WORKING CLASS HERO

Una de las mayores verdades empíricas que ha confirmado esta interminable pandemia que sufrimos es que en este país tanto la derecha como la ultraderecha o la ultra-ultraderecha sienten un atávico y visceral desprecio por los trabajadores en general y muy particularmente por lo que, hasta que triunfó el imperio de la “neo-lengua”, se venía llamando la Clase Obrera. Desde el momento en el que la crisis del COVID obligó a aplicar medidas de protección social, todo fueron peros, suspicacias, resquemores y zancadillas por parte de los sectores más refractarios, tanto de la política, como de la judicatura, las finanzas, el empresariado, los medios de comunicación o la iglesia. Poderes fácticos acostumbrados a dirigir los entresijos económicos de esta tierra de señoritos y cortijos, desde el principio de los tiempos.

Cuando por primera vez se habló de regular ERTE para intentar así atenuar el descalabro social que implicaba la aplicación estricta del Estado de Alarma, la patronal, las asociaciones de autónomos, la banca y por supuesto los partidos más reaccionarios bramaron en comandita contra la puesta en marcha de aquellas medidas. Hoy, más de medio año después, los que estigmatizaron su implantación no pierden la ocasión de suplicar o incluso exigir a la ministra Yolanda Díaz con inusual desfachatez la prórroga durante meses y meses, o incluso “sine die”, de aquellos, entonces, tan denostados expedientes. Parece que, por fin, la siempre astuta casta empresarial española ha caído en la cuenta de que esos ERTE les están resultando casi indispensables para mantener sus negocios y ganancias, e incluso en ocasiones les proporcionan unos beneficios indirectos que quizás no obtendrían tan fácilmente en una situación de normalidad.

Tres cuartos de lo mismo ha sucedido con el Ingreso Mínimo Vital, o más coloquialmente, “La paguita”. Una medida que venía reclamando desde hace años la izquierda, y que cuando se comunicó su implantación hasta los obispos la criticaron duramente porque, por lo visto, solo iba a servir para fomentar la vagancia y para desvirtuar el tan cristiano principio de “ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Sin embargo, a día de hoy, los que en su día demonizaron aquella “aberración social-comunista bolivariana”, no solo han dejado de cuestionarla al unísono, sino que incluso se atreven a erigirse como defensores a ultranza del IMV y a criticar al gobierno por los fallos, retrasos y dificultades que está suponiendo la extensión de esta ayuda. Pura paradoja difícilmente comprensible: Quienes se hartaron de denostar que el estado proveyera de un mínimo salvavidas económico a los que más duramente sufrían la miseria, hoy se reivindican como unos Robin Hood de camisa parda y tachan al gobierno de tramposo y antisocial porque no es capaz, con la que está cayendo, de conseguir que una ayuda que pretende amparar a, más o menos, dos millones y medio de personas, funcione con la precisión de un reloj suizo.

Ha sido especialmente en la Comunidad Autónoma Madrileña donde la carcunda local, investida de una inexplicable impunidad, más insistentemente se ha convertido en el máximo exponente de esta conjura anti obrera, al patrocinar desnortadas concentraciones de las hordas negacionistas“ en la Plaza de Colón de la capital, o al fomentar la presencia constante de bandas de “squadristi” frente a la casa de un vicepresidente del gobierno, al tiempo que aplaudía y jaleaba a los antidisturbios cuando aporreaban sin piedad a unos cuantos jóvenes antifascistas que osaban concentrarse a las puertas de un centro de salud de Vallecas.

Madrid, un territorio clave de la geografía política española, presidido por Isabel Díaz Ayuso, más conocida por el acertadísimo acrónimo de IDA; una individua que como máximo currículo ostenta el dudoso honor de haber sido la “community manager” de la cuenta en Twitter de “Pecas”, el difunto perro de Esperanza Aguirre, aka “la Reina de la ciénaga”, pero que actúa con la vehemencia y la soberbia propia de los más eximios imbéciles. Un ser tan autoritario como desequilibrado; excesivamente proclive a la mitomanía y capaz, si le viene en gana, de echarle un pulso al mismísimo King-Kong sin reparar lo más mínimo en las consecuencias que su ególatra apuesta le pueda acarrear a los miles de personas que “pasaban por allí”. Alguien tan ineficiente y tan amoral como para no dudar en maquillar o retrasar los datos oficiales de víctimas de la pandemia si eso la ayuda a permanecer tres minutos más en el poder o a facilitar que sus “compis” puedan seguir engrosando sus fortunas a costa de la salud de los madrileños. Algo que ha tenido su incuestionable reflejo en las opacas cuentas de lo que fue el hospital de campaña de IFEMA, aún sin justificar, o en los más de 300.000 euros abonados al emporio médico Quirón, presuntamente destinados a contratar unos rastreadores de los que nunca se supo o, como traca final, en los dos aviones repletos de mascarillas, geles y ventiladores perdidos en el hiperespacio cuántico durante los peores momentos de la pandemia. Ejemplos los tres, que pasarán a la historia como algunos de sus más sonados logros al frente del ejecutivo madrileño durante la crisis de la COVID19.

Es IDA y solo ella, quién con el inestimable apoyo de Pablo Casado, de los fascistas de Abascal y del tonto útil de su vicepresidente, el liberalísimo Ignacio Aguado, ha intentado aplicar una política de clara segregación clasista y xenófoba que ha convertido a Madrid en la capital europea del fracaso. Es Ayuso y la cohorte de fariseos de manual que la rodean, esos despreciables adalides de la demagogia nacional-beata que pretenden rediseñar las cuarentenas en función de la renta per cápita de la zona de la ciudad en la que se viva, quienes no tienen reparo alguno en confinar a los barrios más pobres de la capital con tal de disponer de siervos que salgan de los guetos para trabajar en las casas, las tiendas, los negocios o los bares de las zonas habitadas por “madrileños de bien”. Esa patulea de patriotas de pulsera y mascarilla con bandera que, sin embargo, se apresuran en despotricar y en hacer sonar las cacerolas cuando en nombre de una libertad que siempre han odiado, protestan contra la posibilidad de que el aislamiento que imponen en los barrios populares se pueda aplicar a las calles y plazas en las que pasean a su prole y a sus mascotas. Una doble vara de medir tan propia de esta rancia burguesía cargada de prejuicios que solo entiende los derechos de los trabajadores en función de las necesidades que puedan tener sus amos. Gentuza que con una lógica enfermiza defiende con uñas y dientes que los trabajadores, una vez que hayan cumplido su jornada, lo que deben hacer es volver a sus suburbios y confinarse a cal y canto en sus viviendas, para quizás así evitar que la pandemia vaya a más y acabe perturbando la tan bien merecida tranquilidad de los que les pagan sus precarios jornales.

Pero, ni nada es eterno, ni tampoco irremediable. El gobierno de coalición tiene en su mano los votos, los apoyos y los medios para solventar, reconducir o, en última instancia frenar por la fuerza y la razón esta deriva criminal de la que cada día parecen pavonearse más las tres derechas; ese obsesivo desprecio del tardofranquismo hacia todo lo que huela a obrero. Los votos están ahí y las encuestas siguen constatándolos. Los apoyos parece que no les van a faltar, sobre todo si el sector mayoritario del gobierno se olvida, de una vez por todas, de coquetear con quién ni le aporta apenas votos, ni mucho menos lealtad. Y, finalmente los medios, que existen, que solo hace falta usarlos, y que se llaman Ley de Memoria Democrática, ilegalización de organizaciones fascistas, derogación de la Reforma Laboral y de la Ley Mordaza, desbloqueo del Consejo del Poder Judicial y del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional, inversión en sanidad y en enseñanza, regulación del voto rogado, implementación de los referéndums populares y, quizás lo que es más importante de todo: Ejercicio de un control estricto y exhaustivo de los bienes públicos y exigencia de la transparencia contable suficiente como para que no se puedan privatizar nunca más “por la puerta de atrás” aquellos sectores que atañen directamente a los principales pilares del Estado del Bienestar, como son la sanidad, la educación, las pensiones o la dependencia. Aspectos todos ellos, tan serios y tan cruciales, que no pueden ser contemplados con la dejadez, la hipocresía y la ineficacia con las que el poder lo ha hecho durante las últimas décadas.

Es imprescindible acabar de una vez por todas con la impunidad con la que algunas comunidades autónomas han hecho y deshecho a su antojo en los últimos tiempos. Administraciones que, con IDA a la cabeza, pidieron en su día “colaborar” en la tarea de superar la crisis del COVID. Una colaboración que, sin embargo, nunca pretendió ser altruista sino basada en la golosa cogestión de los 16.000 millones que el gobierno puso a tal efecto sobre la mesa y a fondo perdido, y a las que, por si fuera poco, recientemente se les ha aumentado el techo de gasto. Aunque algunas, no contentas con ello, no hayan hecho otra cosa que usar, por no decir malgastar, lo que es propiedad de todo el pueblo en beneficio de algunos pocos, sus amigotes y sus chiringuitos, sin que por el momento se haya justificado ni un céntimo de esos gastos mediante factura alguna.

 

WORKING CLASS HERO

As soon as you’re born
They make you feel small
By giving you no time instead of it all
Till the pain is so big
You feel nothing at all.

A working class hero is something to be
A working class hero is something to be.

They hurt you at home
And they hit you at school
They hate you if you’re clever
And they despise a fool
Till you’re so fucking crazy
You can’t follow their rules.

A working class hero is something to be
A working class hero is something to be.

When they’ve tortured and scared you
For twenty odd years
Then they expect you to pick a career
When you can really function
You’re so full of fear.

A working class hero is something to be
A working class hero is something to be.

Keep you doped with religion and sex and TV
And you think you’re so clever and classless and free
But you’re still fucking peasant as far as I can see.

A working class hero is something to be
A working class hero is something to be.

There’s room at the top they are telling you still
But first you must learn how to smile as you kill
If you want to be like the folks on the hill.

A working class hero is something to be
A working class hero is something to be.

If you want to be a hero
Well, just follow me
If you want to be a hero
Well, just follow me.

Letra y música: John Lennon. 1970

HEROE DE LA CLASE OBRERA

Tan pronto como naces,
Te hacen sentir pequeño,
No dándote tiempo, en vez de dártelo todo,
Hasta que el dolor es tan grande
Que ya no sientes nada.

Un héroe de la clase obrera es lo que hay que ser,
Un héroe de la clase obrera es lo que hay que ser.

Te lastiman en casa
Y te pegan en la escuela.
Te odian si eres inteligente,
Y te desprecian si eres tonto.
Hasta que estás tan jodidamente loco,
Que ya no puedes seguir sus reglas.

Un héroe de la clase obrera es lo que hay que ser,
Un héroe de la clase obrera es lo que hay que ser.

Cuando te han torturado y atemorizado
Durante más de veinte años
Entonces esperan que elijas una profesión
Y cuando de verdad no puedes hacer nada,
Te sientes demasiado asustado.

Un héroe de la clase obrera es lo que hay que ser,
Un héroe de la clase obrera es lo que hay que ser.

Te mantienen drogado con religión, sexo, y televisión,
Y te crees muy inteligente, desclasado y libre,
Pero tal y como yo lo veo sigues siendo un jodido paleto.

Un héroe de la clase obrera es lo que hay que ser,
Un héroe de la clase obrera es lo que hay que ser.

Te dicen que hay un lugar en la cima
Pero primero debes aprender a cómo sonreír mientras matas
Si quieres ser como los tipos de arriba.

Un héroe de la clase obrera es lo que hay que ser,
Un héroe de la clase obrera es lo que hay que ser.

Si quieres ser un héroe,
Solo sígueme.
Si quieres ser un héroe,
Solo sígueme.

Traducción libre: Liova37

 

Fotograma de “Tiempos modernos”. Charlie Chaplin. 1936

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