Espacios en blanco

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Autor: Miguel Francisco

Año: 2017

Editorial: Astiberri

127 páginas

La editorial bilbaína Astiberri acierta nuevamente (y ya van muchas) con esta obra imprescindible. “Espacios en Blanco” es un cómic autobiográfico de Miguel Francisco en el que el autor vuelve la mirada al pasado para contarnos la historia de su abuelo y de su padre, partiendo de sus recuerdos y de las narraciones sueltas y dispersas que su progenitor le contaba en su niñez. Su objetivo: reconstruir la historia familiar, llenar los espacios en blanco que tantas veces le llevaban a preguntarse qué pasó realmente en su familia en la época de la guerra civil y en la postguerra, por qué su abuelo emigró a Argentina desde un pequeño pueblo de Almería y qué hizo allí, por qué su padre rezumaba amargura, por qué no recuperó las casas que le fueron usurpadas tras la guerra, por qué no se hablaba de según qué cosas en su hogar. Todo ello trufado con apuntes de una realidad actual que ha llevado a Miguel Francisco a vivir y trabajar en Finlandia.

Gracias a sus pesquisas e indagaciones el autor va llenando, en parte, todos esos silencios vividos y puede encajar algunas piezas del rompecabezas de su pasado y de su historia familiar. Acaba sabiendo así que su abuelo, militante anarquista, se fue a Argentina probablemente huyendo de la dictadura de Primo de Rivera, que contactó en Sudamérica con varias personas que luego regresaron también a España y pertenecieron a las juntas revolucionarias, que la mayoría de su familia perteneció a sindicatos y partidos de izquierdas, que algún familiar se exilió a Francia y acabó después en Mathausen, llegando a la conclusión de que, en definitiva, su padre no hablaba por miedo y por proteger a su familia.

El autor nos sumerge con maestría en los años de la guerra civil y la postguerra. Su línea extraordinariamente diáfana no rebaja el discurso, ni la negrura que refleja la época; al contrario, el hambre, la crueldad, las represalias…. son percibidas por el lector con una claridad pasmosa. Así lo atestiguan pasajes como el de las casas confiscadas, el de los fusilamientos que su padre, con tan solo 5 años, tenía que oír cuando estaba ayudando a su abuelo en el trabajo o el de cómo se “marcaba” y señalaba con un pañuelo negro en el brazo a los hijos e hijas de los “rojos”.

El tratamiento que realiza de su familia está plagado de ternura, pero sin escatimar cuestiones que pueden llevar a una cierta desmitificación, como el pasaje en que nos narra que su abuelo, a pesar de ser militante de la CNT, tuvo que sufrir represalias en su trabajo como albañil por parte de compañeros de ideología y militancia por haberse negado a prender fuego a los santos de la iglesia cuando un grupo de milicianos anarquistas entró en el pueblo.

Por otra parte, la claridad de las viñetas y su expresividad son muy notables. El hiperrealismo que destila la obra no entra en contradicción en ningún momento con las partes oníricas e incluso psicodélicas que reflejan la vida actual del autor en Finlandia. En realidad, sirven de un cierto contrapunto complementario que refleja sus luchas internas por comprender y los fantasmas que le asolan.

Personalmente, este cómic me ha conectado con sensaciones propias (seguro que compartidas por muchas personas en este país), con todos esos silencios e historias inacabadas que casi todxs conocemos. He vuelto a rememorar esa parte de mi familia que nunca tuvo miedo y vivió el franquismo, parafraseando a Mayor Oreja, como una “época de extraordinaria placidez”, frente a todos esos otros familiares míos que guardaron silencio durante muchos años y que sólo contaron algunas cosas con cuentagotas, intentando no despertar fantasmas y viviendo con miedo.  Miguel Francisco pone sobre la mesa la memoria histórica de este país, contada desde lo intimo, desde la historia en minúsculas, casi desde la intrahistoria en el sentido unamuniano. Y para que podamos ver lo extraordinariamente necesario que es llenar todos esos espacios en blanco de la historias particulares para completar el puzzle de la memoria histórica general de este país.

Otra reflexión tiene que ver con todo lo que nuestros mayores no han sabido o podido transmitirnos, por miedo en la mayoría de los casos, y también con todo lo que las generaciones siguientes no hemos querido averiguar, en algunos casos por comodidad, en otros inducidos en parte también por una cierta presión ejercida desde pequeñitos para que nos conformemos con lo que sabemos y con lo que hay.

Breve apunte sobre el  autor:

Miguel Francisco empezó a dibujar desde muy joven. A mediados de los años 80 trabajó en la editorial Bruguera, donde permaneció hasta que cerró. Posteriormente dibujó para distintas pequeñas editoriales, hasta que decidió dar un giro a su carrera al ver las dificultades para salir adelante en el mundo del cómic. Empezó entonces a dedicarse al diseño y la publicidad, hasta que tuvo la oportunidad de centrarse en la animación y los videojuegos, primero en Dinamarca y después en Finlandia, diseñando personajes para la compañía Rovio. De su imaginación y trabajo han salido los famosos personajes de “Angrybirds”. Actualmente sigue residiendo en Finlandia. Con “Espacios en blanco” ha regresado al mundo del cómic después de muchos años, desarrollando así su primera novela gráfica.  Esperemos que la siguiente no se haga esperar.

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