UNIDAD MÉDICA BRITÁNICA

GRAÑÉN

 Demasiada gente está enamorada de la Muerte

y ella camina airosa, nunca duerme sola;

reconoce que es vecina y enemiga,

odiada pero usual, más fácil de evitar

cuando mejor se la conoce.

 

“¡Llora, llora, llora!”, dicen las balas de ametralladora

expresando, como un mosquito, una nota diferente y próxima;

sostén firma la luz, que alumbre la carne negra, desgarrada,

y  la sonda brillante; lleva la camilla; aguarda,

seca los ojos.

 

Nuestros enemigos pueden ensalzar la muerte y adorarla;

para nosotros el sol, la resistencia; y ahora, de noche,

esta luz eléctrica, débil, menguante, aunque cercana,

persigue los dedos del cirujano. Somos aliados

de esa luz.

 

Tom Wintringham, Barcelona, Noviembre 1986

 

En Un país donde lucía el sol. Hiperión. Trad. Bernd Dietz.
Tom Wintringham, comunista y veterano de la Primera Guerra Mundial,  marchó a Barcelona en septiembre de 1936 con la intención de escribir algunos reportajes sobre la guerra. La primera visita al frente le llevó al hospital de Grañén, recién montado gracias a la solidaridad británica; allí vio el tipo de guerra que practicaban las milicias anarquistas y del POUM, que le causaron alguna preocupación. En Noviembre pasó a la base de Madrigueras (Albacete) donde integró el núcleo de formación del Batallón británico como experto e instructor de ametralladoras. El seis de febrero se le nombró comandante responsable del batallón, siendo herido en los primeros días de combate. Su compromiso, según él mismo explicó, provenía del fuerte influjo liberal de sus antepasados y de su propio padre: “El me envió aquí… Sentía deseos de aplastar otro nuevo foco antes de que el  incendio fascista se extendiera al resto del mundo… No tenía tiempo el poeta de hacer poemas en un mundo de miserias y ensombrecido por la guerra”.  Su poema “Grañén” fue escrito tras la experiencia de su primera visita al frente; para entonces ya era conocido el grito de “Viva la Muerte” pronunciado por Millán Astray en Salamanca dos meses antes. La visión cercana de la muerte induce a Wintringham a rechazarla, contraponiéndola con la luz, el sol, la vida, metáforas para él del ideal político por el que lucha. El poema supone también un canto a la resistencia a morir, en esos momentos hospitalarios en que cualquier herida podría suponer el fin.

 

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