Luna roja

LUNA ROJA

2015-11-19_174845Y esa misma luna pálida que esta noche

se desliza en silencio, clara y alta,

espejo de nuestra mirada lívida y sombría,

bajo u frío cielo canadiense

 

sobre las quebrantadas cumbres de España

se alzó ayer, baja, salvaje, y roja,

reflejando en su escudo iluminado

los rostros salpicados con sangre de los muertos.

 

Ante ese pálido disco alzamos nuestros puños,

y ante esos muertos sin nombre proclamamos:

“Camaradas que luchasteis por la libertad y un mundo futuro

y disteis vuestras vidas: no os olvidaremos.”

 

Norman Bethune  Madrid, diciembre, 1936

 
En Homenaje a Norman Bethune. Asociación Española de estudios canadienses. Madrid 1996
indiceBethune nació en 1890 en Ontario, Canadá; después de trabajar como leñador y periodista hizo la carrera de Medicina en la Universidad de Toronto. En la Primera Guerra Mundial acudió a combatir al norte de Francia, donde fue herido. Al acabar la guerra, ultima sus estudios en la especialidad de cirugía. A finales de los años veinte gozaba ya de una gran reputación internacional como cirujano torácico empleado en los hospitales públicos de Montreal. Pronto su preocupación social – unida a la visión de los estragos sociales producidos por la Gran Depresión de los años treinta – le llevó a crear una clínica de atención gratuita a los necesitados. Su compromiso social se afianzó con su ingreso en el Partido Comunista de Canadá hacia 1935. Al estallar la Guerra Civil española, Norman decidió ayudar a la República: el 3 de noviembre llegó a España y enseguida organizó el Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre; gracias a éste creó unidades móviles de transfusión que permitió salvar la vida de numerosos combatientes al situar estos vehículos cerca del lugar de combate. Una vez puesto en marcha el Servicio, Bethune prosiguió su actividad asistencial en primera línea, atendiendo lo mismo a la población civil que huía de Málaga tras la conquista por los fascistas italianos, como en la batalla de Brunete. Volvió a Canadá en 1937 donde prosiguió su labor de ayuda mediante sus campañas de recaudación de fondos para la causa republicana. En 1938 Bethune sintió que ésta vez era el pueblo chino, que soportaba la invasión imperialista japonesa, el que le necesitaba: creó Hospitales en la región de Yenán, liberada por las tropas de Mao Tse Tung, instruyó  al personal sanitario y él mismo atendía a los heridos. Esta labor de riesgo le hizo contraer una septicemia de la que murió. Mao Tse Tung le dedicó un cariñoso artículo en el que exaltó el ejemplo de internacionalismo solidario de este médico canadiense.
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