MARTILLO DE HEREJES

Autores: Juan Gómez (guion) y Agustín Alessio (dibujo). Publicado en 2006 por Dolmen Editorial. 48 páginas, que incluyen una página de “Simbolismo” o prólogo; otra de “Glosario”, que hace las veces de diccionario que pretende aclararnos algunas definiciones que pudieran resultar confusas (según sus autores); y un Epílogo escrito por un anarquista mallorquín desconocido.

“España evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio…; esta es nuestra grandeza y nuestra unidad. No tenemos otra”. Esta frase forma parte del epílogo de  Historia de los heterodoxos españoles, obra de Menéndez Pelayo, y en la que probablemente se inspire el título de este cómic, cuya acción transcurre en un pueblo de nombre Martillo.Ya comentamos en la presentación de esta sección que aparecerían en ella cómics muy malos, e incluso contrarios a lo que desde este foro entendemos que es la República, la Guerra Civil, el franquismo y la Memoria Histórica. Este es un buen ejemplo de ello. Estamos ante un cómic francamente malo y chapucero. La verdad que cuando tienes que elegir un cómic te entran muchas dudas; hay que tener en cuenta que en esta sección aún no han aparecido grandes cómics clásicos, de los que sin duda hablaremos, obras maestras dignas de tener en consideración, y sin embargo para esta ocasión he elegido uno que nunca pasará a la categoría de cómic referencial. Pero he llegado a la conclusión de que en aras a la objetividad y pluralidad debe de aparecer este mes.

La introducción del cómic, titulada “Simbolismo” es desafortunada y patética, con frases como: “Lo cierto es que tanto se ha escrito y tanto se ha dicho que la verdad ha quedado solapada por un halo de leyenda en el que ambos bandos (en España siempre hay dos bandos enfrentados a muerte, en cualquier cosa) se empeñan en que hicieron lo correcto y aras de un bien mayor. No les creáis. Se mataron porque se tenían ganas, porque eran unos niños maleducados y cascarrabias que disfrutaban molestándose entre ellos, con la fuerza que da la profunda autoconvicción que ellos eran los poseedores de la VERDAD y cualquier cosa que se saliera de ella era blasfemia contrarrevolucionaria que debía ser suprimida”. Esto escribe el guionista de esta inefable historia.

Según el editor, Vicente García, “En esta ocasión los autores y la editorial pretenden únicamente contar una historia y hacerles pasar un buen rato, usando un contexto histórico como la Guerra Civil como pretexto para situar la acción”.

Siguiendo la línea del Simbolismo, en el Glosario se nos da una breve reseña de las principales corrientes políticas de la época (comunismo, fascismo, anarquismo, PCE, Falange española, carlismo y República), no aparecen socialismo, ni la CEDA, ni el movimiento republicano, ni tantas cosas, por lo que estamos ante un Glosario, en la línea del cómic, muy malo, discutible, tendencioso y con errores tan llamativos como llamar Partido Comunista Español al PCE después de iniciada la Guerra Civil, un error impropio del guionista del cómic, que es historiador.

El Epílogo de este cómic es un artículo escrito por un miembro de la CNT, al que el actual ascenso electoral del trifachito le ha venido de perlas para darle un barniz de contemporaneidad (barniz que no tenía cuando fue escrito e texto) pero que en general es también desafortunado, con reflexiones como: “Probablemente, la mayoría de los que lean este cómic jamás han vivido una dictadura, como yo no viví la guerra, pero al contrario que a mi generación perdida, mi generación del desencanto, no se la hemos hecho vivir, al contrario, en nuestra ansia de olvidarla, de convertirnos en un país moderno y democrático, de soñar que la igualdad y la justicia estaban al alcance de la mano, hemos demonizado no sólo la historia de los años de la guerra y del franquismo, sino que hemos intentado borrar la memoria de esa época, negarla, despreciarla, tal vez por vergüenza de la boina y la tortilla de patatas, que hemos sustituido ansiosamente por la gorra de béisbol y la comida de diseño como si fuera mejor.”.

El argumento es imposible y posee una simpleza más que evidente: un convoy integrado por militantes comunistas (que aparecen como personajes dogmáticos  y crueles) y anarquistas (con un perfil más suave e idealista) llega a un pueblo nacional y lo toman. Y en medio de la refriega asistiremos a la evolución de una historia de amor entre la hija del alcalde y el dirigente de la CNT. El argumento es uno de los aspectos más deficitarios de este cómic; sus personajes carecen de caracterización y coherencia. Se recurre a una serie de estereotipos que evidencian un maniqueísmo absoluto. Lo que nos queda por aclarar es si este maniqueísmo es fruto de la ignorancia del guionista (ya hemos dicho que es historiador), o bien está hecho de forma consciente, como particularmente pienso. El guionista huye descaradamente de tratar las peculiaridades sociales y políticas de la Guerra Civil.

Todo esto nos lleva a que los personajes de esta historia son completamente planos y poco creíbles, con un resultado caricaturesco y banal. Además, se da la particularidad de que la cara de los personajes principales están copiados de estrellas del cine, así podemos encontrarnos con las caras de Humphrey Bogart, Marlon Brando …, o al mismísimo Trosky. Sin embargo, el resto de personajes de la historia carecen de rostro, de ningún tipo de expresión, algo insólito. El dibujo es francamente malo, con un planteamiento tan austero que sus viñetas carecen totalmente de fondo y de detalle, lo que lo hace muy poco atractivo.

Además, contiene en algunas partes del cómic una especie de humor absurdo, aunque a mi gusto muy malo; como por ejemplo cuando los falangistas (tratados también con benevolencia y como unos idealistas) inician al alba un ataque sorpresa contra el acuartelamiento de los republicanos, y en vez de hacerlo en silencio lo hacen cantando el Cara al Sol y anunciando su llegada, dando tiempo a organizar la defensa. En definitiva, una historia banal que tampoco entretiene. Un cómic del que si recomendamos su lectura es tener una visión lo más plural e imparcial posible de como la novela gráfica se acerca a la narración de la Guerra Civil.

El final, que no vamos a destripar en este artículo, parece una metáfora de la adaptación de una parte de la población al nuevo régimen franquista, logrando con ello prestigio social y enriquecimiento a cambio de la represión y miseria general del resto de la sociedad.

Un saludo. Casimiro Castaño.

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