Trayectoría del Batallón Azaña-Bizkaia 7

Bon AzañaUn resumen de la historia del Batallón Azaña, que iremos completando con tu ayuda:crepublicano@gmail.com

 

Las Milicias Republicanas del Ejército de Euskadi (Introducción)
Trayectoría del Batallón Azaña
Milicianos del Batallón Azaña-Bizkaia 7

Cuatel ElejabarriSu nombre es en honor del Presidente de la República Manuel Azaña (1880-1940) y tenía el número 7 del Ejército de Euzkadi En Octubre de 1936 estaba acuartelado en un convento en Elejabarri en el barrio de Basurto de Bilbao, abandonado temporalmente por su congregación. (¿Pudiera ser el Monasterio de Nuestra Señora del Pilar (Madres Capuchinas) en Novia de Salcedo?) y el comandante era Emilio Díaz. A mediados de noviembre el comandante es Manuel Barco. El 31 de marzo de 1937 el comandante accidental era Manuel Caravias, el intendente Emilio Díaz. Con la Reorganización de 9 de abril de 1937 pasó a la 17ª Brigada al mando de José Barreiro y tras el reagrupamiento de la caída de Bilbao estuvo en IIIª División- 3ª Brigada-3ª agrupado con el 60 MAOC 3.

FORMACIÓN Y PERDIDA DE GIPUZKOA (17 DE JULIO/ 6 DE OCTUBRE)

El 19 de julio de 1936, ante la rebelión militar, en las provincias de Vizcaya y Guipúzcoa fueron las organizaciones políticas de izquierda quienes se lanzaron a la calle y tomaron las armas en defensa de la República. Pasados los primeros días de euforia, los milicianos empezaron a sufrir la dureza de la guerra. También, se empezaron a dotar a los grupos inciales de una estructura más eficaz y racional para las operaciones militares y se forman los primeros batallones.

A principios de septiembre de 1936 llega el teniente Francisco Ciutat con la misión de aunar militarmente el norte republicano. En Octubre/noviembre de 1936 se forma el primer estado mayor para el ejército de operaciones de Euzkadi.

El “Azaña-Vizcaya” aunque lo formaban en su mayoría bilbaínos y residentes en la margen izquierda del Nervión, contaba en su cuarta compañía con combatientes procedentes de otras provincias. También había naturales de Navarra. Por último, los republicanos contaron con residentes en Santander, la mayoría integrados en el Azaña-Vizcaya de Izquierda Republicana. El Batallón se completó con banda de música, de la que Francisco Vargas no ha encontrado datos fidedignos. Existe algún documento de una banda en paradas musicales y posiblemente corresponda a la del Batallón Azaña.

En septiembre de 1936, el Bon. Azaña formado por los grupos de Milicias de IR que actuaron los primeros días en la muga entre Álava y Vizcaya, especialmente en Orduña. Se constituye en base a las milicias republicanas del frente alavés y pasa a combatir a Guipúzcoa. El 16 de septiembre partió hacia Orio, en el primer batallón.. En Zarautz se armó de manera incompleta para entrar en combate, la retirada resultó inevitable por la superioridad del enemigo. Tras la retira a Bizkaia pasó un periodo de instrucción bajo la dirección del teniente coronel de carabineros Juan Cueto, su jefe hasta el 11 de noviembre, fecha que le sustituye el comandante Manuel Barco Gorricho y el Comandante intendente era Ángel Hernando Vega.

LA OFENSIVA DE VILLAREAL.
A finales de año, por impulso de Largo Caballero se forman las milicias unificadas, dirigidas por un comité central de guerra. El 14 noviembre de 1936, todas las fuerzas republicanas de Asturias, Cantabria y Vizcaya quedaron teóricamente agrupadas en el Ejército del Norte. Para su mando el general Francisco Llano de la Encomienda, fue su autoridad nominal, que llega el 4-11-36 a Bilbao. Con la militarización, los voluntarios que estaban combatiendo dejaron de ser milicianos para convertirse en soldados de la República.

El estreno de las Milicias Vascas tuvo lugar con motivo de la ofensiva sobre Villarreal de Álava a comienzo de diciembre. Con el fin de descongestionar la presión sobre Madrid, se dicta una orden de actuación al Ejército del Norte. La intención de la ofensiva era ambiciosa: romper el frente alavés y burgalés, avanzar siguiendo como eje el ferrocarril Burgos-Irún, hasta una zona en la que pudieran converger con los ejércitos republicanos del Centro y del Este. El objetivo era confluir en Miranda de Ebro. La ofensiva sobre Villareal se inició el día de San Andrés, 30 de noviembre, esta fue la gran ofensiva del Ejercito del Norte, pero el ataque fue demoledor para el ejército de Euskadi. El 10 de diciembre llegaron a las puertas de Villareal pero no consiguieron entrar.

marotoLos del Azaña, a finales de noviembre participan en la ofensiva encuadrado en la columna del comandante Ibarrola, como reserva del ataque sobre Isusquiza. El 27 de noviembre el Bon. Azaña salió al frente participando en la ofensiva sobre Vitoria, actuando en la toma del monte Maroto, quedando ante Legutiano (Villarea) para pasar a la posición del Asensiomendi en Aramaiona, donde rechazó pequeños ataques enemigos. Sufrió bajas incluido el capitán Pedro Gras Gotanegra. Combatió entre el 30 al 15 de diciembre que regresó a Bilbao a descansar. Sin embargo por la delicada situación del frente alavés el 18 de diciembre regresó al frente en la zona de Ubidea

BeFunky_Grunge_11.jpgDesde principios de octubre de 1936 hasta el 20 de abril de 1937, la línea que separaba a los rebeldes (franquistas) de los leales (republicanos) permaneció inalterable. Las posiciones rebeldes se encontraban al Este de una franja que iba desde Ondarroa hasta Gatzaga, pasando por Bergara, Arrasate, Aretxabaleta y Eskoriatza. El 9 de enero del 37 se forman las milicias populares antifascistas de Euskadi MPAE que intentó recuperar el protagonismo político para el Frente Popular en Euskadi. Controlaban 33 batallones de infantería 1 de ametralladoras y 3 de ingenieros zapadores. Este batallón en Enero de 1937 contaba con 674 hombres en activo. A finales de marzo estaba en el frente alavés, guarneciendo posiciones por Asensiomendi y Cruceta. En marzo su comandante Manuel Barco es sustituido por Santiago Vicente.

OFENSIVA DE MOLA
El Batallón Azaña participó en varias batallas en estas fechas como son en Otxandio y Barazar a principios de abril, en la del Bizkargi en mayo y en la de Bilbao en Junio, encontrándose en Larrrabetzu el 12 de junio.

LA ROTURA DEL FENTE DE ALAVA.31 de marzo 19 de abril.

Tres meses después de la ofensiva de Villareal, Mola inicia el ataque por el mismo lugar que lo hicieron los republicanos. La derrota de Guadalajara certifica el fracaso fascista en la toma de Madrid, por ello retoman la idea del Frente Norte, al ser el más fácil y rentable, era un frente aislado, “diverso” (tres poderes políticos) y de difícil defensa.

El 31 de marzo, al inicio de la ofensiva, el Azaña estaba desplegado en el sector de Ochandiano-Aramayona, en primera línea de frente. Los batallones de este sector defendían la zona comprendida entre los montes Albertia, Jarindo, Maroto y Murugain, cubriendo el valle de Aramayona, el puerto de Cruceta, San Adrián, Asensiomendi y Uncella. En concreto el batallón Azaña de Vizcaya se desplegaba, desde Aizmendi hasta el caserío Aguirre-Goikoa. Inmerso en el ataque franquista combatió en Otxandiano el 31 de marzo y 1 de abril y sufrió numerosas bajas hasta que cayó la localidad.

El 18 de abril, tras un breve descanso, estaba en el frente de Amurrio por la zona de Lezama, Civiarte, Sobrehayas y la avanzadilla de la vía de ferrocarril Miranda-Orduña. Contaba con 376 hombres dotados y el jefe accidental era Carabias.

El miliciano en el batallón Azaña 7,  Feliciano Novoa Gómez recoge en sus memorias algunos momentos de estos días iniciales de la ofensiva de Mola que aquí reproducimos, Feliciano era voluntario a la 1ª Compañía del batallón Azaña de Vizcaya (Izquierda Republicana, IR) al comienzo de la Guerra Civil. Se trataba de un batallón veterano de la batalla de Villarreal que ya había formado parte de la columna de Ibarrola, por lo que sus hombres conocían de sobra el sector Ochandiano-Aramayona cuando comenzó la gran operación militar del ejército rebelde para romper el frente vasco (que la historiografía ha registrado como Ofensiva de Mola) del 31 de marzo de 1937. Ese día, tras una intensísima preparación artillera y aérea que fue general a todos los sectores del frente atacado en el norte de Araba, el Azaña se batió con valentía en la defensa del Asensiomendi, frenando hasta bien entrada la tarde el ataque de los requetés de los tercios de Ntra. Señora de Begoña y Oriamendi, lo que retrasó bastante las operaciones en el valle de Aramaiona. El Azaña permaneció en primera línea hasta el 4 de abril, el día en que se produjo la debacle del Ejército Vasco en Otxandio, siendo trasladado al puerto de Urkiola (4), donde nuestro hombre tendría el encontronazo con los aviadores de la Cóndor. El valor de su relato, hasta día de hoy desconocido, nos hace incluirlo en su casi totalidad:

Milicianos del batallón Azaña de Vizcaya hacia octubre-noviembre de 1936. Feliciano Novoa se incorporó voluntario al batallón desde el primer momento, llegando a combatir en Gipuzkoa y en la batalla de Villarreal. En los primeros días de la ofensiva de Mola pasaron de Asensiomendi al puerto de Urkiola (Dora Gras).

“El día 5 de abril, sobre sobre las diez de la mañana, el alto mando nos ordenó que ocupásemos la línea principal de resistencia, que se extendía a lo largo del monte perpendicular y sito hacia la mitad de la carretera Urquiola-Ochandiano, dando cara a esta última localidad. Como no habíamos llevado más municiones que las dotaciones reglamentarias de cada militante en la unidad, el teniente me ordenó que, con dos mulos y la compañía de otro soldado, bajase al polvorín, instalado en las inmediaciones del Santuario de Urquiola, a fin de que trasportase explosivos de varias clases”.

“Obedecida la orden, nos pusimos en marcha los cuatro componentes (el soldado, los dos semovientes y yo) y apenas habíamos alcanzado la carretera y sí llevábamos andando por ella cinco minutos, cuando de nuestra línea de fuego procedía el ruido de un motor. Cualquiera en estas circunstancias, y más a sabiendas de que no había ningún vehículo nuestro en la corta distancia que llevábamos recorrida, hubiese imitado mi actitud o la curiosidad le habría hecho mirar hacia donde procedía el extraño. Acaso instintivamente o por desconocer lo que aquel ruido traía consigo, lo cierto es que hice un algo y volví la cabeza para percatarme de lo que significaba”.

“Mientras tanto, semovientes y mi semejante proseguían la marcha, según me di cuenta después, y la distancia que nos separaba sería de unos cincuenta metros. Siendo leal a mí mismo, he de confesar que lo que vieron mis ojos, aunque me sorprendió, no llegó a influir en nada mi ánimo o no lo excitó. A unos cien metros se apareció a mi vista un coche, aparentemente de paseo, blindado y camuflado con diversidad de pinturas, un fusil ametrallador emplazado por encima del parabrisas, unos círculos blancos acogiendo en su interior la esvástica nazi y cuatro ocupantes”.

“Por entonces, los soldados íbamos protegidos con un “poncho” engomado que nos preservaba de las lluvias, cubría nuestro cuerpo y ocultaba el uniforme y las armas que bajo él se llevasen. Los ocupantes del coche, según comprobé más tarde, eran un teniente coronel, un capitán y dos tenientes, uno conducía el coche, todos ellos pertenecientes a la aviación y jefes, según dijeron, del campo de Vitoria”.

“Desde que les ofrecí mi mirada hasta que se situaron y pararon frente donde estaba, permanecía quieto y solo bajo el “poncho” y, sin que ellos lo advirtiesen, moví mi mano derecha para agarrar y disponer la pistola, tanto por si tenía que aprovechar uno de sus proyectiles para que no me cogiesen prisionero como por si me veía forzado a hacer frente a los insurgentes. Pero todo quedó reducido, en aquel primer momento, a una simple precaución”.

“Cuando hicieron alto frente a mí, el teniente coronel [Freese], que hablaba muy bien nuestra lengua (dijeron más tarde los “sabihondos” que vivía en Zarauz cuando empezó la guerra, seguramente destacado por Hitler desde tiempos antes para colaborar en el levantamiento) y que, además de su cargo, debía ejercer el de intérprete de sus otros compañeros y subordinados alemanes, me espetó las preguntas siguientes: ‘Aquellas fuerzas que se ven allí (en Urquiola estaban acantonadas varias unidades republicanas y el cuartel general del sector), ¿son todas nuestras?’ .A lo que contesté: ‘Sí. Son todas nuestras’. ‘Entonces, ¿todo esto está ocupado por nosotros?’ Asentí: ‘Todo”.

“Destacaré que en los breves momentos en que conversamos, el ‘buen señor’ se mostró risueño y complaciente. Cuando dimos por terminado el diálogo y sin nada que denotase prisa, pusieron en marcha el coche, al que miré hasta que una curva lo ocultó a mi vista”.

Lo chocante de todo esto es que, al traspasar la línea de fuego, no se disparó ni un solo tiro que denunciase la presencia de los oficiales nazis y que pusiese en alerta a cuantos estábamos en las filas del Ejército Popular. Desde luego que así tuvo que ser para que, los que, en plan de inspección, se metieron en la ‘ratonera’ no se diesen cuenta y sin “queso” ni “tocino” quedasen apresados en ella”.

“Tan pronto como dejé de verlos, corrí en varias direcciones y grité para poner sobre aviso a mis compañeros más cercanos a fin de que ayudasen a no dejarles escapar cuando, era de prever, se diesen cuenta de dónde estaban e intentasen desandar lo andado”.

No sé ciertamente el tiempo que pasó (a mí se me antojaron segundos), pero es el caso que antes de que amigos míos se diesen por enterados, venía hacia donde me encontraba el capitán “extraviado” [Harling], corriendo velozmente y sin que los accidentes del terreno hiciesen mella a sus plantas. Cuando nos separaba una distancia de veinte metros poco más o menos, le eché el ‘alto’, apuntándolo con la pistola ametralladora que llevaba, y tal hizo”.

“En su, para mí, lengua difícil de entender, aprecié que me decía que “era de Franco”. A ello le replicaba “que nada de eso importaba y que se diese preso”. Aunque acaso no comprendiese mis palabras, la actitud que observaba le debió hacer comprender lo que pretendía y el mal terreno en que se asentaba ya que, tras insistir varias veces en eso de que ‘era de Franco’, y yo contestarle en términos parecidos a la frase anterior, dio por terminada nuestra ininteligible e inesperada conversación. Metió la mano (que las tenía en alto por haberle obligado a ello el temor del arma que le apuntaba) en el bolsillo de su abrigo, con una velocidad ‘endemoniada’ y, para cuando me percaté de lo que su movimiento significaba, tenía una pistola en su diestra y me disparó un tiro, que representó la iniciación de nuestro duelo. Instintivamente di un salto y apreté el gatillo de mi pistola”.

Los tiros que nos cruzamos debieron oscilar entre siete y ocho. A cada disparo, nos cruzábamos palabras análogas a las ya citadas y él procuraba distanciarse de mí y ganar la carretera, posiblemente como último recurso para rectificar el error que le había de traer la muerte. La agilidad que demostré entonces es muy posible que superara a la de los mejores atletas de circo, pero es lo cierto que, entre charla y charla y ante la inflexible actitud de los dos, hacíamos uso de los elementos bélicos, los saltos y posturas que adopté debieron ser de lo más cómico. Respecto a la puntería, innecesario es decir que fue mala, acaso motivada por el estado de nerviosismo en que nos encontrábamos. Como decía, su afán visible estribaba en alejarse de mí y situarse en la carretera. Lo último lo logró… pero demasiado tarde. Cuando en ella estaba, advertí que por la rodilla derecha echaba sangre en abundancia y que ya solo una pierna le hacía servicio”.

“¿Cuánto tiempo pasó en esta circunstancia? ¡No lo sé! Lo único que puede decir es que, cuando su sangre empezó a regar el suelo, empezaron a acercarse a mí algunos compañeros que, en actitud hostil hacia él, claro es, secundaron mi labor y le disparaban tiros de fusil. Entonces se le presentó al nazi su último pensamiento y de pie, cual fiera retadora pero acosada sin solución, levantó el brazo derecho, apoyó el cañón de la pistola en su sien y dio gusto al dedo índice de su mano por última vez: se disparó el proyectil que quedaba en el cargador. Cuando le vimos hacer el movimiento descrito, dos de los que se habían situado junto a mí y yo nos abalanzamos hacia él, pero llegamos tarde; ¡el fiel servidor de Hitler había dejado de existir!”

Como ocurre siempre en casos de estos, enseguida fue registrado y (si la memoria no me es infiel) se le encontró un papel en el que se le asignaba haber batido el récord en vuelo Sevilla-Vitoria; un carné con el título de ingeniero; otros que atestiguaban su grado de capitán del cuerpo de aviación alemán; un lápiz tinta y varios billetes del Banco de España emitidos por los “nacionales”, en el país del que estaba inerte ante nosotros. De todo eso solicité me dieran, para recuerdo, el lápiz y un billete de cincuenta pesetas que, por cierto, estaba manchado de sangre”.

Hecho esto, recomendé a los que allí estábamos que no perdiésemos tiempo admirando a la infeliz víctima y nos lanzamos a campo traviesa en busca de los otros que, era de suponer, por instinto de salvación, habrían imitado al ya muerto. No puedo decir a qué obedeció el que mi cuerpo se precipitase tan rápidamente, pero sí que, a los pocos momentos, estaba muy distante del lugar en que yacía la primera víctima y que, sin advertirlo, el segundo de los que intentaban escapar estaba muy cerca de mí”.

Indescriptibles son los apurados momentos que pasé. De todas partes venían tiros cuyos proyectiles silbaban muy cerca de mis oídos. Cuál sería mi situación que, sin hacer caso a los presuntos fugitivos, me puse a gritar con toda la fuerza que poseía y accionando violentamente: “¡Eh! ¡No disparéis! ¡Que soy rojo!”, con insistencia indeclinable”.

“Pronto renació la calma pues, a corta distancia de donde estaba y en un pequeño montículo que le permitía ocultarse a mi vista, fue detenido el segundo de los aviadores. Ni que decir tiene que, para entonces, todo estaba lleno de fuerzas que se habían puesto en movimiento, ante el incidente que tenía lugar desde hacía rato”.

Renacida la calma, es cuando noté el esfuerzo que había realizado; estaba agotado físicamente. En un tanque ligero que se situó cerca de donde estaba, me ayudaron a subir y fui trasladado al cuartel general donde, en el momento que llegué, estaban registrando al tercero de los equivocados e interrogándole. El cuarto (que era el teniente coronel con quien primero hablé) me dijeron que resultó herido cuando, al llegar al primer puesto de vigilancia (guarnecido por guardias de asalto mandados por un sargento), al darse cuenta de su gran error, intentaron dar la vuelta al coche en la carretera y, como consecuencia de la acción violenta del viraje y de un cañonazo disparado por un tanque, volcó en la cuneta. Describir el momento de mi llegada no es fácil, ya que todos me acosaban a preguntas. Entre otras, recuerdo la que me hizo el jefe del sector, Sr. Ibarrola, y que era esta: ‘¿Ha pasado usted miedo?’ A lo que repliqué que no me era fácil dar satisfacción a sus palabras, puesto que no dejaron pensar en tal cosa la rapidez de los acontecimientos”.

EL DERRUMBAMIENTO DEL FRENTE DE GIPUZKOA 20 de abril 5 de mayo.

El 20 de abril se reanuda la ofensiva de Mola, se produce el derrumbe del frente de Gipuzkoa. A partir del 20 de Abril se reanudó de la ofensiva rebelde sobre Bizkaia desde Bergara y Arrasate. La maniobra franquista consiguió progresar desde el Amboto y Aramayona para caer sobre Elorrio envolviendo Udala y Kanpanzar. Esto significó a la postre el derrumbamiento total del pequeño frente guipuzcoano, y la pérdida para los defensores de importantes localidades, como Eibar, Markina, Durango y Gernika. El Azaña permaneció en Amurrio a finales de abril y a principios de mayo.

BATALLA DE SOLLUBE 6 al 14 de Mayo
En los montes Bizkargui y Sollube se desarrolla una importante batalla en los alrededores de Bermeo entre el 6 y 14 de mayo de 1937 que supuso por parte de los rebeldes la toma de una posición estratégica para asaltar Bilbao y el estancamiento del frente hasta la ofensiva de Junio. Tras los bombardeos de Durango y Guernica se produce la ocupación de la infantería, en Bermeo son las Flechas Negras, que entran el 30 de abril. En los días que duraron los combates murieron más de 1.000 personas de ambos bandos,

BizkargiEl Azaña en Mayo combatió en el Bizkargi integrando la 17ª Brigada vasca de Barreiro. Los días más duros fueron el 11 y 15 de mayo. En el primero de ellos (11) en el Bizkargi sufrió las numerosas bajas, entre ellas murió el brigada Jose Peña. El último día movido fue el 23 de mayo, la acción de saldo con dos caídos.

De lo acontecido al Azaña recién incorporado a la 17ª Brigada procedente del frente de Amurrio-Orduña, cuenta el miliciano José María Regil. En su caso la unidad aparentemente llegó a la zona de despliegue tarde, y su misión había pasado a ser la de apoyar a las fuerzas asturianas en el área, y no la de engrosar una Columna para emprender el contraataque planificado: “Más tarde, el 8 de mayo de 1937, nuestro batallón fue relevado de la posición por el batallón de la CNT que estuvo anteriormente y a nosotros nos enviaron a reforzar a un batallón asturiano que estaba en el frente de Larrabezua, sobre Rigoitia, y el día 9 llegamos a la posición que ocupaba. Era ya de noche y nos pidieron que montáramos nosotros las guardias alegando que ellos habían tenido unos días muy movidos y la tropa estaba muy cansada. A mi escuadra le correspondió un puesto muy adelantado y descubierto. Lo malo es que desconocíamos el terreno, ni siquiera habíamos llegado de día para ver las posiciones contrarias, y nos encontrábamos algo indefensos.Desgraciadamente no debió de quedar claro sobre el riesgo que corríamos o én se encargaría de retirarnos a tiempo, ya que cuando amaneció quedamos descubierto ante el enemigo. Y, en efecto, pronto comenzaron a disparar con- nosotros sin que pudiéramos precisar desde dónde lo hacían. Todos procura-s cubrirnos como pudimos; pero uno de nosotros recibió una herida. Entonces nuestro teniente Alfaro llegó corriendo para ordenarnos que nos retirásemos a intervalos, corriendo hacia arriba para ocultarnos entre unos árboles. Pero mientras tanto ya había aclarado bastante y otros dos resultaron heridos, uno grave. después salió el teniente Alfaro y fue alcanzado mortalmente. El resto conseguimos retirarle sin ser alcanzados. En total, en 10 minutos nos hicieron dos muertos y dos heridos. Yo tuve la suerte de ser uno de los que resultaron sanos; o nunca he olvidado aquel accidente absurdo de tan fatales consecuencias. Tampoco olvido a Alfaro, buen oficial, valiente, responsable, y preocupado por los e estábamos a su mando”.

BATALLA POR BILBAO del 7 al 18 de junio

La caída de Bilbao comenzó entre el 7 y el 11 de junio, cuando el ejército rebelde inició una ofensiva de la ruptura del Cinturón de Hierro.

El 11 de Junio se inicia la batalla decisiva, con las acciones sobre el cinturón de hierro, que toman por sorpresa el Bizkargi y desde allí, al día siguiente, 12 de junio, rompen el “Cinturón de Hierro” en Gaztelumendi, Fika, tras un intenso bombardeo. El mismo 12 ocupan Larrabetzu y hasta el Ganguren. El avance fue arrollador, el 13 las tropas nacionales habían alcanzado ya los enclaves de Lezama, Larrabetzu y Lañomendi (sobre Loiu, 241 mts). A partir de ese momento, el desánimo y la desorganización sustituyeron a la disciplina. El Azaña, después de Sollube, permaneció guarneciendo en Olagorta, al Oeste del monte Bizkargi, junto al resto de la 17ª Brigada, en la zona de Larrabetzu?, donde le sorprendió la ofensiva franquista. En la ofensiva del 13 de junio, se encontraban en la zona de Larrabetzu, en la posición de Goikolexea, buena parte de la unidad fue cercada, perdiendo hombres entre muertos y prisioneros. El teniente Amador Merodio fue muerto. Los supervivientes fueron llevados a Bilbao y evacuados a Santander
Se afianzó la desesperada defensa en Santo Domingo y Archanda, con feroces combates que se prolongaron hasta el 18 de junio.

FINAL DEL EJÉRCITO DE EUSKADI: ENCARTACIONES, SANTANDER Y ASTURIAS.

La toma de Bilbao el 19 de junio supuso desmoralización y desaliento en el frente, así la guerra del Norte entró en una dinámica de liquidación. La referencia de las operaciones franquistas fue el río Cadagua. El Azaña salió maltratado de Bilbao, el 2 de julio de 1937 estaba en el acuartelamiento de Solares. Hay una reorganización intensa después de todas las bajas sufridas, el MAOC se fusiona con el Azaña. Los restos del Bon. eran 287 hombres, se integró en el 2º de las MAOC o Guipuzkoa que disponía de 432 hombres. La unidad pasó a ser el III Batallón de la 3ª brigada de la división Ibarrola (Luego 156) contando el 16 de Julio con 712 hombres.

A finales de agosto se batió al oeste de Reinosa, en La Lomba y Cuesta Labra. Después en Cabezón de La Sal con cuantiosas bajas. Mandado por Lorenzo Odriozola consiguió escabullirse a Asturias.  El 14 de agosto comenzaron las operaciones por parte del bando franquista, El CTV italiano rompe el frente en Soncillo (entre el puerto de Carrales y la zona de Quintanaentello, Burgos) avanzando hacia El Escudo (Cantabria) donde la División 55 Montañesa de Choque del Teniente Coronel Sanjuán oponía una fuerte resistencia.

el mazucuEntre los días 1 y 20 de septiembre destacaron en el Mazuco mandados por el coronel Juan Ibarrola. La primera unidad republicana que combate en el Mazuco es la Brigada 156, de la antigua División Vasca de choque, que manda el guipuzcoano Miguel Arriaga, de la que forma parte los restos del Azaña que están en el Gipuzkoa, junto con el Larrañaga y el Isaac Puente, donde se había integrado el Zabalbide. Al caer Asturias una parte huyó y se reintegró en Cataluña, donde la mayor pare se integraron en Brigadas de Carabineros, hasta el fin de la guerra. Uno de los comandantes del Azaña, Sebastián Vicente, fue jefe de Brigada y fusilado tras su captura

OFICIALIDAD DEL BATALLÓN AZAÑA

(estos datos de la oficialidad de los archivos de Fundación Sabino Arana)

Comandante: Manuel Barco Gorricho.
Comandante intendente: Ángel Hernández Vega.

Plana Mayor
Teniente: Sebastián Vicente Álvarez.
Suboficial José López Castrillo. Vivía en Tres Pilares de 26 años.
Enlaces
Teniente: Adolfo García Vinuesa. Vivía en Ciudad Jardín de 26 años.

Primera compañía
Capitán: Manuel Carabias Aldecoa. Vivía en Solocoeche de 26 años. Concejal.
Teniente: Miguel García Fraile. Vivía en Hurtado Amezaga.
Teniente: José Carrero Galiano. Vivía en Zugastinovia de 25años,
Suboficial: Emilio Díaz Chapartegui. Vivía en Torre Urizar de 41 años.

Segunda compañía
Capitán: Carlos Rodas Olaranza. Vivía en Solocoeche de 28 años.
Teniente: Ramón Moreil Tejado. Vivía en Gran Vía de 27 años.
Teniente: Benito CarzaranAstobiza. Vivía en San Francisco de 26 años.
Teniente: José EgíaAstobiza. Vivía en Rivas (Sestao) de 38 años.
Suboficial: Juan Rincón Castro. Vivía en Ascao de 26 años.

Tercera compañía
Capitán: Miguel Terrón Gabicagogeascoa. Vivía en Ibáñez de Bilbao de 27 años.
Teniente: Pedro Alfaro Martínez. Vivía en Gran Vía de 27 años.
Teniente: Ildefonso Domínguez. Vivía en San Francisco de 26 años.
Teniente: Nicomedes Domínguez Fernández.Vivía en San Mames de 46 años.
Suboficial: Eduardo Moscoso Roda. Vivía en Plaza Zamudio de 26 años.

Cuarta compañía
Capitán: Vicente Vives Centeno
Teniente: Amadeo García Grandes
Teniente: Gabino López Fernández
Teniente: Emiliano García Pelayo. Vivía en Labairu de 25 años.
Suboficial: Vicente Manuel Martínez. Vivía en General Salazar de 26 años.

Ametralladoras
Capitán: Luis Oyarzabal Pando. Vivía en Zamacola de 36 años.
Oficial: Antonio Odria López.Vivía en Iturribide de 34 años.
Oficial: Dionisio Castro del Río. Vivía en Zamacola de 33 años.
Suboficial: José Peña Pereda.Vivía en Autonomía de 30 años.

Zapadores
Teniente: Carlos Olmedo Mariscal.

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BIBLIOGRAFÍA

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6 respuestas a Trayectoría del Batallón Azaña-Bizkaia 7

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  3. Honor y eterna gloria al batallón Azaña. Asamblea Republicana

  4. Pingback: ALFOZ DE BRICIA | lasmerindadesenlamemoria

  5. Asier Peña dijo:

    Mi abuelo tambien fue miliciano del batallón Azaña 7, Feliciano Novoa Gómez. Tras combatir en ese batallón ingreso en la escuela militar y salió con rango de teniente ( diario oficial 35 del ministerio de defensa Nacional del 10/02/38). Según sus memorias, escribió un libro, tuvo que huir a Francia para pasar después a Cataluña y acabo luchando en el la brigada 217 en diversos frentes y en dicha brigada le ascendieron a jefe de estado mayor de dicha brigada. En sus memorias explica un poco su trayectoria y demás cosas.

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