A LOS VOLUNTARIOS  INTERNACIONALES.  DESPEDIDA

A este duro y batido corazón del planeta,

a esta sangrada y viva, fiera, tierra española

que alumbra con su ejemplo un sueño de profeta

y derrama su sangre con ímpetu de ola,

llegasteis, camaradas,

dominando un otoño de pólvora y metales,

de furias y de espadas;

vosotros los ardientes, amigos terrenales

del pan y de la piedra,

de la madera viva y el herrumbroso clavo,

del silencioso musgo, de la obstinada yedra,

vosotros, camaradas,

sacros libertadores del hambre y del esclavo.

 

¿Quién que os viera llegar entre la bruma obscura

al Madrid de noviembre erguido y no aplastado

-imagen fulgurante de un fuego que aún perdura-

no recuerda aquel gesto de gladiador airado

que alzara vuestro pecho y vuestra frente?

¿Quién no recuerda vuestra presencia animadora,

vuestra cerrada voluntad batiente,

cuando la negra espuma destructora

mordía el corazón de la ciudad ansiada,

y un pueblo sepultaba chacales y tiranos

el  pecho por barrera y el puño por espada?

¿Qué corazón, que sueño no os recordará, hermanos?

 

Os vais, pero aquí queda, con vuestra derramada sangre,

la voz de vuestra universal semilla:

Yo veré siempre vuestras figuras proyectadas

en los pelados campos de mi dura Castilla;

os veré sobre el trigo que inaugura

la esperanza del día prometido;

sobre la rosa, sobre el monte y la llanura,

junto al olivo verde y al musgo floreciente,

ensanchando este suelo en su eternal latido,

que guarda vuestros muertos y el sueño de su frente.

yo os veré como siempre os vi y os conociera;

hundiendo y derribando hasta la nueva era.

Cuando pasen los años y el ala de la vida

levante la alegría que derribé la guerra

y  la paz cimentada en la sangre vertida

mueva el sueño del hombre y el fruto de la tierra:

vuestro recuerdo, como un ala evocadora,

animará el hogar de paz y de ventura;

vivirá junto al hombre que pasa y el niño que madura.

Creceréis en el tiempo. Iréis de nuestra historia

al corazón y al labio y a la frente y al sueño.

vuestro ardor, vuestra sangre, vuestro sagrado empeño

más nuestro cada día lo hará nuestra memoria.

 

Juan Paredes      En Homenaje de despedida…

 

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