AND WE’LL FIGHT FASCISTS TOO

And we’ll fight fascists too. Ryan Harvey. 2015

En los primeros días de este mes de abril hemos contemplado estupefactos como el Congreso de los Diputados se ha convertido, una vez más, en el escenario elegido por los agitadores falangistas para increpar, injuriar, insultar e intentar demonizar a quienes, por el poder que otorgan las urnas, representan al gobierno de la nación.

José María Sánchez García un esperpéntico individuo, catedrático de derecho canónico y juez en excedencia, con un aspecto físico más acorde con el de los más refractarios personajes de los dramas valleinclanescos que con el de cualquier ciudadano del siglo XXI, por muy nacional-católico que se pretenda ser, volvió a ocupar titulares a costa de los insultos que dedicó al presidente del gobierno y a uno de sus ministros durante una reciente sesión de Cortes. Esta no ha sido la primera vez que este elemento, extraña mezcla de Torquemada y Vázquez de Mella, ha despotricado contra sus antagonistas políticos desde la más ordinaria zafiedad. Si en 2019 se atrevía a calificar de “bruja” o de “chillona” a sendas diputadas de partidos diferentes; a dirigirse en masculino a la vicepresidenta Carmen Calvo y a enorgullecerse públicamente de ser un machista de manual, hace pocos días ha rizado el rizo al comparar, sin retractarse en ningún momento, a Félix Bolaños con Joseph Goebbels y a Pedro Sánchez con Adolf Hitler, al identificarlo como el “führer” del ministro de la Presidencia. “Cree el ladrón que todos son de su condición”, afirma el refranero.

Es obvio que todos estos sainetes representados por la extrema derecha no pasarían de ser meramente anecdóticos y chuscos si no fuera porque esta retórica incendiaria de boina roja y cachiporra está consiguiendo normalizarse hasta el punto de que se cuentan por decenas aquellos políticos, periodistas mamporreros o simplemente correveidiles, que se llaman a sí mismos demócratas aunque defienden la dinámica de continua agresividad —en principio solo verbal, ya veremos en que desemboca—  como si se tratase de un derecho implícito a aquello que osan etiquetar como libertad de expresión. Sin embargo, nada más lejano del espíritu de la democracia y de la libertad que las desmesuradas hipérboles, las tópicas calumnias y las desaboridas imprecaciones que suelen vomitar los nuevos “escuadristas” de este tardofranquismo viejuno al que unos cuantos señoritos amargados están abocando a todo un país a revivir.

Es, cuanto menos, de un dañino atavismo que una banda de delincuentes con apellidos compuestos, como lo son una buena parte de la ultraderecha patria, se puedan permitir el lujo, al albur de unas leyes y costumbres que datan de otros tiempos, de gozar de absoluta impunidad cuando usan la mentira y la impostura como vía para atentar contra el honor o intentar desacreditar a todos aquellos que, o bien no les ríen siempre las gracias —como es el caso de algunos, poquísimos, diputados del Partido Popular a los que aún les queda un ápice de vergüenza— o bien les desenmascaran y desarman, como suele ocurrir la mayor parte de las veces entre las filas de la izquierda, con razonamientos tan contundentes como aquellos con los que suele responder Yolanda Díaz a los exabruptos falangistas. Sea como sea, tanto la impunidad como la inviolabilidad con la que el ordenamiento jurídico español protege a congresistas y senadores es una de las causas, si no la principal, de la polarización semántica que domina en ambas cámaras y que, como consecuencia lógica, también se ha adueñado de los medios de comunicación y de las redes sociales. Hay toda una jurisprudencia que demuestra con que magnanimidad se ha permitido que auténticos “camisas viejas” de la difamación hayan maniobrado a sus anchas en el mundo del insulto, el bulo y las “fake news” sin que hayan tenido ni tan siquiera que retractarse. Algo muy diferente de lo que les ha pasado a los que en ocasiones se han atrevido desde la izquierda a denunciar a instituciones como la Corona, la justicia, el ejército o la iglesia: Hay algún que otro músico, unos cuantos manifestantes y sindicalistas, un par de raperos y varios periodistas y escritores que pueden confirmarlo desde sus celdas del penal.

Vivimos una época en la que la intolerancia y el totalitarismo intentan adueñarse, no solo de los gobiernos, sino también de la ética, la estética, los discursos, el imaginario y hasta de los recuerdos. El eufemismo se ha convertido en “neo-lengua”, el disimulo en postureo, la estafa en posverdad. Todo en aras de provocar una globalización de la amnesia que solo está sirviendo para abrirle puertas y más puertas al fascismo. Sobre todo, cuando algunos partidos políticos, como es el caso del P.P. en España, no tienen ningún reparo en dar cancha en gobiernos regionales a aquellos que, si no se andan con ojo, no solo pueden llegar a sorpasarlos sino que, con un poco de mala suerte pueden incluso convertirse en sus verdugos. No hace falta bucear demasiado en los libros de historia para descubrir aquellos casos en los que los promotores del fascismo se convirtieron en una más de sus víctimas.

Ya no hay casi ninguna jornada electoral en el mundo con la que no suframos taquiarritmias por la posibilidad de que los fascistas se salgan con la suya: Años atrás fueron Brasil, Estados Unidos, Polonia o Bielorrusia. Ahora, las recientes noticias de Hungría y Serbia y la incertidumbre con la que estamos viviendo la primera vuelta de las elecciones francesas son una buena prueba de ello. Una sensación terriblemente estresante y descorazonadora, especialmente cuando caemos en la cuenta de que hoy, 9 de abril, el día en el que escribo estas líneas, se cumplen 45 años de la legalización del Partido Comunista de España (P.C.E.). Máximo ejemplo de lo que hace décadas pudo suponer la fuerza de la calle para una dictadura en descomposición que no se resignaba a abandonar el yugo y las flechas sin antes llevarse por delante a unas cuantas docenas de líderes sindicales, estudiantes antifascistas, luchadores demócratas o abogados laboralistas. Una legalización que, por desgracia, no fue igual para todos (en aquella época, paradójicamente, hasta en la izquierda había clases…) y que, a pesar de significar la conquista de algo muy cercano a un sueño para centenares de miles de españoles que llevaban 40 años cohabitando con el miedo como forma de vida cotidiana, en contrapartida también supuso la renuncia de todo un país a una forma diferente de estado, a exigir el juicio y la condena de los culpables de su atroz tragedia, a comenzar una nueva era con un jefe del estado elegido en urnas, una bandera que no estuviera manchada de sangre y oprobio y una justicia, un ejército y una policía que no hubiesen sido cómplices de la dictadura, la tortura y la represión. No hubo redaños para sellar definitivamente la caja de Pandora que se había abierto el 1 de abril de 1939 y, es por eso que hoy, 45 años después de aquel “sábado rojo” de 1977, tengamos que apechugar con la presencia de gentuza del calibre de José María Sánchez García, Rocío Monasterio, Iván Espinosa de los Monteros, Javier Ortega Smith, Macarena Olona y otros tantos “oberstgruppenführer” de VOX escupiendo veneno contra todo y contra todos desde los bancos de la sede de la soberanía popular española. “Cuanta puta y yo tan viejo”, que decía Siniestro Total

AND WE’LL FIGHT FASCISTS TOO

Soon he’ll be a prisoner like his comrades have become
But he’s proud when he tells their story cuz he’s proud of what they’ve done
He’s an anti-fascist from the ranks of the working-class
And when the Nazis come to town, he doesn’t let em pass
.

He’s says “my grandfather fought fascists cuz it’s what he had to do”
You can threaten me with prison time but I’ll fight fascists too
Maybe my body be a barricade that won’t let fascist through
In the name of my grandfather, and for me and you,
And for the future we’ll fight fascists too
.

He says “two years is injustice, but it’s twice as good as four”,
A much higher price was paid by those who suffered through the war
And I’ll be damned if my action lets that power rise again
We can bury the hatchet once we bury fascism.

Cuz my grandfather fought fascists cuz it’s what he had to do
You can threaten me with prison time but I’ll fight fascists too
Maybe my body be a barricade that won’t let fascist through
In the name of my grandfather, and for me and you,
And for the future we’ll fight fascists too.

It takes more than fists to stop oppression for hate’s born in the heart
But alongside the slow shifts, the fist must play its part
For the violent deeds of a fascist few can silence everyone
We can bury the hatchet once we bury fascism.

Cuz my grandfather fought fascists cuz it’s what he had to do
You can threaten me with prison time but I’ll fight fascists too
Maybe my body be a barricade that won’t let fascist through
In the name of my grandfather, and for me and you,
And for the future we’ll fight fascists too.

Letra y música: Ryan Harvey. 2015

Y NOSOTROS TAMBIÉN LUCHAREMOS CONTRA LOS FASCISTAS

Pronto le detendrán como pasó con sus camaradas,
Pero está orgulloso cuando cuenta su historia porque está orgulloso de lo que hizo.
Es un antifascista de clase obrera
Y cuando los nazis llegan a la ciudad no los deja pasar.

Dice: «Mi abuelo luchó contra los fascistas porque era lo que tenía que hacer,
Puedes amenazarme con la cárcel, pero yo también lucharé contra los fascistas.
Puede que mi cuerpo se convierta en una barricada que no deje pasar a los fascistas.
En nombre de mi abuelo, y por ti y por mí y por el futuro,
Nosotros también lucharemos contra los fascistas”.

Dice que, «dos años es una injusticia, pero es el doble de bueno que cuatro.
Pagaron un precio mucho más alto los que sufrieron la guerra,
Y que me aspen si mi actitud permite que ese poder se alce de nuevo.
Podemos enterrar el hacha de guerra pero solo si enterramos el fascismo”.

Porque mi abuelo luchó contra los fascistas porque era lo que tenía que hacer,
Puedes amenazarme con la cárcel, pero yo también lucharé contra los fascistas.
Puede que mi cuerpo se convierta en una barricada que no deje pasar a los fascistas.
En nombre de mi abuelo, y por ti y por mí y por el futuro,
Nosotros también lucharemos contra los fascistas.

Hace falta algo más que los puños para detener la opresión,
Porque el odio nace en el corazón.
Pero al mismo tiempo que se avanza con lentos cambios,
El puño también tiene que jugar su papel.
Porque la violencia de unos pocos fascistas puede hacernos callar a todos.
Podemos enterrar el hacha de guerra pero solo si enterramos el fascismo.

Porque mi abuelo luchó contra los fascistas porque era lo que tenía que hacer,
Puedes amenazarme con la cárcel, pero yo también lucharé contra los fascistas.
Puede que mi cuerpo se convierta en una barricada que no deje pasar a los fascistas.
En nombre de mi abuelo, y por ti y por mí y por el futuro,
Nosotros también lucharemos contra los fascistas.

Traducción libre: Liova37.

«Talluditos» luchadores antifascistas en una manifestación en EE.UU. Primavera de 2020.
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