IDENTIDAD NACIONALISTA E IDENTIDAD REPUBLICANA

Para impulsar la reflexión Hausnartzen. ¿Qué República? Seguimos con la publicación de diversos textos . Estas invitado e invitada a participar, envíanos tu texto: crepublicano@gmail.com   Os traemos este artículo de nuestro compañero Amado Mugika.

En febrero de 1.848, José María Iparraguirre participó en la revolución republicana que destronó a Luis Felipe De Orleans, pero en 1.852 fue expulsado de Francia tras el golpe de estado de Napoleón III contra la II República. En 1853, encontrándose en el Café de San Luis, de la calle Montera, de Madrid, improvisó ante un grupo de amigos vascos el Gernikako Arbola. El éxito de la canción fue muy grande, y desde entonces este zortziko ha conseguido que todos los vascos la hagamos nuestra y nos emocionemos al escucharla. Pero a Sabino Arana no le gustaban los versos que decían: eman ta zabal zazu  munduan frutua Que en castellano quiere decir: da y extiende por el mundo tu fruto. Entendiéndose que su   fruto es la libertad.

Al creador del nacionalismo vasco le parecía mal eso de repartir por el mundo el fruto de  nuestro árbol sagrado, y creía que Iparraguirre “interpretó fielmente la frivolidad, el craso error de los vascos de su tiempo. Quería que el roble extendiera su fruto allende el Ebro, cuando no lo daba ni para su país… Es muy bonito pedir que la justicia que simboliza el árbol de Gernika la difunda por el mundo. Pero lo práctico es procurar fructifique de nuevo para el pueblo donde nació y vivió…El árbol de Gernika es símbolo del bienestar de nuestro pueblo: no de ningún otro…El árbol de Gernika , cantado por Iparraguirre no es símbolo de libertades vascas, sino de una paz universal ,la cual sólo en la cruz tiene su emblema. Pretender que las instituciones vascas se extiendan a todo el mundo…¡insigne necedad!… Pero los vascos siguen cantando la letra de Iparraguirre y nadie canta : eman ta zabalzazu, geurian frutua (da y extiende tu fruto en nuestra tierra) “ (1)

Es evidente que Iparraguirre y Arana no hablaban del mismo tipo de libertad: mientras el primero la quiere extender por todo el mundo, el segundo la restringe exclusivamente al territorio de Euskadi. Mientras uno se refiere a una libertad universal, el otro lo hace a una libertad tribal. La naturaleza de estas dos libertades es diferente: el poeta quiere ver a todos los seres humanos libres de dominación y el profeta nacionalista solo quiere ver libre, separada, a la para él es su patria invadida. Para Arana libertad es “askatasuna”, que es liberar en el sentido de soltar, desatar algo que estaba atado, y para el inmortal bardo libertad es un mundo sin dominantes ni dominados, una libertad republicana.

Porque lo esencial es que mientras el nacionalista piensa solo en su libertad y es capaz de restringir la de los demás para aumentar la suya, porque es una libertad tribal, una libertad restringida a un limitado grupo humano, la libertad republicana solo aumenta y se afianza si se la reparte entre todas las personas del mundo, porque solo siendo todos libres nuestra libertad está asegurada, porque sólo somos realmente libres rodeados por mujeres y hombres libres que defiendan la libertad de todos. Esa es la paradoja de la libertad republicana: que cuando más se reparte más se posee.

Son dos visiones de la libertad que corresponden dos concepciones del mundo distintas, a dos identidades diferentes.

Sabino Arana fue construyendo, en la última década del siglo XIX, una identidad nacionalista vasca en negativo, en oposición a todo lo que para él representaba de deplorable España y lo español, resaltando paralelamente las supuestas virtudes de los vascos. Así, “la fisonomía del bizkaino es inteligente y noble; la del español es inexpresiva y adusta. El bizkaino es de andar apuesto y varonil; el español, o no sabe andar (ejemplo, los quintos) o, si es apuesto, es de tipo femenil (ejemplo, el torero). El bizkaino es nervudo y ágil; el español es flojo y torpe. El bizkaíno es inteligente y hábil para toda clase de trabajos; el español es corto de inteligencia y carece de maña para los trabajos más sencillos. Preguntádselo a cualquier contratista de obras, y sabréis que un bizkaino hace en igual tiempo tanto como tres maketos juntos. El bizkaino es laborioso (ved labradas sus montañas hasta la cumbre); el español perezoso y vago (contemplad sus inmensas llanuras desprovistas en absoluto de vegetación). El bizkaino no vale para servir, ha nacido para ser un señor (etxejaun); el español no ha nacido más que para ser vasallo y siervo” (2).

Va forjando, pues, una identidad en negativo, en oposición al colectivo humano del que quiere diferenciarse. Es una construcción excluyente que estigmatiza a una parte de la sociedad vasca de su tiempo, por lo que lo destacable es que no se trata de una construcción en positivo, una construcción que resalte las cualidades de lo que considera su grupo, sino que fabrica su identidad frente al otro del que quiere separarse.

Como en su tiempo estaban de boga las teorías de supremacismo racial como el de Gobineau y su “Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas” (1.855), Sabino Arana fundamentó en la raza la primigenia nación vasca que imaginaba, siguiendo así las ideas dominantes en los nacionalismos de su época. No lo fundamentaba en lo étnico-cultural, en el euskera, como se hará posteriormente, pues para él lo relevante eran la raza y la religión católica y no nuestro idioma propio, de forma que “si nuestros invasores aprendieran el euskera, tendríamos que abandonar éste, archivando cuidadosamente su gramática y su diccionario y dedicarnos a hablar el ruso, el noruego o cualquier otro idioma desconocido para ellos, mientras estuviésemos sujetos a su dominio” (3).

Como sucede muchas veces en las ideologías esencialistas, el nacionalismo vasco cambió la razón fundamental de su creación, la defensa de una nación vasca fundamentada en la raza, por la defensa de esa nación fundamentada en lo cultural, la lengua, principalmente, pues los argumentos racistas habían caído en el descrédito.

Por el contrario, la identidad republicana se va formando de una manera abierta, sin excluir a ningún colectivo humano, de forma acumulativa como las capas de una cebolla, empezando por los grupos más cercanos a los más lejanos, hasta sentirse ciudadano del mundo, pues en ese proceso de empatización progresivo no interfiere ninguna ideología excluyente.

Es un idea parecida a la que expresa Steven Pinker, catedrático de Harvard, una de la autoridades mundiales en psicología cognitiva : “La mente humana, de hecho, tiene una categoría flexible de tribu :puede referirse a la raza, pero también a un equipo deportivo, a Windows contra Mac, a Nikon frente a Canon .Y además cabe su despliegue en múltiples niveles: uno puede estar orgulloso de ser de Harvard, de Boston, de Massachusetts y del mundo. Si nuestro sentido de nación coexiste con nuestro sentido de ser europeos y, más importante aún de ser humanos y ciudadanos del mundo ,puede ser benigno. El nacionalismo es pernicioso cuando se parte de una imposición tribal y se entiende como una suma cero: nuestra nación solo puede prosperar si a otras les va peor” (4)

Mientras una identidad nacionalista excluyente llevó al exPresident del Generalitat Jordi
Pujol a decir a Josep Borrell que “Usted Borrell ha nacido en Cataluña, pero catalán no es” (5), su identidad republicana llevó a Manuel Azaña a manifestar en el Congreso que “nadie tiene el monopolio del patriotismo”. Estas dos actitudes tan opuestas son el resultado de la construcción de estos dos tipos de identidades nacionales: para el nacionalista sólo son patriotas o “abertzales” los que comulguen con sus ideas y para el republicanismo lo son todos los ciudadanos que amen a su país desde cualquier idea que profesen.

Pero, también, esta construcción excluyente de la identidad tiene consecuencias en el campo moral, como bien señaló George Orwell, el autor de “Homenaje a Cataluña, “1984”, “Rebelión en la Granja”, etc. en sus “Notas sobre el nacionalismo”, escritas en 1945, en las que hace esta perspicaz observación : “Todo nacionalista es capaz de incurrir en la deshonestidad más flagrante, pero al ser consciente de que está al servicio de algo más grande que él mismo, también tiene la certeza inquebrantable de estar en lo cierto”.

Lo que sucede es que la identidad configura la moral, y una identidad sesgada, excluyente, produce una moral mutilada porque no tiene una referencia universal (toda la sociedad, todas las personas) sino parcial (la nación nacionalista), y porque no son una identidad y, por tanto, una moral naturalmente construidas por el individuo, sino fabricados desde fuera de él por una élite nacionalista. Es una moral que Immanuel Kant llamó heterónoma, pues sus criterios no están dados por el propio sujeto sino por intereses ajenos: la autoridad de una religión, una ideología o una élite. Es un tipo de moral condicionada a un fin: por lo que es bueno para su grupo; pero al ser éste sólo una parte de la sociedad no puede universalizarse por lo que no es una ley moral sino una moral de tribu. Es una moral en la que es problemática la realización del imperativo categórico de Kant: “Obra según una máxima (principio de actuación) tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne en ley universal”, o en su otra formulación, “obra de tal modo que trates la Humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otra, siempre como un fin y no como un medio”

Por el contrario la moral republicana es una moral autónoma al estar construida por cada individuo desde su experiencia y sus valores y tener a lo universal (toda la sociedad, toda la humanidad) como referente sin ninguna exclusión, y en la que el hombre es un fin en sí mismo, pues tiene un valor absoluto, y no un medio para obtener un fin pretendidamente superior. En este tipo de moral no hay ningún obstáculo para que la realización del imperativo categórico produzca ley moral, pues como afirma Adela Cortina, catedrática de ética y filosofía política: “Si los hombres somos capaces de darnos leyes morales, que nos permiten superar el egoísmo y asumir la perspectiva de la universalidad (ser capaces de ponernos en el lugar de cualquier otro), es porque somos autónomos y no heterónomos”.

Amado Mújica Uriarte

 

NOTAS:
(1) Sabino Arana. “Obras Escogidas”. Editorial Haranburu. Donosti 1978.Pag 218

(2) Ibidem. Pag.56

(3) Ibidem. Pag.188

(4) El País Semanal .17/06/2018.Pag.56

(5) El Mundo.07/06/2018.

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Una respuesta a IDENTIDAD NACIONALISTA E IDENTIDAD REPUBLICANA

  1. Gabriel Hernando Aguado dijo:

    Por favor les ruego que pongan de forma correcta el nombre y apellidos de mi tio : Julio Hernando Azpiolea .Esperando que mi peticion sea atendida les doy las gracias por anticipado. Saludos

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