GLAD TO BE GAY

“Glad to be gay”. Tom Robinson Band. 1976

El pasado sábado 3 de julio, coincidiendo con las manifestaciones que se celebraban en muchas ciudades españolas para conmemorar el Día del Orgullo Gay, una manada de energúmenos asesinaba a patadas y puñetazos en A Coruña a un joven de 24 años, sin que por el momento se haya dado a conocer oficialmente cual fue la chispa que inició aquella salvajada, a pesar de que numerosos testigos afirmen que durante la brutal paliza los agresores imprecaron a la víctima en varias ocasiones con gritos de, ¡MARICÓN!

Días después de este brutal asesinato sigue especulándose con que Samuel Luiz Muñiz pudo haber sido agredido a causa de un absurdo malentendido con un teléfono móvil, pero es plausible que ese no fuese ni el único ni el principal motivo. Desgraciadamente, es más que probable que, al ser decretado el secreto de sumario por la jueza que instruye el caso, se tarde bastante en dar a conocer la verdadera causa de la agresión, y si esta se debió o no a un delito de odio. Sin embargo, si nos remitimos a otros casos de índole parecida, quizás nunca lleguemos a conocer el móvil real de este brutal asesinato, a pesar de que la familia del fallecido asegure que ha estado inducido por la exacerbada homofobia de la que hicieron gala sus asesinos. Lo que desgraciadamente es más que imaginable es que si el muerto hubiese sido algún ultraderechista, un respetable empresario o un miembro de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, ya conoceríamos con pelos y señales no solo el móvil del crimen y a sus responsables, sino además los más mínimos detalles de la tragedia e, incluso, la talla de calzoncillos que usaban sus asesinos.

Sea cual sea el motivo por el que esa jauría descontrolada asesinó a Samuel, de lo que no cabe duda es de que en los últimos 5 años ha habido en España un aumento exponencial de las agresiones homófobas. Y, si bien es cierto que durante los meses de la pandemia se ha notado en algunas comunidades una ralentización de este tipo de delitos, en otras, por el contrario, se han prodigado de forma notable, aunque hayan pasado de cometerse mayoritariamente en un ámbito público y más visible, a otro familiar y, por lo tanto, más difuminado y opaco. A pesar de las discrepancias existentes entre los datos oficiales y los que aportan los diferentes observatorios contra la LGTBfobia, desde 2016 a 2019 los delitos de odio por orientación sexual o por identidad de género pasaron en nuestro país de 169 a 278 y durante el 2020 se registraron 180 incidencias, a pesar del confinamiento. Estos datos pueden suponer en términos objetivos -el confinamiento marca una importante diferencia- un repunte porcentual de las agresiones de entre un 15 y un 25%, dependiendo de zonas geográficas. A esto hay que sumar que en los primeros 5 meses de este mismo año hay ya computadas más de 80 agresiones de esta índole, y el que en ninguna región han descendido los casos, a pesar de que las denuncias presentadas solo corresponden a una mínima parte de las agresiones existentes: Concretamente entre un 2 y un 5% del total, según los expertos.

No hay que ser ningún erudito en la materia para colegir, con nulo margen de error, que el aumento de las agresiones homófobas ha discurrido paralelo a la aparición y al asentamiento institucional de la ultraderecha. No es una mera coincidencia que la curva de delitos y agresiones homófobas no haya parado de ascender desde que VOX apareció en la vida política española. Ellos y sus compinches de Hazte Oír, Abogados Cristianos, o la cínicamente autodenominada, “Plataforma por las Libertades”, han conseguido introducir en el debate público del país un inaceptable discurso de odio que crispa los ánimos, fomenta la violencia y polariza la sociedad. Una peligrosa dinámica que enardece a los sectores más reaccionarios, al tiempo que les jalea para que generen un agresivo activismo retroalimentado por la impunidad que le facilita la tibia pasividad de determinadas autoridades, entre las que podemos encontrar tanto alcaldes, como obispos, jueces o mandos policiales. Algo que no sería posible sin la necesaria colaboración de aquellos que, a pesar de sus relevantes cargos y de la responsabilidad de implican sus decisiones, optan, sin atisbo alguno de vergüenza, por prevaricar con absoluto descaro para favorecer peligrosas actitudes políticas, morales y religiosas más propias del siglo XVI que del que nos ha tocado vivir.

Como afirma Toño Abad, director del Observatorio Valenciano contra la LGTBFobia: “La homofobia y la discriminación por razón de orientación sexual o identidad de género es una agravante que contempla el Código Penal…  Hay un orden legal y jurídico y hay que respetarlo. Lo que pasa es que sale muy barato pegar una paliza a un maricón…”. Y es quizás ahí donde reside la raíz el problema, porque, a pesar de la existencia de leyes que garantizan los derechos de las personas LGTBI, a día de hoy aún no está en vigor ningún reglamento que marque un determinado régimen sancionador frente a esos delitos, ni tampoco los tan necesarios mecanismos de reparación moral o económica que puedan requerir las víctimas. Igual que en aquellos tiempos en los que la “kale borroka” estaba en auge en Euskadi, el condenar a los revoltosos al pago del mobiliario urbano destrozado se convirtió en una eficaz medida para frenar la violencia gratuita contra lo público, seguro que multas de cuantía ejemplar para resarcir a las víctimas de la violencia homófoba podrían ser, junto con las pertinentes condenas penales, magníficas herramientas para que los criminales homófobos se lo pensasen dos veces antes de agredir a alguien por su condición sexual. Pero ya sabemos que siempre ha sido más fácil llevar frente a un tribunal a un puñado de jóvenes radicales desnortados que a fieles cachorros del fascismo y a fanáticos meapilas.

Hace tan solo 3 años, naciones como España, Portugal, Italia, Grecia o Chipre eran importantes referentes en Europa por su actitud progresista frente a los derechos del colectivo LGTBI. Fue en España y Portugal, donde el matrimonio homosexual es legal desde hace años, y en Chipre, Italia o Grecia -países en los que se permitió el reconocimiento de las parejas civiles entre personas del mismo sexo- donde se vivieron los mayores y más positivos cambios. El revés de la moneda lo protagonizaron naciones como Rusia, Hungría, Bulgaria, Lituania, Polonia, Bielorrusia o Ucrania en las que, de la mano de gobiernos conservadores y ultranacionalistas, la homofobia institucionalizada y el recorte de los derechos de la comunidad LGTBI no solo han arraigado con más fuerza, sino que además han fomentado la exportación de sus ideas retrógradas a zonas históricamente mucho más tolerantes como ha sido el caso de nuestro propio país. No es gratuito que partidos como el FIDESZ – Unión Cívica Húngara, de Viktor Orban o Ley y Justicia del polaco Jarosław Kaczyński, ambos de decidida factura homofóbica y nacional-populista, se hayan convertido en unos referentes morales e ideológicos de primer orden para el partido de Abascal y Monasterio.

Afortunadamente, aquella peste que asoló Europa a lo largo de casi dos décadas del pasado siglo fue erradicada del ámbito político en 1945, cuando la derrota de los nazi-fascistas puso punto y final a la Segunda Guerra Mundial. Pero, a mediados de los años 70, cuando ya casi nadie recordaba aquel nefasto y sangriento periodo del pasado, algunos grupúsculos comenzaron a asomar de nuevo la patita al rebufo de la crisis económica, el desprestigio del sindicalismo de clase, la deslocalización industrial, las políticas económicas de corte neo-con y las falsas polémicas en torno a la inmigración. Pero no ha sido hasta la llegada del nuevo siglo, cuando el panorama europeo ha cambiado de forma notoria a causa del resurgir de antiguas fobias totalitarias, favorecidas por motivos tan variopintos como el impostado choque de civilizaciones -alentado en parte por el auge del fundamentalismo islámico-, o al amparo de la presunta moderación del discurso de los partidos neofascistas, en los que su aparente mutación nacional-populista ha facilitado la presencia entre sus filas de una nueva militancia, compuesta tanto por elementos de clara ideología fascista, como por  individuos apolíticos, empapados de racismo, xenofobia e incultura, y de lumpen proletarios blancos, alienados ideológicamente y desahuciados en lo económico.

Nuevos partidos que, a pesar de no haber perdido ni un ápice de la radicalidad y la beligerancia de la que presumían cuando vestían camisas pardas, negras o azules, no dudan en disfrazar viejos y peligrosísimos conceptos como la limpieza racial, la eugenesia o la madre patria bajo otras denominaciones más acordes con los nuevos tiempos como son: Soberanía, tradición o comunidad. Organizaciones que no dudan ni un instante en rebajar aparentemente la agresividad de sus postulados, siempre y cuando eso les sirva para reducir la distancia que los separa de las instituciones democráticas, y así conseguir que los partidos tradicionales permitan que el nuevo y edulcorado mensaje fascista se filtre en la raíz del discurso político hasta desnaturalizarlo.

Llegados a este punto es obligado preguntarse, ¿cómo podemos conseguir que las opciones totalitarias y antidemocráticas vuelvan a la remota marginalidad de la que nunca debimos permitir que saliesen? Evidentemente, el camino pasa, en primer lugar, por forzar a los partidos democráticos a que desistan de hacer el juego a cualquier atisbo de fascismo, aunque esto pueda repercutir negativamente en cortoplacistas pretensiones de suculentos beneficios electorales, y en no dudar ni un instante en ilegalizar -si así fuese necesario- a cualquier formación política que desafíe las más básicas normas de la democracia y del respeto a los derechos humanos. Pero también pasa por urgir a los diferentes gobiernos a que adopten leyes tajantes, contundentes y de obligado cumplimiento para todos los estados socios de la Unión Europea, destinadas a combatir de forma inequívoca el racismo, la homofobia, la desigualdad, el machismo y la xenofobia. Leyes que sean fácilmente asumibles, pero a la vez ambiciosas, rigurosas y, sobre todo, capaces de implementar mejoras palpables en las condiciones económicas, laborales y sociales de los habitantes de todos los países miembros.

Es imposible imaginar una Europa democrática y próspera, la misma con la que soñaron Georges Orwell, Primo Levi, Albert Camus, o Stefan Zweig sin antes construir un sólido y profiláctico cordón sanitario antifascista que penalice de manera efectiva el incumplimiento de las leyes pactadas en pro de la igualdad y la justicia. A ningún país le puede temblar la mano a la hora de defender que todas las personas que residan en el continente, provengan de donde provengan, sean amparadas por los mismos derechos y les obliguen los mismos deberes, evitando así que nadie pueda sufrir jamás exclusión alguna a causa de su origen, situación social, condición sexual, género, raza o cultura. Solo de esta manera, con osadía y determinación, evitaremos que cualquier noche de sábado vuelva a repetirse en otra ciudad europea la sórdida, trágica y vergonzante noticia de que un chaval de 24 años ha sido asesinado a palos por una banda de delincuentes fascistas mientras le gritaban maricón. Porque, como se leía en algunas pancartas exhibidas en las muchas manifestaciones convocadas a lo largo de estos pasados días para protestar contra ese asesinato homófobo: “LO QUE TE LLAMAN MIENTRAS TE MATAN, IMPORTA”

GLAD TO BE GAY

The British Police are the best in the world
I don’t believe one of these stories I’ve heard
‘Bout them raiding our pubs for no reason at all
Lining the customers up by the wall
Picking out people and knocking them down
Resisting arrest as they’re kicked on the ground
Searching their houses and calling them queer
I don’t believe that sort of thing happens here

Sing if you’re glad to be gay
Sing if you’re happy that way, hey
Sing if you’re glad to be gay
Sing if you’re happy that way

Pictures of naked young women are fun.
In Titbits and Playboy (*), page three of The Sun (**)
There’s no nudes in Gay News, our one magazine
But they still found excuses to call it obscene
Read how disgusting we are in the press
The Telegraph, People and Sunday Express (***)
Molesters of children, corruptors of youth
It’s there in the paper, it must be the truth

Try and sing if you’re glad to be gay
Sing if you’re happy that way, hey
Sing if you’re glad to be gay
Sing if you’re happy that way

Don’t try to kid us that if you’re discreet
You’re perfectly safe as you walk down the street
You don’t have to mince or make bitchy remarks
To get beaten unconscious and left in the dark
I had a friend who was gentle and short
He was lonely one evening, he went for a walk
Queerbashers (****) caught him and kicked in his teeth
He was only hospitalized for a week
And he still bears the scars

Sing if you’re glad to be gay
Sing if you’re happy that way, hey
Sing if you’re glad to be gay
Sing if you’re happy that way

So, sit back and watch as they close all our clubs
Arrest us for meeting and raid all our pubs
Make sure your boyfriend’s at least twenty-one
So only your friends and your brothers get done
Lie to your workmates, lie to your folks
Put down the queens and tell anti-queer jokes
Gay lib’s ridiculous, join their laughter.
“The buggers are legal now, what more are they after”
Tell them

Sing if you’re glad to be gay
Sing if you’re happy that way, hey
Sing if you’re glad to be gay
Sing if you’re happy that way

Sing if you’re glad to be gay
Sing if you’re happy that way, hey
Sing if you’re glad to be gay
Sing if you’re happy this way

Música y letra: Tom Robinson Band. 1976

ME ALEGRO DE SER GAY

La policía británica es la mejor del mundo.
No me creo ninguna de esas historias que he escuchado
Sobre que hacen redadas en nuestros pubs sin que haya motivo
Que ponen a los clientes contra la pared
Señalan a la gente y la tumban a golpes
Por resistirse a ser arrestada y molida a palos
Que registran sus casas y los llaman maricas
No creo que estas cosas puedan pasar aquí.

Canta si te alegras de ser gay
Canta si eres feliz así
Canta si te alegras de ser gay
Canta si eres feliz así.

Las fotos de chicas desnudas son divertidas
Las de Titbits, las de Playboy y las de la página tres de The Sun
No hay desnudos en Gay News, nuestra única revista
Pero ellos siempre encuentran una excusa para decir que es obscena
Entérate por la prensa de lo repugnantes que somos
Lo dicen en el Telegraph, en People y en el Sunday Express
Acosamos a los niños y pervertimos a los jóvenes
Lo dicen en los periódicos, así que debe ser verdad.

Canta si te alegras de ser gay
Canta si eres feliz así
Canta si te alegras de ser gay
Canta si eres feliz así.

No intentes convencernos de que si eres discreto
Estarás a salvo cuando vayas por la calle
No hace falta que provoques ni que te hagas el gracioso
Para que te golpeen hasta dejarte inconsciente en un rincón oscuro
Tenía un amigo que era amable y poca cosa
Se sintió solo una tarde y salió a caminar
Unos homófobos lo pillaron y le partieron la cara
Solo se tiró una semana hospitalizado
Y aún se le notan las cicatrices.

Canta si te alegras de ser gay
Canta si eres feliz así
Canta si te alegras de ser gay
Canta si eres feliz así.

Así que siéntate y mira cómo cierran todos nuestros clubes
Nos arrestan por reunirnos y asaltan todos nuestros pubs
Asegúrate de que tu novio tenga al menos veintiún años
Así sólo detendrán a tus amigos y a tus hermanos
Miente a tus compañeros de trabajo, miente a tus colegas
Ridiculiza a los afeminados y cuenta chistes de maricones
El movimiento gay es ridículo, ríete de ellos
Diles: “Los cabrones ya son legales, qué más quieren”.

Canta si te alegras de ser gay
Canta si eres feliz así
Canta si te alegras de ser gay
Canta si eres feliz así.

Canta si te alegras de ser gay
Canta si eres feliz así

Canta si te alegras de ser gay
Canta si eres feliz así.

Traducción libre: Liova37

(*) Titbits y Playboy eran 2 revistas con desnudos femeninos muy famosas en la Gran Bretaña de la década de los 70.

(**) Las chicas de la página tres era un formato que surgió en el tabloide británico The Sun y que consistía en una fotografía, que se publicaba en la tercera página del diario, de una modelo femenina en topless o semidesnuda.

(***) Gay News era la publicación quincenal editada por el Frente de Liberación Gay británico durante la década de los 70, mientras que The Sun, Sunday Telegraph, People y Sunday Express eran algunos de los diarios o semanarios más sensacionalistas y amarillos de la época.

(****) Queerbashers: literal, “golpeadores de maricas”. Bandas fascistas, casi siempre ligadas al National Front, que hacían razzias en parques públicos, pubs y zonas de encuentro gay para dar palizas a homosexuales.

Manifestación en repulsa del asesinato de Samuel Luiz Muñiz. Madrid 05/07/2021
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