COGNE EN NOUS LE MÊME SANG

“Dos cosas no tienen límites, la estupidez humana y el universo; y yo no estoy seguro sobre el universo”. Albert Einstein, genio, hebreo, antifascista y exiliado, se atrevía sin un ápice de duda (al menos respecto a la primera parte de su afirmación) a aseverar tajantemente la absoluta idiotez de buena parte del género humano. Y me atrevo a matizar ese “de buena parte”, porque afortunadamente, a pesar de que la estupidez no es ya simplemente un accidente corregible sino casi una constante metafísica, siempre hay honrosos ejemplos de gente, colectivos, grupos o como queramos llamarlos, que se debaten como gato panza arriba contra el aserto de que la humanidad es estúpida por el mero hecho de ser humanidad: Aquellos que se resisten a deslizarse por el absurdo tobogán del individualismo egoísta que afecta sobre todo a los nacidos en las zonas de confort del planeta. Individuos que se niegan a dejar de ser persona a cambio de disfrutar de las cuatro migajas con las que el sistema les emboba para que crean que su miseria económica y vital es todo un privilegio que millones de desfavorecidos quieren usurparles cuando exigen trabajo y vivienda digna, educación y sanidad al alcance de todos, derechos irrenunciables o, simplemente, poder vivir en paz y sin miedo.

Y aquí, en este país que a diario nos estremece y que, debido quizás a siglos de oscurantismo prepotente, a décadas de dictadura y a lustros de corrupción, no es precisamente ninguna “Arcadia feliz”, cuando por primera vez en mucho tiempo existe una leve esperanza de que las injustas diferencias que condenan al desahucio vital a buena parte de la población puedan ir cambiando a mejor, todavía los hay, y muchos, que confían antes en aquellos que son la causa de sus males que en los que parece que pretenden solucionarlos. Hoy, aunque sea tan absurdo como paradójico, hay todavía millones de “parias” que se movilizan irracionalmente a favor de quienes intentan timarles con “pines neandertales”, amenazantes “feminazis”, trapos de colores, patrias a medida o aumentos del SMI que, según ellos, van a abocarlos a la miseria, como si no estuviesen ya sumidos hasta el cuello en ella.

Sin embargo, bien es cierto que esto no ocurre en todas partes por igual. Por suerte hay países que como en nuestra vecina Francia se niegan a sucumbir sin lucha a las criminales directrices del poder y que, desde hace ya 8 semanas, protagonizan una huelga general indefinida que afecta cada vez a más sectores de la industria, los transportes, la producción, el funcionariado o la enseñanza. Un combate que tiene como encomiable objetivo tumbar las políticas neoliberales que pretenden recortar los pocos derechos que aún siguen en pie, a pesar del agotador desgaste que supone intentar frenar la salvaje ofensiva reaccionaria de los que siempre han tenido asegurado a nuestra costa, no solo su futuro, sino también el de los nietos de sus bisnietos.

Ciudadanos airados que han llegado a reconocer que la responsabilidad de estar en esta crítica  situación es en buena parte de ellos mismos al haber permitido, por acción u omisión, que el enemigo les ganase terreno; al haber ignorado las luchas sectoriales de muy diversos colectivos, solo por el mero hecho de que entonces no eran ellos los perjudicados; al haber mirado hacia otro lado cuando la patronal desmantelaba las estructuras organizativas y sindicales de la clase obrera; al haber creído a pies juntillas que el origen del problema estaba en aquellos que hablaban con un acento diferente, tenían otra religión y otras costumbres o, simplemente, un color de piel más moreno que el suyo.

Evidentemente, más vale tarde que nunca. Pero si pudiésemos preguntarles a los que en Francia, a pesar del riesgo que supone el enfrentarse a gente armada que no duda en aporrearles si así lo ordenan sus jefes y de la precariedad que comporta mantener durante semanas la huelga, no tienen hoy otra salida que echarse a las calles a defender lo que les queda, seguro que, unánimemente, escogerían volver atrás en el tiempo y corregir aquellos errores que egoístamente protagonizaron por creer que a ellos nunca les llegaría la hora en la que les tocaría ser las víctimas.

Francia está convirtiéndose en un ejemplo que no deberíamos obviar. Aprendamos de lo que allí está pasando e intentemos no tener que vernos en su misma situación. Algo que solo se puede conseguir apoyando a quienes hoy tienen la obligación de escucharnos y representarnos, pero, también exigiéndoles con firmeza que  reviertan cuanto antes las políticas antisociales, que amparen desde ya a los más desfavorecidos, que frenen la codicia que está destrozándolo todo, que defiendan con vehemencia los derechos y el futuro de los trabajadores, que prohíban por ley que el bulo y la patraña sean el pan de cada día de la cloaca mediática, que eviten los intentos por desviar nuestra atención hacia otras latitudes para que no reparemos en lo que pasa en nuestros barrios; que sancionen a los que con sus discursos de odio intentan que culpemos de nuestros males a quienes solo son culpables de ser los más pobres y los más desvalidos.

En definitiva, solo podremos avanzar en igualdad y en justicia mediante el control que, como dictan las normas democráticas, tenemos derecho de ejercer los ciudadanos sobre aquellos que hemos decidido que gobiernen. Hoy, aún podemos hacerlo sin mucho más esfuerzo que el que entraña el estar movilizados, vigilantes y ser exigentes. Si no lo hacemos ahora, quizás mañana sea imposible o, al menos, seguro que será mucho más complicado y doloroso.

 

COGNE EN NOUS LE MÊME SANG

Je sais que nous pensons de même
Et posons les mêmes problèmes
Que nous nous battions à coté,
Ou que nous soyons séparés.
Que tous deux nous serrons les poings
De voir qu’un homme est licencié
Parce qu’il ose se révolter
Contre le petit chef qui l’opprime.

Nous éprouvons la même haine
Contre l’ordre et l’autorité
Que les mômes dans les lycées
Qui luttent et se font matraquer
Parce qu’ils refusent l’enseignement
Qui prétend que la liberté
C’est leur avenir stérilisé
Dans la légalité bourgeoise.

Nous ne pouvons pas nous taire
Quand un travailleur algérien
Se fait tabasser par les flics
Et insulter bien pire qu’un chien,
Et qu’il faut pour que ça s’arrête
Qu’on soit des milliers dans la rue.
Français immigrés tous unis
Pour que les flics s’en relèvent plus.

Nous faisons partie toi et moi
De tous ces gens qui en ont marre
De s’éreinter à travailler
Au profit d’une minorité.
HLM ou cité-dortoir
Foyer bidonville ou coron
Vous qui parlez du droit de vivre
Vous nous faites vivre en prison.

Je sais que si nous nous aimons
A travers le même combat
C’est que nos révoltes sont sœurs
Et cogne en nous le même sang.
Un sang qui, bien sûr, coulera
Versé pour la cause du peuple
Pour qu’un jour tous les travailleurs
S’unissent et prennent le pouvoir.
Le pouvoir, le pouvoir, le pouvoir

Letra y música: Dominique Grange. 1968

 

LATE EN NOSOTROS LA MISMA SANGRE.

Sé que pensamos de la misma manera
Y que planteamos los mismos problemas
Ya luchemos codo con codo,
O estemos separados.
Que ambos apretamos los puños
Cuando vemos que un hombre es despedido
Porque se atreve a rebelarse
Contra el jefecillo que lo oprime.

Sentimos el mismo odio
Contra el orden y la autoridad
Que los niños de los institutos
Que luchan y son aporreados
Porque rechazan una educación
Que afirma que la libertad
Es un futuro estéril
En la legalidad burguesa.

No podemos callarnos
Cuando un trabajador argelino
Es golpeado por la policía
E insultado peor que si fuese un perro,
Y lo que hace falta para que eso se acabe
Es que seamos miles en las calles.
Franceses e Inmigrantes todos unidos
Para que los policías cedan.

Tú y yo somos parte
De todas esas personas que están hartas
De deslomarse en el trabajo
Para que una minoría se beneficie.
Viviendas sociales o ciudades dormitorio
Hogares chabolistas o barriadas suburbiales
Tú que hablas del derecho a vivir
Nos estás haciendo vivir en una cárcel.

Sé que si nos amamos
Y compartimos la misma lucha
Es que nuestras revueltas son hermanas
Y late en nosotros la misma sangre.
Una sangre que, seguro, fluirá
Derramada en favor del pueblo
Para que un día todos los trabajadores
Se unan y tomen el poder
El poder, el poder, el poder…

Traducción libre: Liova37

Trabajadoras de la limpieza manifestándose en París. 14 de diciembre de 2019

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