HEROE. BRIGADA INTERNACIONAL

Sangre,

o bandera

o llama,

o la vida misma.

¿Son la misma cosa:

o es nuestro sueño?

Vine.

Un océano por medio

y medio continente.

fronteras

y montañas en el alto horizonte

y gobiernos que me dijeron NO

¡NO PUEDES IR!

Pero vine.

En las claras fronteras del mañana

puse el saber y la fuerza

de mis años.

no es mucho,

porque soy joven-

(Era joven,

debía decir,

pues ahora estoy muerto).

De haber llegado a los noventa

no habría tenido

un mejor final.

Yo dí lo que quería

y lo que tenía que dar

para que otros vivieran.

y cuando las balas

arrancaron mi corazón,

y la sangre

se agolpó en mi garganta,

me pregunté si era sangre

lo que salía

¿O era una llama roja?

¿O tan solo mi muerte

convertida en vida?

Son la misma cosa:

¡es nuestro sueño!

¡Mi muerte!

¡Tu vida!

¡Nuestra sangre!

¡Una llama!

¡Son la misma cosa!

Langston Hughes,  1937

 En  Langston Hughes. Oscuridad en España. Universidad de león. 1998
Hughes (1902-1967), “el poeta laureado de Harlem”, era de raza negra y nación en este barrio de Nueva York. Protagonizó el despertar cultural afroamericano, contribuyendo en los años veinte al llamado Renacimiento de Harlem. Desde su primer libro de poemas escrito en 1926, The Weary Blues, hasta su muerte publicó más de dieciséis libros de poesía, dos novelas de teatro y múltiple relatos… Su prolífica obra bebió de raíces afroamericanas, así como de los numerosos viajes que realizó por todo el mundo y en sus estancias más o menos largas en diversos países y ciudades. En 1937 llegó a España para informar sobre la Guerra Civil en la revista Afro-American de Baltimore; durante los seis meses que permaneció escribió artículos y poemas de gran interés, entre los que destaca éste dedicado a los voluntarios norteamericanos caídos en tierra española.
Langston Hughes, Viajes por Hispanoamérica y España
Desde muy joven Hughes se sintió atraído por la cultura hispánica en general y por la española en particular. Cuando tenía solo seis años acompañó a su madre a visitar a su padre en Toluca (México) en un intento fallido de la pareja por recomponer el matrimonio. Once años después, en 1919, vuelve a México llamado por su padre y al año siguiente repite el viaje, aunque padre e hijo nunca llegaron a reconciliarse. Pero en México aprendió a hablar español, leyó y admiró a autores españoles como Cervantes, Blasco Ibáñez, Pío Baroja y García Lorca. La última vez que visitó México fue en 1934, con ocasión del fallecimiento de su padre. En esta estancia conoció y trató al folklorista Andrés Henestrosa, al fotógrafo francés Henry Cartier-Bresson y a escritores como Salvador Novo, Carlos Pellicer, Xavier Villaurrutia o José Gorostiza. Especial relación mantuvo con los grandes muralistas mexicanos Orozco, Siqueiros y Diego Rivera. Años más tarde Hughes recordaría esa estancia mexicana como una de las épocas mejores de su vida.
También visitó Cuba, al menos en cuatro ocasiones. La más significativa fue en 1930, cuando algunos poemas suyos habían sido traducidos ya al español por Fernández de Castro. Entonces conoció y trató asiduamente, entre otros, al poeta Nicolás Guillén. Fruto de esta estancia es la traducción al inglés de poemas del propio Guillén y de otros escritores cubanos. Con ocasión de la que sería su última visita a la isla, en 1931, escribiría su conocido poema antiimperialista “To the Little Fort of San Lazaro  on the Ocean Front, Habana”
Pero la estancia que resultó más decisiva en su vida fue la que hizo a España en 1937 como corresponsal del periódico Baltimore Afro-American para informar a la sociedad norteamericana de la realidad de la guerra civil y especialmente sobre los negros norteamericanos enrolados en las Brigadas Internacionales. Antes de su venida a España ya Hughes se había manifestado en defensa de la República amenazada y había escrito un poema antibélico, “Song of Spain”. Debido a la neutralidad oficial del gobierno de los Estados Unidos ante la guerra de España, Hughes viajó a España a través de Francia y en París tuvo ocasión de asistir al II Congreso Internacional de Escritores,  que reunió a intelectuales antifascistas de toda Europa. En compañía de Nicolás Guillén, Hughes llegó a España en agosto de 1937 y tras una corta estancia en Barcelona y Valencia, llegaron a Madrid donde fueron instalados en la sede de la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, que dirigía José Bergamín y de la que era secretario Rafael Alberti. Así comenta Hughes su instalación en Madrid: “De esta casa madrileña, que antes fue un palacio para el ocio de los ricos, entran y salen ahora los mejores escritores, artistas y pensadores de España, así como los visitantes extranjeros que residen en Madrid o que se encuentran en el país reuniendo material para artículos y libros (…) En ocasiones estos escritores, tanto españoles como extranjeros, dejan la casa para continuar su labor como luchadores, pensadores o artistas en el frente, y ya no regresan (…) Como ven, los artistas y escritores que frecuentaban la Alianza en Madrid no eran de la escuela de la Torre de Marfil. De hecho, les habría sido imposible estar en una Torre de Marfil en Madrid. Los cañones la habrían hecho pedazos”[]
A finales de diciembre de ese mismo año, y tras haber visitado los frentes, Hughes dejó Madrid y, otra vez a través de Valencia y Barcelona, alcanzó tierra francesa: “Al verme aquel día en Tour de Carol (el primer pueblo de Francia), por primera vez en seis meses lejos del estruendo de los obuses y de la bombas, me senté en la cantina de la estación y pedí una suculenta comida (…) Qué diferencia establece una frontera: a un lado de una línea invisible, comida; al otro, nada. A un lado, paz. Al otro, guerra. A un lado, tranquilidad bajo el sol. Al otro, el ¡bang! de los obuses, el ulular de las sirenas y el estallido de las bombas sobre ciudades populosas (…) Permanecí a solas en el andén de la pequeña estación aquel luminoso día de diciembre y miré por el valle hacia España pensando en las fronteras, las nacionalidades y la guerra. Me pregunté qué sería del pueblo español que marchaba por la sangrienta cuerda floja de su guerra civil”[
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