LA VARSOVIANA

La madrugada del 6 al 7 de noviembre de 1917, el Comité Militar Revolucionario, al servicio del Soviet de Petrogrado y capitaneado por Trotsky, ordenó a su improvisada Guardia Roja, formada principalmente por obreros armados, soldados, marineros y militantes bolcheviques, iniciar un golpe insurreccional contra el Gobierno Provisional liderado por Kerensky, y ocupar todos los centros estratégicos de la ciudad. La elección del día “D” había sido por decisión expresa de Lenin, para que coincidiese con la celebración del 2º Congreso de los Soviets, que estaba previsto que se reuniese el mismo día 7.

La logística de la sublevación, largamente estudiada por el Comité Militar Revolucionario, se demostró tan eficaz que la Guardia Roja pudo hacerse con el control de la ciudad en pocas horas. Al contrario de la dinámica que hasta entonces habían marcado los intentos revolucionarios que, con éxito o sin él, se habían producido, tanto en Europa como en América, el golpe de mano de los bolcheviques, uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX, se había producido sin que casi nadie lo notase: con los teatros en funcionamiento, los tranvías circulando, las tiendas abiertas y un resultado en bajas de tan solo 5 muertos y un par de decenas de heridos.

Pero, aunque la toma fáctica del poder no había tenido mayores dificultades que las descritas, para que aquel levantamiento, llevado a cabo por un puñado de milicianos, tuviese unas consecuencias prácticas necesitaba ser ratificado por el pueblo, por lo que al día siguiente, 7 de noviembre, en la apertura del 2.º Congreso Panruso de los Sóviets de Diputados de Obreros y Campesinos se anunció oficialmente la disolución del Gobierno Provisional, estando presentes  562 delegados, de los que los bolcheviques y los socialrevolucionarios de Izquierda​ sumaban 4/5 partes del total.

En aquel mítico Congreso Panruso de los Soviets, unos 50 delegados que representaban a los mencheviques (fracción minoritaria del Partido Social Demócrata Ruso) y a los socialistas revolucionarios de derechas, alegaron que el golpe insurreccional había sido ilegal y abandonaron el congreso para crear un autodenominado Comité de Salvación de la Patria y de la Revolución. Aquella deserción en el seno de los sublevados obligó a Trotsky a improvisar una resolución que, entre otras cosas afirmaba: “El 2.º Congreso debe ver que la salida de los mencheviques y de los socialrevolucionarios es un intento criminal y sin esperanza de romper la representatividad de la asamblea cuando las masas intentan defender la revolución de los ataques de la contrarrevolución.” Consecuentemente, se ratificó la creación del Sovnarkom (Consejo de Comisarios del Pueblo), constituido en su totalidad por bolcheviques, como embrión del que tendría que ser el primer gobierno revolucionario soviético y que sería justificado por Lenin un día después con esta afirmación: “No es nuestra responsabilidad si los socialrevolucionarios y los mencheviques han abandonado el congreso. Nosotros les habíamos propuesto compartir el poder invitando a todo el mundo a participar en el gobierno”.

En aquella jornada histórica del 8 de noviembre de 1917, el recién nombrado Consejo de Comisarios del Pueblo promulgó el Decreto sobre la tierra, por el que “las grandes propiedades territoriales quedan abolidas inmediatamente, y sin indemnización alguna”; el decreto de abolición de la pena de muerte; el llamado decreto de abolición de “La Diplomacia Secreta”; las bases para la firma de la paz con Alemania y el Imperio Austro-Húngaro, con quien se estaba en guerra desde 1914; la nacionalización de los bancos (aunque no se ejecutó hasta mediados de diciembre); el control obrero sobre la producción, la creación de una milicia obrera, la soberanía e igualdad de todos los pueblos de Rusia, su derecho de autodeterminación, la supresión de cualquier privilegio de carácter nacional o religioso, y así hasta un total de 33 radicales reformas que cambiarían el curso de la historia, tanto en Rusia como fuera de ella.

Paradójicamente, en aquel 2.º Congreso de los Sóviets que aprobó la revolución, León Trotski hizo una afirmación que en aquellos momentos de euforia pasó desapercibida, a pesar de que el curso implacable de la historia demostró que aquellas palabras no se habían pronunciado en vano: “O bien la Revolución rusa aumentará el torbellino de la lucha en Occidente, o los capitalistas de todos los países asfixiarán nuestra revolución”.

 

ВАРШАВЯНКА

Вихри враждебные веют над нами,
Темные силы нас злобно гнетут.
В бой роковой мы вступили с врагами,
Нас еще судьбы безвестные ждут.

Но мы подымем гордо и смело
Знамя борьбы за рабочее дело,
Знамя великой борьбы всех народов
За лучший мир, за святую свободу!

(Припев)
На бой кровавый, Святой и правый,
Марш, марш вперед, Рабочий народ!
На бой кровавый, Святой и правый,
Марш, марш вперед, Рабочий народ!

Мрёт в наши дни с голодухи рабочий,
Станем ли, братья, мы дольше молчать?
Наших сподвижников юные очи
Может ли вид эшафота пугать?

Мщенье и смерть всем царям-плутократам!
Близок победы торжественный час.
На бой кровавый, Святой и правый,
Марш, марш вперед, Рабочий народ!

Música: Popular. Letra en ruso: Gleb Maksimilianovich Krzyzanowski.

LA VARSOVIANA

Hostiles torbellinos sobrevuelan nuestras cabezas,
Fuerzas oscuras nos están oprimiendo,
En la batalla a la que estábamos destinados,
Un futuro incierto nos espera.

Pero con orgullo y valor
Levantaremos la bandera de la lucha obrera
La bandera de la gran batalla de los pueblos,
Por un mundo mejor y la libertad definitiva

(Estribillo)
A una batalla sangrienta, severa y justa,
¡Marchen, avancen trabajadores!
A una batalla sangrienta, severa y justa,
¡Marchen, avancen trabajadores!

¿Debe el trabajador seguir muriendo de hambre?
Hermanos ¿Vamos a seguir callados?
¿Puede la visión de la horca
asustar a nuestros jóvenes camaradas?

Venganza y muerte al Zar y a los plutócratas
La hora solemne de la victoria está cerca
A una batalla sangrienta, severa y justa
¡Marchen, avancen trabajadores!

(NOTA: La presente versión de LA VARSOVIANA, está interpretada en idioma finés, por el grupo finlandés Åttopojat. La elección de esta versión se debe a que sus arreglos se acercan más a como se cantaba al principio del siglo XX (entre 1905 y 1917), en contraste con otras versiones más solemnes y pretenciosas posteriormente utilizadas durante el periodo estalinista.)

«Pan, Paz y Tierra». Principal consigna bolchevique para llamar a la revolución de noviembre de 1917.

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