BATALLA DEL RIO JARAMA

jaramaEntre la tierra y el platino ahogado

de olivares y muertos españoles,

Jarama, puñal puro, has resistido

la ola de los crueles

 

Allí desde Madrid llegaron hombres

de corazón dorado por la pólvora

como un pan de ceniza y resistencia,

allí llegaron.

 

Jarama. Estabas entre hierro y humo

como una rama de cristal caído,

como una larga línea de medallas

para los victoriosos.

 

Ni socavones de substancia ardiendo,

ni coléricos vuelos, explosivos,

ni artillería de tiniebla turbia

dominaron tus aguas.

 

Aguas tuyas bebieron los sedientos

de sangre, agua bebieron boca arriba:

agua española y tierra de olivares

los llenaron de olvido.

 

Por un segundo de agua y tiempo el cauce

de la sangre de moros traidores

palpitaba en tu luz como los peces

de un manantial amargo.

 

La áspera harina de tu pueblo estaba

toda erizada de metal y huesos,

formidable y trigal como noble

tierra defendían.

 

Jarama, para hablar de tus regiones

de esplendor y dominio, no es mi boca

suficiente, y es pálida mi mano:

allí quedan tus muertos.

 

Allí queda tu cielo doloroso,

Tu paz de piedra, tu estelar corriente,

Y los eternos ojos de tu pueblo

Vigilan tus orillas

 

Pablo Neruda       

En Tercera Residencia. Ed. Losada. Buenos Aires, 1979

 

pablo-neruda-3Pablo Neruda llegó a Madrid en 1934, como cónsul de Chile. Pronto se integró en el grupo de artistas que, herederos de la generación del 27, dinamizó la cultura española en la época republicana.  Al estallar la guerra perdió su cargo consular y comenzó a colaborar con la Alianza de Intelectuales Antifascistas; su paso al comunismo provino de la admiración que le provocó la lucha seria y consecuente de ese partido en el inicio de la guerra y en la defensa de Madrid. Vivía en el barrio de Argüelles, en la Casa de la Flores que él popularizó con dramático poema. “La guerra de España iba de mal en peor, escribe en su libro de memorias “Confieso que he vivido”, pero el espíritu de resistencia del pueblo español había contagiado al mundo entero. Ya combatían las brigadas de voluntarios internacionales. Yo los ví llegar a Madrid, todavía en 1936, ya uniformados. Era un gran grupo de gentes diferentes edades, pelos y colores”.
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