La Política Económica Republicana

Con el objetivo de fomentar la reflexión Hausnartzen. ¿Qué República? . Os traemos este artículo de Amado Mujica,

398605_10150470733368603_156535438602_8488509_2008329297_nEn 1764 los grandes comerciantes de cereales y los economistas fisiócratas, unidos en un gran lobby, consiguieron del Rey de Francia, Luis XV,  la libertad del precio del trigo con la desregulación de los mercados. Los economistas fisiócratas, con Quesnay a la cabeza, argumentaban que había que dejar en libertad a los mercados para que, de forma natural, ellos marcasen el precio del pan. Vendían su “laissez faire et laissez passer”, la completa libertad y la ausencia de intervención pública en economía, como pensamiento científico y natural contra lo que consideraban como resabios feudales de regulación del mercado de subsistencias. Ellos pretendían ser la modernidad, lo científico, frente al oscurantismo y la ignorancia del pueblo aferrado a suscostumbres.

La anulación de los controles y tasas en el mercado de las harinas elevó el precio del pan a niveles muy altos (al ser su demanda inelástica), haciéndolo así prohibitivo para amplias masas de la población, lo que originó motines de hambre por toda Francia, y los Intendentes informaron al rey de la situación explosiva a la que habían llegado sus departamentos.

Como explica la historiadora  Florence Gauthier (1), el precio del pan se llevaba más del 60% del salario de los jornaleros y artesanos pobres, así que una fuerte alza de los precios ponía en peligro su subsistencia.

Si bien el rey suspendió prontamente el experimento ante las revueltas populares, en 1774, a la muerte de  Luis XV, el lobby cerealista volvió a la carga con Turgot, discípulo de Quesnay, como ministro de Luis XVI, y en 1775 emitió un edicto con el que liberalizaba el comercio del grano, coincidiendo con una mala cosecha.

El acaparamiento de los especuladores y la escasez de la cosecha, junto con el desmantelamiento de los depósitos municipales y  de las limitaciones tradicionales que salvaguardaban los precios de las subsistencias, dispararon los precios,  generando hambrunas que se extendieron por toda Francia.

Esta vez el lobby estaba preparado y consiguió la ley marcial y que el ejército reprimiese a los hambrientos. Los contemporáneos la llamaron “La guerra de las harinas”, pues las luchas y los motines fueron muy duros y extensos, hasta que Luis XVI tuvo que ceder y obligar a los acaparadores a vender a un precio tasado.

En la Asamblea Constituyente, creada al principio del proceso revolucionario y en la Convención, el lobby cerealista siguió  con sus presiones y corrupciones, presentando sus pretensiones de libertad comercial como el sagrado derecho de disponer libremente de la propiedad,así como reclamando la ley marcial para su aplicación; loque consiguieron en Octubre de 1789 con la libertad del comercio del grano y la condena a muerte a los que tasaran los precios de las subsistencias.

El 2 de Diciembre de 1792, M. Robespierre subió alatribuna de la Convención republicana y pronunció su discurso sobre las subsistencias (2) a favor de las masas populares hambrientas.  Denunció que “la escasez actual es artificial”, pues “el suelo de Francia produce mucho más allá de lo estrictamente necesario para alimentar a sus habitantes” y pidió a los diputados “someter a un examen riguroso todas las leyes promulgadas bajo el despotismo real y bajo los auspicios de la aristocracia nobiliaria, eclesiástica o burguesa”, pues la “legislación de la Asamblea Constituyente sobre el comercio del grano no era sino la que le había precedido” , con la consecuencia de “primar en beneficio de las sanguijuelas del pueblo, libertad sin límites para el comercio y bayonetas para acallar a quienes protestaban”.

Las leyes sobre la libertad de comercio de granos son erróneas por dos causas:

“Primera: Los autores de esa teoría han considerado los productos más necesarios  para  la vida como mercancías ordinarias, y no han establecido ninguna diferencia entre el comercio del trigo, por ejemplo, y del añil; han disertado sobre el comercio del grano, sin ocuparse de la subsistencia del pueblo”

“Segunda: Prestaban demasiada atención a los beneficios de losnegociantes y de los propietarios  y muy poca a la vida de la gente corriente. ¿Y por qué? Porque eran los grandes, los ministros, los  ricos, los que escribíany los que gobernaban”

Robespierre  destaca que el comercio del pan es de interés social, que esdiferente al de los otros productos, pues es la vida, la existencia de las personas la que está en juego :“No es indispensable que pueda comprar brillantes tejidos, pero sí lo es que pueda comprar pan para mí y para mis hijos. El negociante puede muy bien guardar en sus almacenes las mercancías ambicionadas por el lujo y la vanidad hasta que llegue el momento de venderlos al precio más alto posible; pero nadie tiene derecho a acaparar montones de trigo cuando sus semejantes mueren de hambre

¿Cuál es el primer  objetivo de la sociedad? Es satisfacer los derechos imprescriptibles de la persona ¿Cuál es el primero de esos derechos? El de subsistir. La primera ley social es, pues, la que garantiza  a todos los miembros dela sociedad los medios para subsistir, todos los demás están subordinados a ése

Añade el diputado jacobino, “los alimentos necesarios para la subsistencia son tan sagrados como la vida misma”, y señala a continuación dos ideas de política económica republicana muy importantes: 1º) “Solo el excedente puede ser propiedad individual, y dejarse en manos de los comerciantes para su beneficio” y 2º)”Toda especulación mercantil a expensas de la vida de sus semejantes no es un negocio, es un robo y un fraticidio

Según estos principios, Robespierre llega a la conclusión de que hay que “asegurar a todos los miembros de la sociedad el gozo de la parte de los frutos de la tierra necesaria para su subsistencia; a los propietarios  y cultivadores el precio de su trabajo, y dejar lo superfluo para la libertad de comercio

El tribuno establece claramente las prioridades de una política económica republicana, poniendo en primer lugar, como objetivo prioritario, el conseguir una vida digna para todos los ciudadanos y en segundo lugar un justo beneficio para los empresarios productores. No pone en duda la propiedad y el beneficio empresarial, pero lo supedita a la consecución de una vida digna para todos los miembros de la sociedad. Para que los ciudadanos puedan gozar de libertad, tienen que tener asegurada una base material que la haga posible, pues hablar  de derechos legales y no facilitar los medios para ejercerlos es una broma cruel.

El abogado de Arras sigue atacando desde la tribuna de la Convención a los especuladores y defendiendo la regulación pública del mercado: “¿ Cómo se ha podido entonces pretender que toda restricción, o incluso toda regulación de la venta de trigo, era un atentado contra la propiedad, y disfrazar ese sistema bárbaro bajo el precioso nombre de libertad de comercio?

En defensa del sagrado y exclusivo derecho de propiedad y de la libertad de comercio sin restricciones, el ilustrado Condorcet diría que prefería que un hombre se muera de hambre antes de robar la propiedad de otro. Contra estos argumentosy los monopolios, añade el diputado jacobino:

…si es cierto que la avaricia puede especular con la miseria, y la tiranía con la desesperación del pueblo; si es cierto que todas las pasiones declaran la guerra a la humanidad sufriente, ¿por qué las leyes no deberían reprimir esos abusos? ¿Por qué no detendrían la mano homicida del monopolista, como la del asesino corriente?

Con lo que expresa la segunda idea de una política económica republicana: la lucha contra los monopolios, los cártel, el fraude y la elusión fiscales, y contra todas las posiciones oligopolísticas o de dominio de mercado, los paraísos fiscales,etc. Y argumenta sobre las causas de la especulación y los monopolios:

Qué medio hay más seguro para alentar la codicia y quitarle todo tipo de freno que afirmar como principio que la ley no tiene ni siquiera el derecho a vigilarla e imponerle la más mínima traba

Pone así de manifiesto el interés de las oligarquías, de liberales y neoliberales, de terminar con todo tipo de control legal en los mercados para dar rienda suelta a sus productos especulativos como las subprime, las preferentes, etc. en los que el riesgo pasa a los ahorradores y los exorbitados beneficios son para los bancos.

Cuando de la experiencia de las grandescrisis, como la de 1929, surgió la ley Glass-Steagall, en 1933, para controlar la especulación y el riesgo para los ahorradores al separar la banca comercial de la banca de negocios, la oligarquía financiera movió todos sus resortes y lobbys hasta conseguir anularla en 1999: la codicia sin freno.

Pero, para terminar su discurso, Maximilien Robespierre explica que las medidas de control estatal de los mercados para su transparencia, buen funcionamiento y servicio a toda la comunidad, son también buenos para los grandes y medianos propietarios, pues: “No les privarían de ningún beneficio honesto, de ninguna propiedad legítima; solo les  quitarían el derecho a atentar contra los demás; no perjudicaría al comercio sino al bandidaje monopolista; la única pena que les impondrían sería la de dejar vivir a sus semejantes”

No estaba muy lejos de lo que opinaría, siglo y medio más tarde, el presidente de EE.UU, Herbert Hoover de los especuladores y financieros que provocaron el crac de 1929: “Hay crímenes mucho peores que el asesinato y por los cuales los hombres deberían ser amonestados y castigados” (3)

Habría que añadir que no solo no son castigados, sino que además de obtener cuantiosos beneficios de su salvaje especulación, vuelven tan pronto como pueden a las andadas exigiendo que desaparezcan  las buenas leyes que se arbitran después de cada crisis, para volver a enriquecerse a costa de los impositores y el trabajo de los ciudadanos.

Con estas ideas, la Convención y el Comité de Salvación Pública atendieron las reivindicaciones más sentidas de la sanscoulotterie parisina y del conjunto del pueblo francés. Por una parte establecieron el “máximun” (1793), un precio máximo para el pan, compatible con los ingresos de las clases más humildes, y, por otra,llevaron a cabo la distribución de más del 50% de lastierras cultivadas entre los campesinos que las trabajaban, creando así un sector de pequeños propietarios campesinos quedefendieron la República y proveyeron de harina a precios asequibles a pueblos y ciudades.

Asímismo, establecieron en el artículo 21 de la Constitución republicana de 1793 que “La sociedad debe asistencia a los ciudadanos desgraciados, bien procurándoles trabajo, bien asegurándoles los medios de existencia para aquellos que no están en situación de trabajar

Mientras la política económica republicana coloca los intereses de los ciudadanos, de las personas, en primer lugar; la política económica liberal o neoliberal coloca al capital en primer lugar: prefiere alimentar antes al capital que alimentar a las personas. Un buen ejemplo de ello es el artículo 135 de la Constitución española, que fue reformada en Septiembre de 2011 por el PSOE y el PP, sin el referendo de los españoles y por imposición de los mercados financieros, que exigieron que figurase en la más alta ley del Estado que primero teníamos que pagar los intereses de sus préstamos y de la Deuda Pública de la que eran tenedores y luego comer: “Los créditos parasatisfacer los intereses y el capital de la Deuda Pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta

Así pues, lo primero, la “prioridad absoluta” de este país llamado Reino de España, por imposición de los mercados financieros y el Banco Central Europeo (BCE), es atenderalos intereses y amortizaciones de los capitales prestados y luego las necesidades de los españoles con lo que quede de los presupuestos. Igual que los antiguos fisiócratas, los actuales neoliberales lo tienen claro: lo primero es el capital.

Techo y Trabajo para Todos

Frente a esta exigencia de los bancos acreedores, la política económica republicana , al igual  que en el siglo XVIII, propone atender primero, con techo y trabajo para todos, las necesidades de las personas, que es el “minimun”  de condiciones para preservar la dignidad humana y asegurar su libertad y autorrealización, y luego pagar la Deuda. Más teniendo en cuenta que la responsabilidad de esa gigantesca deuda del 100% del PIB es, por lo menos, compartida, pues como dice  el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz (4), “Si hay un deudor irresponsable, eso significa como mínimo que hay un prestamista irresponsable que no ha actuado con la debida precaución”. Los bancos alemanes, que necesitaban invertir su exceso de liquidez, prestaron irresponsablemente a losconstructores españoles y ayudaron así a crear una enorme burbuja inmobiliaria.

Asimismo, una de las razones fundamentales de nuestra alta tasa de paro, actualmente del 20%, es que el Banco Central Europeo no tiene un mandato de lucha contra el paro como lo tienen los bancos  centrales de nuestro entorno, como la Reserva Federal (FED) de EE.UU. o el Banco de Inglaterra, que han logrado en sus países tasas del paro de menos del 5%.

Nuestra política monetaria, al no tener moneda propia, depende del BCE que sólo tiene un mandato de lucha contra la inflación, a la que debe mantener en el entorno del 2%. En definitiva, tenemos un diseño del Euro y de su institución fundamental que es el BCE que beneficia prioritariamente al capital frente al empleo. Eso debe cambiar: su primer mandato debe ser la lucha contra el paro y el segundo la lucha contra la inflación, como sucede en los demás países.

No es ninguna utopía inalcanzable el exigir techo y trabajo para todos, pues países que tienen la lucha contra el paro como primer referente han logrado tasas de desempleo inferiores al 5%, lo cual es pleno empleo. Asimismo, teniendo en cuenta que la presión fiscal es en España del 39 % del PIB, cuando la media de la eurozona es del 47% (Francia 53% PIB), se comprueba que existe un margen suficiente (más de 70.000 millones al año) para destinar a la puestaen marcha gradual, año a año, de un plan de construcción de apartamentos de alquiler social para los jóvenes, los grandes perjudicados por la crisis.

Hace falta lo más importante: la voluntad política. Voluntad que no se ha visto después de que los líderes mundiales como Obama o Sarkozy dijeran, tras el estallido de la crisis en 2008, que había que “refundar el capitalismo”, pero no se ha hecho nada para evitar que vuelva a ocurrir otra vez tan escandaloso desastre. Siguen, en su privilegiada y poderosa situación, calificando las deudas soberanas y productos financieros, las mismas agencias de calificación norteamericanas que otorgaron la máxima nota, la AAA, a las fraudulentas subprime, pues en Europa no se ha creado una  agencia pública y autónoma de calificación que dé seguridad y transparencia al mercado. Siguen la elusión, el fraude y los Paraísos Fiscales; y las multinacionales no pagan prácticamente ningún impuesto en los países en que realizan sus ventas y obtienen sus beneficios. Siguen creándose gigantescas corporaciones financieras, que son verdaderos riesgos sistémicos, pues son demasiado grandes para dejarlas caer. Siguen intentando cerrar el tratado comercial transatlántico TTIP, con el cual quieren introducir tribunales arbitrales privados, en los que las grandes empresas puedan tratar en pie de igualdad, de tú a tú, a los gobiernos, saltándose la soberanía de los países, etc.

Pero todo esto ocurre intencionadamente, porque el neoliberalismo se opone a las regulaciones de los mercados, pues quiere tener las manos libres para preparar su próxima crisis, en la que ellos tendrán grandes beneficios pero que supondrán grandes sufrimientos y más desigualdad para la mayoría.

La desigualdad creciente no sólo es injusta, sino que crea una economía ineficiente y propicia las constantes crisis económicas, sociales y políticas, pues como dice J. Stiglitz(5): “Las desigualdades extremas tiendena obstaculizar el crecimiento económico y mina tanto la igualdad política como la estabilidad social”.

El sector financiero es el ámbito donde más presencia tiene la especulación a gran escala y la que provoca los mayores saqueos, fraudes y sufrimientos a las clases populares, hay están las subprime, las preferentes, los desahucios, las cláusulas suelo, etc. Esta realidad hace preciso, además de una más atenta vigilancia de los organismos reguladores, la presencia del Estado en el mercado con una banca pública para desbaratar políticas de precios y comisiones contrarias a los ciudadanos (anticártel) y crear canales para financiación delas Pymes, en la que la nacionalización de Bankia , que nos ha costado 24.000 millones euros, sería el primer paso necesario  para cubrir la desaparición de las Cajas de Ahorro del sector público del mercado financiero español.

Ante la concepción neoliberal que propugna el estado mínimo, la ciudadanía pasiva y la primacía del capital, existe la concepción republicana que propugna la ciudadanía activa y participativa, el máximo Estado de bienestar y la primacía de la persona en su política económica.

 

                                                                                             Amado Mujica Uriarte

  • (1)Florence Gauthier es catedrática de Historia de la Revolución francesa en la Universidad Paris VII- Denis Diderot. Entrevista en “El Viejo Topo” nº231
  • (2)Robespierre.Virtud y Terror. Madrid 2007. Pag.131
  • (3)John Kenneth Galbraith. El Crash de 1929. Madrid 2009. Pag 31 .Citando TheMemoirs of HerbertHoover.Nueva York, 1952. Pag. 14
  • (4)Joseph E. Stiglitz. El Euro. Madrid 2016. Pag 134
  • (5)Joseph E. Stiglitz. La Gran Brecha. Barcelona 2015. Pag. 322

 

 

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