AL GENERAL KLEBER

brigadasKleber, mi general, oye conmigo

lo que mi voz tiene de elegía

de piedra rota y destrozado trigo

luego, también, lo que en mi voz hoy suena

tranquilamente a gran mensajería,

a fusil que en un instante se serena

 

Medio cielo de España, media aurora

(la otra mitad gime en poder de los moros)

puede alúmbrate el sol en esta hora.

 

Mira, para llorar, los principales

pueblos con sus palacios y tesoros,

los castillos, las cosas naturales,

lo que era un hombre ser un hueco frío;

lo que era campo, una desierta herida,

y una vertiginosa tumba el río.

 

En el momento en que se cambia todo,

en que conmocionada y conmovida

quiere girar la tierra de otro modo.

 

Nos duele su empujar, la sobrehumana

presión que nuestros huesos no rehúyen

para precipitarle la mañana

y aunque ya ves que hay sombras que lo impiden,

escucha cómo gritan, cómo huyen

y qué cobardemente se despiden.

 

Kleber, mi general, las populares

masas de mi país, con sus sembrados,

sus aldeas, sus bueyes, sus pajares,

con el inmerecido sufrimiento

de sus mejores hombres derrumbados

o desaparecidos con el viento,

con mi voz, que es sangre y su memoria,

bien alto el puño de la mano diestra,

por Madrid y tu nombre de Victoria,

te saludan ¡Salud! ¡España es nuestra!

 

Rafael Alberti

 En R. Alberti, Poesía 1925-1946. Buenos Aires, 1946

emilio-kleber-1895-1938 Emilio Kleber era el sobrenombre de Lazar o Manfred Stern, un militar judío austrohúngaro que participó en la primera guerra mundial; hecho prisionero por los rusos, se convirtió pronto en un nuevo comunista soviético. Llegó a España en Septiembre de 1936 junto al grupo de expertos que acompañaron al recién nombrado primer embajador soviético en España, Marcel Rosenberg.  Pocas semanas después se le encomendó la formación de la XI BI, que entró en combate bajo su dirección y el mando de la defensa de Madrid el 9 de noviembre. Tuvo fuertes disensiones militares con el general Miaja, jefe de la Junta de Defensa de Madrid, y su jefe de Estado Mayor, el coronel Rojo, que fueron incrementadas por el posibles envanecimiento del general. Fue retirado a un cargo burocrático en Valencia; posteriormente intervino en las batallas de Brunete y Belchite.

 

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