y debe velar, como jefe del estado y comandante en jefe de los ejércitos que es, por el respeto a la ley vigente y a lo que los ciudadanos eligen en las urnas. Y, sin embargo, a pesar de que sobre estos hechos han opinado militares, políticos, periodistas y contertulios, el vecino del quinto, mi cuñado y el frutero de la esquina, Felipe de Borbón, también conocido por el seudónimo de Felipe VI, ha enmudecido. Se ha escondido tras las bambalinas; no se ha dignado, ni tan siquiera, a imprimir su firma en algún comunicado que desde Casa Real se hubiese podido emitir para condenar los hechos -lo que hubiese sido de agradecer, y también lo lógico- o, por lo menos, para desmarcarse rotundamente de aquellos que dicen obrar, casi en su nombre, por el bien de la Corona y de España.

Es un verdadero enigma entender por qué Felipe de Borbón no ha dicho ni mus frente a estos acontecimientos que tan flaco favor le hacen, pero estando tan solo a 5 meses de la celebración del 90 aniversario de la proclamación de la IIª República Española, yo, en su pellejo, me lo haría mirar. Ya sabemos eso de que no hay 2 sin 3…

ARRIBA, ABAJO

Arriba, abajo,
que Felipe se busque un trabajo,
abajo, arriba,
no queremos a la monarquía.

Que sí que, que no qué,
que se vaya Juancar con su corte
que no qué, que sí que,
que se lleve también a Felipe.

Entre tropas y trompazos
y cacerías germanas
se ha hecho Juancar embajador
de la voz republicana.
De la voz republicana
entre tropas y trompazos.

Arriba, abajo,
que Felipe se busque un trabajo,
abajo, arriba,
no queremos a la monarquía.

Que sí que, que no qué,
que se vaya Juancar con su corte
que no qué, que sí que,
que se lleve también a Felipe.

Su yerno un-mangarín
figura del talón-mano
sigue la estela entre matas
de tan vivo soberano.
De tan vivo soberano
su yerno un-mangarín.

Arriba, abajo,
que Felipe se busque un trabajo,
abajo, arriba,
no queremos a la monarquía.

Que sí que, que no qué,
que se vaya Juancar con su corte
que no qué, que sí que,
que se lleve también a Felipe.

Pa rematar el Froilán,
también gusta de escopetas:
su abuelo le enseñará
a apuntar a la cabeza.
A apuntar a la cabeza
pa rematar el Froilán.

Letra y música: Adebán. 2014

Las imágenes de Franco y del Rey, Felipe VI, boca abajo en señal de protesta en Bilbao por la sentencia del «procés». 2019.

Esta entrada fue publicada en Musikaz blai y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a ARRIBA, ABAJO

  1. Pingback: Abenduaren 24a de diciembre. 21:00 TBrik EZ | ERREPUBLIKA PLAZA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .