IL EST CINQ HEURES

“Nosotros nos comprometemos a hacer todo lo que podamos, pero no estamos seguros de lograrlo. Cuando se trata de una marea como esta, hay que darle tiempo para que se repliegue. Y quizás sea ahora cuando tal vez ustedes se arrepentirán de haber aprovechado los años de depresión y desempleo para excluir sistemáticamente de las fábricas a todos los militantes sindicalistas. Ellos ya no están allí para ejercer sobre sus camaradas la autoridad que sería necesaria para cumplir nuestras órdenes”.

Leon Blum. “Memorias (La historia juzgará)”. 1956.

Este párrafo que León Blum, destacado miembro de la Internacional Socialista y jefe de gobierno del Frente Popular Francés en 1938, pone en boca de los representantes de la C.G.T durante las negociaciones que mantuvieron los sindicatos con la patronal a raíz de la ola revolucionaria de 1936, vuelve a estar de furiosa actualidad este mes de mayo en un escenario que, a pesar de todos los intentos por minimizar su alcance, vuelve a preocupar en gran medida a la burguesía más burguesa del planeta: la francesa.

No es casualidad que, exactamente 50 años después del último gran susto sufrido por la clase dirigente francesa, los sólidos cimientos de “La République” vuelvan a sufrir inquietantes micro-temblores patentizados en las huelgas de la S.N.C.F., Air France, las universidades y “lycées”, “La Poste”, eléctricas, sanidad, funcionariado, etc… Y la coincidencia no se debe en absoluto a que todos esos sectores se hayan puesto de acuerdo, al unísono, para “celebrar con tracas” el cincuentenario del 68, sino más bien gracias a la política de desprecio y de soberbia de Macron, que tiende a reproducir un craso error cometido hace 82 años, y también hace 50 por los mismos personajes (otrora con chistera, ora con trajes de Chez Smuggler): Eliminar el peso del movimiento sindical hasta prácticamente hacerlo desaparecer, provocando con ello la ingobernabilidad de las masas y la ausencia de una mínima interlocución que capacite para llegar a acuerdos en momentos límite.

Hace pocas semanas, “le petit Emmanuel” (como le llaman algunos de los que han sufragado su meteórica carrera hacia el estrellato) se jactaba públicamente de la práctica desaparición “de facto” de los sindicatos en su “Nueva Francia”, a la vez que se desinteresaba absolutamente del escenario huelguista que se oteaba en el horizonte y prefería volar unos miles de kilómetros para celebrar la pascua a la americana, intentando competir en impertinencia y en mal gusto con el oscuro personaje (y señora) que hoy ocupa la Casa Blanca.

Es inexplicable que el “preparadísimo” Macron haya desoído a aquellos que anunciaban que pasar por encima de los sindicatos tiene potencialmente un altísimo riesgo para el capitalismo, cuando personajes de su mismo lado de la barricada como es Raymond Soubie, consejero social del ex presidente Sarkozy, se molestase en avisarle de que: “En asuntos sociales, los momentos más difíciles raramente son los que se prevén. Si un conflicto profundo estalla mañana y el Estado tiene como únicos interlocutores a sindicatos debilitados, sin control sobre los acontecimientos ni las masas, significaría para él (Estado) la situación más peligrosa”. Y algo muy parecido a esto es precisamente lo que ha pasado hace pocos días durante las muchas manifestaciones del 1 de mayo que han recorrido las principales ciudades de Francia.

En este mes de mayo que comienza, el problema principal para la élite política de nuestro vecino del norte no es, a pesar de lo que quieran vendernos los medios de comunicación, ni las capuchas y los pasamontañas de los bipolares del Black Block, ni los contenedores en llamas, ni los McDonald arrasados, ni las lunas de los bancos hechas trizas, ni tan siquiera el que la receta más casera del viejo cóctel Molotov vuelva a estar en el Top 10. Lo que empieza a quitar el sueño a los patrones del CAC 40 (principal índice de la Bolsa francesa) y a su gobierno favorito, lo que más está preocupando a todos ellos es el salto hacia el radicalismo que ha supuesto el desmesurado crecimiento del autodenominado “Cortège de Tête” y que, al contrario de lo que pasaba hace 3 o 4 años, ya no puede hablarse de él como de un fenómeno marginal.

Según cifras de la propia Prefectura de Policía, mientras que este 1º de mayo en París unas 20.000 personas desfilaban mansos y cabizbajos tras los carteles de la C.G.T., F.O., Solidaires, la F.S.U. y varios partidos de izquierda, el Cortège de Tête (Collectif, du côté de celles et ceux qui s’organisent. Luttes, manifs, blocages, barricades, occupations, ZAD et soulèvements – vers la Commune. [Sic.]) * reunió casi 15.000 almas, que se hicieron oír de forma rotunda al ubicarse delante de la cabecera sindical habitual. Ha sido su capacidad de suplantar, al margen de los “cauces establecidos”, el protagonismo de partidos y sindicatos lo que realmente ha preocupado al sistema, y no las ocasionales hogueras autistas de las bandas nihilistas. Ya no se puede echar mano de las consabidas “minorías extremistas de todo signo” para justificar las revueltas porque no hay que buscar ahí el origen de este mayo caliente. Muy al contrario, es en el propio seno del poder donde se encuentra la yesca que ha encendido la mecha del desorden: En el carácter cada vez más bonapartista del “macronismo”, que ha bloqueado por todos los medios a la oposición política y sindical, sumiéndola en la impotencia, y debilitando así su capacidad para enmarcar la protesta, a costa de alimentar la radicalidad con una inconsciencia que raya lo suicida.

La arrogancia absolutista e intolerante de las élites liberales, de la que Macron es su síntesis más pulida y agresiva, parece que está deteriorando de forma notoria la idea de “Egalité” de la sociedad francesa, y en especial la de su ciudadanía más joven, que desesperanzada y harta de ser olvidada sistemáticamente por el poder y por las instituciones, reafirma día a día un voraz sentimiento anticapitalista, en ocasiones tintado por equívocos colores. Un sentimiento favorecido tanto por las cada vez más adversas expectativas de futuro, como por la penosa constatación de la impotencia estratégica de las organizaciones sindicales y políticas reformistas, en las que la lucha, en definitiva, se limita a un vacuo radicalismo verbal como programa de máximos.

Es en ese escenario en el que los que se van sumando al Cortège de Tête tienen cada vez una mayor sensación de que debe de ser ahí, adelantando a los sindicatos paralíticos y aupándose por encima de los viejos “popes”, donde en realidad se construirá la historia. Pero a diferencia del Black-Block y de otros “individualistas” de la revolución, parece que muchos militantes del Cortège de Tête cada vez tienen más claro que las armas a esgrimir ya no son los bates de béisbol ni las botellas de gasolina, ni el desprecio hacia una clase obrera capaz de votar a Le Pen con tal de abandonar su orfandad, sino la capacidad de construir una organización sólida y efectiva, codo a codo con ferroviarios, funcionarios, maestros, migrantes o metalúrgicos, que pueda representar una verdadera alternativa anticapitalista a una sociedad enferma, indefectiblemente abocada al desastre ecológico, social y cultural.

PD. Sería recomendable que “Riverita”, como cariñosamente se refieren a él algunas vacas sagradas del Ibex 35, tomase nota del ejemplo francés en este par de años que, presuntamente, faltan para unas nuevas elecciones generales, antes de tan arrogantemente hacer simbólicos cachitos con su viejo carnet sindical, por mucho asquito que le dé eso de contaminar su elegante billetera con tan vulgares y descoloridos retazos del pasado, porque: “Cuando las barbas de tu vecino…”

* Cortège de Tête: Collectivo, a favor de las y los que se organizan. Luchas, manifestaciones, bloqueos, barricadas, ocupaciones, ZAD y revueltas – hacia la Comuna. [Sic.] Cabecera del perfil en Twitter de “Cortège de Tète”.

 

IL EST CINCQ HEURES

Les 403 (*) sont renversées
La grève sauvage est générale
Les Ford finissent de brûler
Les enragés ouvrent le bal
Il est cinq heures
Paris s’éveille
Paris s’éveille

Les blousons noirs (**) sont à l’affût
Lance-pierres contre lacrymogènes
Les flics tombent morts au coin des rues
Nos petites-filles deviennent des reines
Il est cinq heures
Paris s’éveille
Paris s’éveille

La tour Eiffel a chaud aux pieds
L’arc de triomphe est renversé
La place Vendôme n’est que fumée
Le Panthéon s’est dissipé
Il est cinq heures
Paris s’éveille
Paris s’éveille

Les maquisards sont dans les gares
À Notre-Dame on tranche le lard
Paris retrouve ses fêtards
Ses flambeurs et ses communards
Il est cinq heures
Paris s’éveille
Paris s’éveille

Toutes les centrales (***) sont investies
Les bureaucrates exterminés
Les flics sont sans merci
Pendus à la tripaille des curés
Il est cinq heures
Paris s’éveille
Paris s’éveille

Le vieux monde va disparaître
Après Paris, le monde entier
Les ouvriers, sans dieu, sans maître
Autogestionnent la cité
Il est cinq heures
Il est cinq heures
Le nouveau monde s’éveille
Il est cinq heures
Et nous n’aurons jamais sommeil

Música: Jacques Dutronc. Letra de la adaptación: Jacqueline Danno

(*) Referencia al Peugeot modelo 403. El equivalente al Seat 600 en España. El símbolo por excelencia del crecimiento de la clase media en Francia durante las décadas del 50 y del 60.
(**) Blouson noir: Pandillero, miembro de una banda de jóvenes delincuentes. Llamados así por las cazadoras de cuero negro que solían vestir.
(***) La Central: Nombre genérico para cualquier sede de partido político o de sindicato.

SON LAS CINCO

Los 403 están patas arriba
La huelga salvaje es general
Los Ford acaban de quemarse
Los radicales abren el baile
Son las cinco
Paris despierta
Paris despierta

Les pandilleros están al acecho
Tirachinas contra lacrimógenas
Los polis caen muertos en las esquinas
Nuestras nietas se convierten en reinas
Son las cinco
Paris despierta
Paris despierta

La Torre Eiffel tiene los pies calientes
El Arco del triunfo está en ruinas
La plaza Vendôme no es más que una humareda
El Panteón se ha esfumado
Son las cinco
Paris despierta
Paris despierta

La guerrilla está en las estaciones de tren
En Notre-Dame “se corta el bacalao”
Paris recupera a sus vividores
A sus derrochadores y a sus comuneros
Son las cinco
Paris despierta
Paris despierta

Todas las sedes están ocupadas
Los burócratas exterminados
Los “maderos” ahorcados sin piedad
Con las tripas de los curas
Son las cinco
Paris despierta
Paris despierta

El viejo mundo va a desaparecer
Después de Paris, el mundo entero
Los obreros, sin dios, sin amo
Autogestionan la ciudad
Son las cinco
Son las cinco
El nuevo mundo despierta
Son las cinco
Y nunca más nos dormiremos.

Traducción libre: Liova37

Camarades, touts a la manif!!!! París. Mayo 1968

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