IF YOU TOLERATE THIS THEN YOUR CHILDREN WILL BE NEXT

«If you tolerate this then your children will be next». Manic Street Preachers. 1998

 

Si Steve Bannon y Matteo Salvini escribiesen a pachas un Manifiesto Populista, bien podrían comenzarlo con las siguientes palabras: «Un fantasma recorre Europa: el fantasma de la libertad», porque pocas veces en la historia, los opresores han empleado con tanta profusión y de forma tan artera la palabra LIBERTAD.

El sentido que los correligionarios de los nuevos fascismos intentan imprimir al concepto de libertad no solo está a mil años luz de aquel con el que en 1948 se introdujo en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y que no contaba con muchas más limitaciones que el mero respeto a la libertad de los demás, sino que además es absolutamente antagónico respecto al ideario de los que pretenden imponer el pensamiento único mediante estrategias tan torticeras como las que cuestionan la legitimidad de la lucha contra el totalitarismo y la intolerancia, porque, según ellos y en base a la libertad de expresión, se trata de prácticas «antidemocráticas».

Cada día es más patente que los actuales fascismos, como ya lo hizo en su día el nacional-socialismo alemán, se sirven de la permisividad que demuestra el sistema democrático con la defensa de las libertades para utilizar esa misma vía mientras les resulta útil, a pesar de que no se trate más que de una táctica encaminada a debilitar los propios pilares del sistema en beneficio de unos intereses que nada tienen que ver con amparar la libertad y sí con recortarla a la medida de sus intereses, cuando no de hacerla desaparecer completamente para sustituirla por cualquier tipo de dictadura. No deja de ser paradójico que, mientras la libertad no puede ser tal si no conlleva una responsabilidad tanto individual como social, para los voceros de los fascismos el contenido social desaparece radicalmente para solo destacar los aspectos más unipersonales del concepto: Nadie puede prohibirme; tengo derecho a hacer lo que quiera; no puede obligarme a nada… Sin embargo, cuando esos mismos apologetas del libertarismo consiguen hacerse con el poder, lo ejercitan de forma tan vehementemente inhumana que suelen provocar millones de víctimas como resultado de la extrema violencia con la que sustentan su autoridad.

Bien es cierto que esta «luna de miel» que los fascismos actuales mantienen con el concepto de libertad no debería de pillarnos desprevenidos. Hace ya casi tres cuartos de siglo que, en el curso de una conferencia pronunciada en una universidad californiana, el escritor germano Thomas Mann (y no George Orwell, como algunos mantienen) afirmó lo siguiente: «Let me tell you the whole truth: if ever fascism should come to America, it will come in the name of freedom» («Permitidme que os diga una verdad: si el fascismo llega alguna vez a América, vendrá en nombre de la libertad»). Una frase que adquiere hoy en día una impresionante vigencia, tanto si nos ceñimos al mero ámbito geográfico al que se refirió Mann, como si la extrapolamos a otras muchas zonas del globo, incluida la vieja Europa. La palabra libertad, esa misma que formó parte de todos los anhelos emancipadores del ser humano, desde Espartaco a las primaveras árabes, hoy está siendo utilizada por sus más acérrimos enemigos como ariete mediante el que pretenden desmoronar la Democracia.

Aunque ya hace unos cuantos años que los nuevos fascismos comenzaron a chapar en oro la palabra libertad, otrora denostada, despreciada y considerada propia de «Comunistas, judíos y demás ralea (Pio Baroja dixit)», la pandemia provocada por el COVID-19 está sirviendo de inestimable caballo de Troya para popularizar masivamente un aspecto peligrosamente individualizante de lo que nos quieren vender por libertad: La libertad de desobedecer sin motivo; la libertad de no respetar la voluntad de la mayoría; la libertad de decidir sobre aquello de lo que no tengo ni puñetera idea; la libertad de hacer lo que me plazca sin atenerme a las posibles consecuencias; la libertad del «porque yo lo valgo» o la libertad del «porque yo lo pago»: Espurias caricaturas, en definitiva, de lo que algunos entienden por ser libres, aunque ni tan siquiera se molesten en plantearse cuales deberían de ser los límites lógicos que implica el hecho de que los humanos seamos seres sociales que vivimos en una colectividad.

Durante estos casi ya dos años que llevamos conviviendo con la pandemia, han sido innumerables las ocasiones en las que hemos podido comprobar como algunos iluminados, dictadorzuelos o simplemente imbéciles han provocado las más absurdas polémicas en base a reclamar una libertad que nunca se han ganado y que, si nos ponemos exigentes, posiblemente no tengan ni tan siquiera derecho a disfrutar, porque su insensatez ha rayado lo tóxico. Individuos declaradamente incompetentes como los tristemente famosos Donald Trump, Jair Bolsonaro o Narendra Modi, que pasarán a la historia por su criminal gestión de la pandemia en sus respectivos países;  esperpénticos líderes negacionistas como el australiano Max Dulumunmun (muerto el pasado diciembre tras contagiarse de COVID en el mitin negacionista que él mismo protagonizaba), el norteamericano Steve Harmon (que se negó a recibir la vacunas por supuestos motivos religiosos y que murió en julio dejando como su inmenso legado para la humanidad la frase de: «No sé cuándo me despertaré, por favor recen»), el austriaco Johann Biacsics (que incitó a desobedecer las directrices sanitarias de su gobierno y que también murió hace pocas semanas después de intentar inmunizarse mediante lavativas de lejía) o el «profeta» anti-vacunas italiano, Lorenzo Damiano, que acabó retractándose de su negacionismo cuando se vio prostrado en una cama de hospital sin poder apenas respirar. Personajes, todos ellos, a medio camino entre la estulticia congénita, el analfabetismo socio-cultural y un desmesurado mesianismo, directamente relacionado con el populismo más reaccionario; antihéroes del siglo XXI que no dudaron ni un segundo en arriesgar la vida de sus semejantes con tal de imponer sus estrafalarias creencias en base a una desmesurada egolatría y que, sin embargo, han sido aupados a lo más alto por millones de seguidores, gracias a que leyes democráticas, resultados electorales o, simplemente, la libertad se lo han permitido, aun a riesgo de suponer una amenaza para sus congéneres.

Es obvio que ninguno de estos aciagos personajillos podría haber ocupado ni una sola línea de ningún titular si no hubiesen existido millones de borregos que los jaleaban, quizás en un intento de sublimar sus muchas frustraciones mediante comportamientos antisociales, que solo pueden servir para facilitar el ascenso al poder de las ideologías más intolerantes. Desnortadas masas enfurecidas, capaces de acusar de racismo, xenofobia y no sé cuántas cosas más, a un gobierno como el de Australia, que ha destacado por una impecable gestión de la pandemia, simplemente porque le ha denegado el permiso a disputar unos partidos al número uno del tenis mundial y multimillonario “divo” de la raqueta que, por otra parte, se jactaba de no haber querido vacunarse, a pesar de que hace pocos días dio positivo en COVID. La visión de aquellas decenas de energúmenos haciendo suya la causa de un niñato empecinado en que las leyes de todo un país tuviesen que amoldarse a sus intereses, prioritariamente económicos, porque su idea de libertad así lo exigía, me ha recordado las palabras llenas de coherencia de Jason Stanley, el autor de «Facha», cuando hace un par de años fue entrevistado en España con ocasión de la publicación de aquel libro:

“Hay un problema con la educación y la cultura. Cuando voy a España, lo más chocante para un judío estadounidense es ver a la gente celebrando la Reconquista o el colonialismo. ¿Se enseña en las escuelas como si fuera un crimen o como una gesta de exploradores heroicos? O que Franco siga enterrado en un monumento y no avergonzado como uno de los últimos líderes fascistas de Europa. Lo mismo pasa en los EE.UU. Tenemos estatuas dedicadas a generales que lucharon para preservar la esclavitud. Por el contrario, el país que mayor éxito ha tenido lidiando con su pasado, Alemania, es el país con la democracia más fuerte. Alemania ha demostrado que un enfrentamiento franco y abierto con el pasado es la mejor forma de superarlo.”

IF YOU TOLERATE THIS THEN YOUR CHILDREN WILL BE NEXT

The future teaches you to be alone
The present to be afraid and cold
«So, if I can shoot rabbits then I can shoot fascists».

Bullets for your brain today
But we’ll forget it all again
Monuments put from pen to paper
Turns me into a gutless wonder.

And if you tolerate this then your children will be next
And if you tolerate this then your children will be next
Will be next, will be next, will be next.

Gravity keeps my head down
Or is it maybe shame
At being so young and being so vain.

Holes in your head today
But I’m a pacifist
I’ve walked La Ramblas but not with real intent.

And if you tolerate this then your children will be next
And if you tolerate this then your children will be next
Will be next, will be next, will be next, yeah will be next.

And on the street tonight
An old man plays
With newspaper cuttings of his glory days.

And if you tolerate this then your children will be next
And if you tolerate this then your children will be next
Will be next, will be next, will be next

Letra y música: Manic Street Preachers. 1998

SI TOLERAS ESTO, ENTONCES TUS HIJOS SERÁN LOS SIGUIENTES (*)

El futuro te enseña a estar solo
El presente a tener miedo y frío
«Así que si puedo disparar a los conejos también puedo disparar a los fascistas».

Hoy son balas para tu cerebro
Pero volveremos a olvidarlo todo otra vez
Monumentos puestos desde la pluma al papel
Me convierten en una maravilla sin agallas.

Y si toleras esto entonces tus hijos serán los siguientes
Y si toleras esto entonces tus hijos serán los siguientes
Serán los siguientes, serán los siguientes, serán los siguientes.

La gravedad me hace bajar la cabeza
O es quizás la vergüenza
Por ser tan joven y ser tan vanidoso.

Agujeros en la cabeza hoy
Pero soy un pacifista
He caminado por las Ramblas pero sin mayor intención. (**)

Y si toleras esto entonces tus hijos serán los siguientes
Y si toleras esto entonces tus hijos serán los siguientes
Serán los siguientes, serán los siguientes, serán los siguientes, sí serán los siguientes.

Y en la calle esta noche
Un anciano juega con recortes de periódicos de sus días de gloria.

Y si toleras esto entonces tus hijos serán los siguientes
Y si toleras esto entonces tus hijos serán los siguientes
Serán los siguientes, serán los siguientes, serán los siguientes.

Traducción libre: Liova37

(*) Esta canción intenta paralelizar la indiferencia con la que la juventud británica de finales del siglo XX favoreció al auge del neo-liberalismo, con la que, salvo honrosas excepciones, también demostraron 70 años antes los jóvenes frente al ascenso del fascismo, cuando en 1936 giraron la cabeza para no reconocer que la Guerra Civil española era el preludio de la hecatombe que asolaría el mundo a partir del 1 de septiembre de 1939.

(**) La referencia a “Las Ramblas” de Barcelona es un explicito homenaje a George Orwell, que durante la Guerra Civil española también las paseó, pero no como turista, sino como miliciano combatiente, encuadrado en una columna del P.O.U.M.

 

¿Y tú me lo preguntas…? Populismo eres tú. Isabel Diaz Ayuso Aka IDA en el balcón de Génova, 3. 04/05/2021
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