ESPAÑA EN MARCHA

Este 2020 los Reyes (¿republicanos, quizás?) nos han traído un magnifico regalo: Un gobierno de coalición de izquierda que, tal y como esgrime interesadamente la derecha, la ultra-derecha y la ultra ultra-derecha, es el primero de esta índole que se gesta en España desde las elecciones de febrero de 1936. Obviamente, son muchas más las diferencias que las similitudes que actualmente existen respecto de aquel gobierno, que de la mano del Frente Popular intentó sacar, desgraciadamente sin éxito, a nuestro país de la miseria social, cultural y política que venía sufriendo, cuanto menos desde Fernando VII y sus 100.000 hijos putativos.

Pero, aunque hoy no estemos en aquel periodo salvajemente convulso de mitad de la década de los 30 del siglo pasado, eso no obsta para que en 2020 sea tan necesario y acuciante como entonces que la ley, la justicia y la decencia permita a los ciudadanos intentar acabar con décadas de corrupción, desigualdad, políticas anti-sociales y constante recorte de libertades. El progresivo auge del nacional-catolicismo y de sus necesarios comparsas de la derecha montaraz y anti-democrática hace que tengamos la obligación de no desperdiciar ninguna posibilidad, por mínima que esta sea, de dar un paso adelante en beneficio de las clases populares del país. Es más que seguro que este nuevo gobierno no va a cumplir todas las ambiciones que desde hace tanto tiempo echamos en falta. Y es más que posible que este ejecutivo y las fuerzas que lo conforman reciban bastante más palos que zanahorias, tanto desde las filas de los reaccionarios como desde las de aquellos que, ungidos de una tan elitista como subjetiva “pureza” ideológica, siempre desconfían de aquello que no cumple estrictamente con la ortodoxia panfletaria, o con el cómodo maximalismo de quién amparado en credos inamovibles cree que, paradójicamente, solo se puede avanzar hacia la victoria una vez que todo se ha convertido en ruinas.

Las tareas que habrá por delante y que, por cierto, son tan numerosas como complicadas, van a exigir un importante esfuerzo por parte de los ciudadanos progresistas. No va a ser un periodo para quedarse en casa enganchados al twitter y exigiendo desde la comodidad del sofá algo desgraciadamente tan español como el “que inventen ellos”. Cualquier avance, cualquier conquista, cualquier refuerzo de los derechos democráticos solo se va a conseguir con una ciudadanía movilizada y siempre dispuesta a apoyar desde la calle lo que aquellos que nos representan intenten implementar desde el parlamento o el gobierno. Se ha pasado el momento de criticar sistemáticamente si este o aquel partido pasa la prueba del algodón “izquierdista”, y es hora de empezar a fijarnos en países que tenemos tan cercanos como Portugal, donde no ha sido necesario ni dar “todo el poder para los soviets”, ni repartir medallas de la Orden de Lenin para conseguir unos importantes avances en educación, sanidad o derechos sociales que, si bien no han sido la panacea, sí que han servido para que, contra viento y marea, un pueblo secularmente despreciado haya comenzado a confiar en si mismo con una gran dignidad.

La extrema tensión vivida los días del proceso de investidura presagia las muchísimas dificultades que va a tener que sortear este gobierno. Buena prueba es que cuando no les han servido de nada las incitaciones a una presunta “valentía” de los congresistas para boicotear la investidura mediante un nuevo Tamayazo, la barbarie fascista y sus compañeros de viaje no han reparado en dejar muy claro hasta donde son capaces de llegar con tal de impedir un gobierno de corte social: insultos, mentiras, algaradas, llamamientos a golpes de estado, intentos de agitar a las FF.AA., o directamente amenazas, incluso de muerte, para forzar el voto de cargos electos son una clara demostración de que la intolerancia refractaria está borracha de bilis mal digerida y no dudará en usar los métodos más espurios para intentar amedrentar la voluntad popular. Pero contra esos intentos de boicot, nada mejor que atreverse. Nada mejor que demostrar que esa “valentía” patriótica que reclaman no pasa por intentar comprar voluntades para doblegar de forma torticera la voluntad del pueblo, sino por frenar al fascismo mediante una decidida política de defensa de lo público y de reconquista de los derechos democráticos que los corruptos han usurpado a los ciudadanos.

Blindar contra futuros ataques la educación, la sanidad, las pensiones, el derecho a vivienda y trabajo dignos, la ley de dependencia, la libre identidad de género, la lucha contra el machismo asesino, la ayuda al asilado, la real independencia del poder judicial, el derecho a una muerte digna, la defensa del más débil, el laicismo que debe imperar en toda sociedad auténticamente democrática, el respeto hacia el diferente y tantos otros asuntos que, estando desde hace décadas en la letra de la ley, siempre han sido ninguneados, debe de ser un imperativo ético para el gobierno de coalición. Y es ahí, en la exigencia del cumplimiento de un programa social y progresista, y en el firme control ciudadano para que se pueda llevar a cabo donde aquellos que nos consideramos de izquierda no podemos retroceder ni un paso. Es más que posible que cualquier nuevo avance haya que apoyarlo desde las calles, y si así tuviese que ser espero que llenemos hasta el último centímetro de plazas y avenidas. Porque si por desidia, panzismo o estupidez sectaria dejamos pasar esta oportunidad de hacer valer nuestra voz y nuestros derechos, nos mereceremos, sin duda, vivir como esclavos lo que nos quede de vida.

Dice un viejo refrán que “la ocasión la pintan calva”. Hagamos caso de la sabiduría popular y rapémonos las cabezas ahora que aún estamos a tiempo de poder alzarlas con orgullo.

 

ESPAÑA EN MARCHA

Nosotros somos quien somos.
¡Basta de Historia y de cuentos!
¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos.

Ni vivimos del pasado,
ni damos cuerda al recuerdo.
Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos.

Somos el ser que se crece.
Somos un río derecho.
Somos el golpe temible de un corazón no resuelto.

De cuanto fue nos nutrimos,
transformándonos crecemos
y así somos quienes somos golpe a golpe y muerto a muerto.

Somos bárbaros, sencillos.
Somos a muerte lo ibero
que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero.

¡A la calle! que ya es hora
de pasearnos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.

No reniego de mi origen
pero digo que seremos
mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo.

Españoles con futuro
y españoles que, por serlo,
aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por bueno.

Recuerdo nuestros errores
con mala saña y buen viento.
Ira y luz, padre de España, vuelvo a arrancarte del sueño.

Vuelvo a decirte quién eres.
Vuelvo a pensarte, suspenso.
Vuelvo a luchar como importa y a empezar por lo que empiezo.

No quiero justificarte
como haría un leguleyo,
Quisiera ser un poeta y escribir tu primer verso.

¡A la calle! que ya es hora
de pasearnos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.
Anunciamos algo nuevo, anunciamos algo nuevo.

Letra: Gabriel Celaya
Música: Paco Ibañez. 1967

 

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados durante la sesión de Investidura. Enero 2020.

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