REPÚBLICA: justicia y convivencia

Duintsunaren martxekin bat eginik, han non hiritarren aldarrikapen bat dagoen,  errepublikar bandera han dago.

11072174_727955657323107_5075743085665946006_nHausnartzen. ¿Qué República? Seguimos con la publicación de diversos textos de cómo queremos las IIIª República. Estas invitado e invitada a participar, envíanos tu texto: crepublicano@gmail.com. De la UCR de Andalucia hemos tomado este texto de Joaquín Urias titulado República.

10422461_10206262032897872_8372601631036591580_nDe un tiempo a esta parte, no hay acto reivindicativo en nuestro país que no aparezca plagado de banderas republicanas. Sí, la de la franja morada. Antes eran, sobre todo, los actos de partidos políticos. Ahora se ven también en cualquier protesta contra los desahucios, la corrupción o las políticas de la troika. Donde esté la gente indignada, allí está la tricolor. Ese aparente auge del republicanismo necesita una explicación.
Por la derecha abundan quienes creen que los republicanos quieren volver al treinta y uno, a lo que les parece una España guerra civilista y desfasada. Por la izquierda el republicanismo de muchos políticos se limita a criticar al rey y la monarquía. Como si fuera bastante cambiar el Jefe de Estado y los colores de la bandera para contentar a esas masas indignadas.

Pero en España la república es otra cosa. No es nostalgia por unos pocos años del pasado. Las banderas republicanas ondean como amenaza de un tiempo nuevo. De un modelo social justo y prometedor. Así que no es republicano quien quiera cambiar el rey por un sistema de políticos corruptos alejados de la ciudadanía. Ser republicano es creer en la gente y en el infinito poder transformador de la razón y el diálogo. La república que se reivindica es laica, feminista y participativa. Se fundamenta necesariamente en la educación y la honestidad personal.
En la idea misma de república hay mucho de laico. Tanto como tienen de religioso las monarquías, basadas en el designio histórico sobre una familia. En ese sentido, referido a la jefatura del Estado, la idea republicana aboga por el imperio de la razón frente al de las supersticiones. No se trata de decidir qué es más práctico o más barato, un rey o un Presidente, sino de salvar el sueño de que la sociedad se base en una lógica común y argumentable.

La idea republicana sería perfectamente compatible, incluso, con un sistema de sorteo del cargo de presidente, pues lo que importa es que haya un mecanismo común y racional. De hecho, qué bonito sería un país donde cada varios años se decidiera por sorteo aleatorio a la próxima persona que lo presidiría. En Atenas se hacía y en nuestros días sería aún más republicano.

Y la república es sobre todo educación. Tenemos en nuestro país el recuerdo de los maestros republicanos. Funcionarios malpagados y currantes entregados a la pasión de formar personas libres. Era el sueño de una escuela que diera instrumentos para aprender a pensar por sí mismos; el de la educación como solución al subdesarrollo y a la violencia. Esos maestros idealistas que lo daban todo por sacar de la miseria física y mental a los niños de una España triste son el mejor ejemplo de lo que significa ser republicano.

En el ideal republicano es a través de una educación libre, laica y de calidad como se han de formar ciudadanos responsables que son quienes han de gestionar y decidir su futuro. Por eso no es republicano quien defienda el régimen institucional del 78, plagado de instituciones que enmarañan la gestión democrática de la sociedad; que exigen la formación de una casta política para el gobierno de la cosa pública.

Tampoco es republicano quién no crea en el diálogo. Quien apoye cualquier tipo de imposición irracional sobre la gente, incluida la de las mayorías sobre las minorías.

En definitiva, las banderas republicanas tienen más sentido entre la gente que se reúne para parar un desahucio. O para denunciar la impunidad de un político corrupto que cree que su inmoralidad pública no debe molestar la serenidad de su vida privada, ganada a nuestra costa. Tiene más sentido en una escuela donde los niños sean tratados como personas con criterio que en la sede de un partido que quiere ocupar sillones y repartir cargos a sus leales.

En fin, que más allá de reivindicaciones puramente folklóricas, detrás de las enseñas tricolores hay un ideario tremendamente actual. La idea de república refleja mejor que ninguna otra ese ideal cívico de justicia y convivencia en el que la mayoría de los españoles podrían sentirse cómodos y, sobre todo, menos estafados. Es cierto que nuestro movimiento republicano no tiene aún la buena imagen que se merece. En la mente de demasiadas personas evoca más el pasado que el futuro. Pero quizás haya llegado el momento de perder el miedo a reivindicar esa república que tiene muy poco que ver con la jefatura del Estado y mucho con la transformación democrática radical. Y así, con serenidad y alegría, comenzar a luchar de una vez para que España, mañana, sea republicana.

Joaquín Urías

amarillo

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