ALL YOU FASCISTS BOUND TO LOSE

En 2016, antes de las asambleas electorales de Iowa, y en plena ofensiva trumpista para acceder a la Casa Blanca, comenzó a circular entre los ambientes izquierdistas norteamericanos una historia que hablaba del desprecio que el cantante y activista Woody Guthrie había demostrado hacia su casero, Fred Trump -padre de Donald-, en plena “Caza de Brujas” de Joseph Mccarthy, a pesar del riesgo que aquella actitud podía suponer en medio de aquel periodo tan oscuro de la Guerra fría.

La historia, por lo visto, era algo así: Entre 1950 y 1952, Guthrie vivió en un edificio de apartamentos de alquiler social en Coney Island, N.Y., financiado por la Administración Federal de la Vivienda y construido por Fred Trump, padre del actual expresidente. Pero Trump, que ya entonces acumulaba un considerable historial de intolerancia, que incluía un arresto en 1927 por participar en un desfile del Ku Klux Klan que derivó en un motín, estaba maquinando para segregar racialmente a sus inquilinos, incluso en aquellos proyectos habitacionales promocionados por la administración federal, prohibiendo a los negros alquilar pisos en vecindarios de mayoría blanca.

Guthrie, asqueado por aquella actitud del constructor, decidió mudarse del edificio Trump cuando se cumplieron los dos años de alquiler que le otorgaba la ley, pero escribió a su casero una agria canción de despedida titulada, “Old Man Trump”:

“Supongo que ese viejo Trump sabe cuánto odio racial
se agitó en esa maraña de corazones humanos,
cuando dibujó esa línea de color
aquí en su proyecto familiar de Beach Haven.
Beach Haven no es mi casa.
No puedo pagar este alquiler.
Mi dinero se está yendo por el desagüe
y mi alma está muy dolida.
Beach Haven es la torre de Trump,
donde no hay negros que vengan a pasear.
No, no, Viejo Trump,
Old Beach Haven no es mi hogar.”

Aquel desprecio hacia el “viejo Trump” que Woody Guthrie no se molestó en ocultar, no era el simple fruto de una controversia entre un músico de izquierdas y un constructor reaccionario. De hecho, Fred y su hijo Donald Trump serían finalmente demandados en 1973 por discriminación en la vivienda, en virtud de la “Ley de Vivienda Justa” de 1968. Esa fue la primera vez que el nombre de Donald Trump apareció en el New York Times y lo fue con este titular: “Un importante terrateniente acusado de aplicar prejuicios contra los negros de la ciudad”.

Pero este no es el final de la historia. La famosa consigna de Trump, “America First” (America primero), que junto con la frase “Make America great again” (hagamos de nuevo grande a América) ha sido eslogan estrella de su mandato y de su campaña electoral, es una llamada directa al “America First Committee”. Un grupo aislacionista y ultranacionalista que se formó a raíz el estallido de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Una banda variopinta (hoy la tildaríamos de “trasversal”) que incluía pintorescos pacifistas de salón y granjeros arruinados, cuáqueros y lumpenproletariado indigente, estudiantes y peculiares activistas sindicales, hombres de negocios y, sobre todo, un nutrido grupo de americanos millonarios, antisemitas, proalemanes y profascistas, de los que Charles Lindbergh era su principal portavoz.

Pues bien, una de las mejores canciones de protesta de Woody Guthrie titulada, “Lindbergh”, versa precisamente sobre ese comité “America First”, y en ella, además de criticar a Lindbergh y al grupo en sí, también denuncia el pacto con el diablo que algunos sindicalistas de obediencia estalinista, así como grupos de trabajadores agrícolas del medio oeste habían hecho al asociarse con capitalistas pronazis. Un pacto contra natura que el cantante intentó reflejar en un verso de su canción que decía:

“Y les diré a los trabajadores, antes de que cobren sus cheques:
Dicen América primero, pero quieren decir América después.
En Washington, en Washington.”

Hoy en día, y muy especialmente después del frustrado “putch” fascista del pasado 6 de enero, los que aún no tengan claro quién es, qué intereses defiende y a quienes representa, tanto el propio Donald Trump como el equipo que creó y que ahora le da la espalda, es porque no les da más de sí su cerebro o porque comparten la misma ideología asesina de los que promovieron el intento de golpe de estado que llevó a asaltar el Capitolio de Washington.

Grupos violentos, camarillas neonazis, sectas y pandillas armadas como The Patriots, The Kek Flag, Qanon o The Proud Boys y presuntos movimientos sociales como Stop the Steal o el National Anarchist Movement, son algunos de los más destacados representantes de la escoria fascista, racista y supremacista que lleva apoyando a Trump desde 2015 y que el pasado 6 de enero ocupó por la fuerza el Congreso de los EE.UU., siguiendo el llamamiento que el propio Trump hizo un par de horas antes en un mitin celebrado a poca distancia del Capitolio, en el que congregó centenares de votantes y simpatizantes.

Muchos de estos grupos fascistas, ultranacionalistas, radicales cristianos, antisemitas o segregacionistas tienen sus madrigueras en el llamado “Middle West”. Una amplia franja de territorio estadounidense, en medio de ninguna parte, que presenta la mayor concentración de población rural del país. Gente ferozmente tradicionalista y reaccionaria, que tras la Crisis de 1929 nunca consiguió reponerse del todo de la miseria, tanto económica como, sobre todo, cultural en la que fueron sumidos durante aquellos años de paro, hambre, desahucios, embargos y éxodo que se extendieron desde el “New Deal de  Roosevelt, hasta la “New Frontier” de Kennedy: Una inmensa “olla podrida” en la que hoy conviven “white trash”(*), “rednecks”(**), “hillbilly”(***) y colaboracionistas huidos de Laos y Vietnam en 1975 con emigrantes cubanos y venezolanos ferozmente anticomunistas, antigua aristocracia obrera desclasada, sempiternos revanchistas que habitan los antiguos Estados Confederados, fanáticos religiosos, negacionistas climáticos, miembros de asociaciones pro-armas y demás ralea de espíritu totalitario. Todos ellos, poco amigos de actitudes igualitarias y tolerantes.

Este conglomerado informe y contradictorio de acérrimos partidarios del trumpismo, bien engrasado económicamente por aquellos que, como el propio Trump, tienen mucho que perder si el “statu quo” se desestabiliza, es capaz de unir estratégicamente a miembros del Ku Klux Klan, -como lo son muchos de los seguidores de The Keg Flag-, junto con presuntos anarquistas-nacionalistas (¡el colmo del oximorón!) -como se reivindican los militantes antisemitas y neonazis del National Anarchist Movement-. Una mezcla tóxica que puede derivar en un polvorín antisistema listo para estallar de forma impredecible en cuanto alguien encienda la mecha oportuna. Y, eso precisamente fue lo que ocurrió el pasado 6 de enero en Washington D.C., cuando tras casi 2 meses de continua deslegitimación del resultado de las elecciones a la presidencia, bastó con que el “Führer” empujase a sus acólitos a la revuelta para que el mundo entero viese de lo que era capaz aquella chusma semianalfabeta cuando se pulsa la tecla en la que está escrito “ODIO”: Insultos, agresiones, saqueos, robos, violencia gratuita… Un menosprecio absoluto al bien común, a lo colectivo, a lo público. En definitiva, un rechazo visceral a los principios democráticos y a aquellos a los que esa turba considera sus enemigos. Que, por otra parte, lo son todos los que no piensan como ellos.

Pero, aunque afortunadamente el propio “Establishment” haya conseguido frenar esta embestida fascista, los máximos responsables de la algarada siguen en libertad y despotricando, a pesar de las cinco víctimas mortales que han causado. Muchos de ellos, incluso, renegando de lo que afirmaban hace semanas. Y no por convicción, sino por miedo a ser reconocidos como instigadores del motín y ser juzgados como tales. La serpiente sigue ahí, aunque se le haya cortado la cola. La misma serpiente que luce la bandera amarilla de Gadsden. Símbolo del agresivo movimiento anarco-capitalista norteamericano, en la que se advierte en grandes letras, como si se tratase de un cartel de ¡PROHIBIDO EL PASO! PROPIEDAD PRIVADA, “Dont tread on me” (No me pises), como aviso de que, de hacerlo, te inoculará su veneno mortal. Sin embargo, parece que esta impunidad de la que por el momento gozan todos los auténticos responsables del intento de golpe de estado (desde los Trump, padre e hijos, PenceGiuliani, hasta Cruz, Angeli y unas cuantas decenas más de conspiradores de salón) puede desintegrarse si, como estos últimos días insisten, tanto Nancy Pelosi y Kamala Harris, como el núcleo más “Sanderista” del partido demócrata, se consigue imputar judicialmente a Donald Trump y a su guardia de corps, sea mediante la aplicación de la enmienda 25, sea mediante un nuevo proceso de “impeachment” en el que, como se ha sugerido, se acuse a la cúpula trumpista de “Traición, soborno o delitos o faltas graves”. Una iniciativa que, según algunos destacados cuadros demócratas, podría prosperar a mediados de este mes de enero.

Si de algo tiene que servir este, antes inimaginable, ataque y ocupación del Congreso norteamericano, es para que algunos estamentos empiecen a pensar en la necesidad de atar más en corto el peligrosísimo individualismo fomentado gracias a una interpretación sesgada y anacrónica de la constitución de los EE.UU. de 1787. Una ley común redactada en una época en la que era normal ir armado para proteger vidas y propiedades, y en la que bastaba con plantar cuatro palos y una cruz para hacerse con la propiedad de ingentes hectáreas de tierra, presuntamente sin dueño. Un texto enmendado veintisiete veces a lo largo de algo más de dos siglos para ir ajustándolo a las diferentes realidades que surgían, pero que, aunque los tiempos hayan cambiado radicalmente, aún sirve para que muchos puedan actuar con impunidad en el ejercicio de una especie de “ley de la selva”, amparada en unos principios hoy ya inexistentes a causa de su propia obsolescencia.

Los EE.UU. de 2021 poco tienen que ver con la tierra que vivieron “Los Padres Fundadores”. Unas cuantas guerras, varias crisis, algún que otro magnicidio; Watergate y Wikileaks, Guantanamo y Abu Grahib; Henry Ford y Roger Ailes, Alexandria Ocasio-Cortez y Edward Snowden así nos lo demuestran. La tierra en la que linchar a un negro ni tan siquiera era delito en muchos estados, hoy se convulsiona durante semanas si la policía asesina por asfixia a un afro-americano. Donde antes había grupos étnicos con pocos o ningún derecho, hoy existen  “minorías raciales” tan mayoritarias que son capaces de dar un giro electoral si se movilizan y acuden a votar. En 2021, los Estados Unidos claro que pueden “volver a hacerse grandes”, pero eso solo será posible si se juzga y se condena a aquellos que intentaron encadenar la democracia en su propio interés, y si la justicia, la equidad, el bienestar y la cultura llega por igual a todos los ciudadanos, sin importar su credo, su estatus, su origen o el color de su piel. Crucemos los dedos para que, con un poco de suerte y mucho empeño democrático, pronto podamos ver a unos cuantos delincuentes de “cuello blanco” vistiendo el uniforme naranja en una prisión federal por intentar destruir la Democracia. Ese será, seguro, un buen indicio de que algo estará cambiando en los Estados Unidos.

(*) White trash, (Basura blanca). Un tipo de lumpen muy americano. Prioritariamente urbano, habitante de los suburbios y zonas más deprimidas y amante de un nacionalismo “folclorista”.

(*) *Redneck = (Cuello rojo). La sufrida clase agraria norteamericana, autóctona, blanca y olvidada por la administración, analfabeta funcional en muchos casos.

(***) Hillbilly = Campesinado profundo, cerrado y reaccionario, acostumbrado a dictar ley en los miseros territorios donde malviven.

 

ALL YOU FASCISTS BOUND TO LOSE

I’m gonna tell you fascists
You may be surprised
The people in this country
Are getting organized
You’re bound to lose
You fascists bound to lose

I’m gonna tell you workers
When you cash your checks
They say America first
They mean America’s next
You’re bound to lose
You fascists bound to lose

All of you fascists bound to lose
All of you fascists bound to lose
All of you fascists bound to lose
You’re bound to lose
You fascists bound to lose

People of every color
Marching side by side
Marching through these fields
Where a million fascist died
You’re bound to lose
You fascists bound to lose

I’m gonna in the battle
Gonna take my union gun
And ain’t gonna lay it down
Till every battle’s won
You’re bound to lose
You fascists bound to lose

All of you fascists bound to lose
All of you fascists bound to lose
All of you fascists bound to lose
You’re bound to lose
You fascists bound to lose

Race hatred cannot break us
But I’m learning quick
My children won’t be fooled
By your poison rhetoric
You’re bound to lose
You fascists bound to lose

Here comes a big machine
Surrounding all your hate
Forcing it to surrender now
Let’s get this straight
You’re bound to lose
You fascists bound to lose

All of you fascists bound to lose
All of you fascists bound to lose
All of you fascists bound to lose
You’re bound to lose
You fascists bound to lose

(One more time)

All of you fascists bound to lose
All of you fascists bound to lose
All of you fascists bound to lose
You’re bound to lose
You fascists bound to lose
You’re bound to lose
You fascists bound to lose

Letra y música: Woodie Guthrie. 1944
(La letra de esta versión y los arreglos instrumentales son de “The New Students”. 2020)

 

TODOS VOSOTROS FASCISTAS ESTÁIS ABOCADOS A PERDER

Voy a deciros, fascistas,
Y puede que os sorprenda,
Que la gente de este país
Se están organizando
Y vais a perder.
Vosotros fascistas estáis abocados a perder.

Voy a deciros, trabajadores,
Que cuando cobráis vuestros cheques
Dicen “América primero”
Pero quieren decir “América después”.
Vais a perder
Vosotros, fascistas, estáis abocados a perder

Todos los fascistas vais a perder
Todos los fascistas perderán
Todos los fascistas van a perder
¡Estáis abocados a perder!
¡Vosotros, fascistas, vais a perder!

Gente de todos los colores
Marchan codo con codo.
Marchan a través de estos campos
Donde murieron un millón de fascistas.
Vais a perder.

Vosotros, fascistas, estáis abocados a perder.

Voy a participar en la batalla.
Voy a llevar mi arma del sindicato,
Y no voy a abandonarla
Hasta que ganemos todas las batallas.
Vais a perder.
Vosotros, fascistas, estáis abocados a perder.

Todos los fascistas vais a perder
Todos los fascistas perderán
Todos los fascistas van a perder
¡Estáis abocados a perder!
¡Vosotros, fascistas, vais a perder!

El odio racial no puede destruirnos
Y estoy aprendiendo rápido.
Mis hijos no se dejarán engañar
Por vuestra retórica venenosa.
Vais a perder.
Vosotros, fascistas, estáis abocados a perder.

Aquí llega una gran maquinaria
Rodeando todo vuestro odio.
Obligándolo a que se rinda ya.
Dejemos esto claro:
Vais a perder
Vosotros, fascistas, estáis abocados a perder.

Todos los fascistas vais a perder
Todos los fascistas perderán
Todos los fascistas van a perder
¡Estáis abocados a perder!
¡Vosotros, fascistas, vais a perder!

(¡Otra vez!)

Todos los fascistas vais a perder
Todos los fascistas perderán
Todos los fascistas van a perder
¡Estáis abocados a perder!
¡Vosotros, fascistas, vais a perder!
¡Estáis abocados a perder!
¡Vosotros, fascistas, vais a perder!

Traducción libre: Liova37

 

Donald Trump. Asesino convicto de la Democracia.

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