El porvenir desigual hacia la III República

Hausnartzen. ¿Qué República? Seguimos con la publicación de diversos textos de cómo queremos las IIIª República. Estas invitado  e invitada a participar, envíanos tu texto: crepublicano@gmail.com. Hoy os presentamos un texto de Natalia García.

El porvenir desigual hacia la III República

índiceHan transcurrido treinta y seis años desde que se instauró en España la democracia con una monarquía constitucional como forma de Estado, con un Rey impuesto por el dictador, como peaje en el proceso de Transición de la dictadura a la democracia.

La Constitución de 1978 incluye toda una serie de preceptos que configuran dicha institución con perfiles, claramente antidemocráticos.
Las contradicciones son insostenibles.  El artículo 1.2 proclama que “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”, y por otro lado el artículo 56.3 establece que “la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”.  Artículo 14 establece que los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Pero su artículo 57.1 establece como preferencia el varón a la mujer “La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica. La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer, y en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos.

Flagrantes vulneraciones del principio de igualdad entre todas las personas que proclama la misma Constitución.

Cuando accedió a la Presidencia del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, en 2004, se promovió una reforma de la Constitución que incluyese, entre otros puntos, la igualdad del hombre y la mujer en la sucesión a la Corona. Se llegó a elaborarse un extenso documento sobre las distintas propuestas de reforma: el Dictamen del Consejo de Estado de 16 de febrero de 2006. Sin embargo, no llegó a iniciarse ningún procedimiento. Además de otras suspicacias, existía el temor de que la consulta popular sobre si debía eliminarse la preferencia del varón sobre la mujer en la sucesión a la Corona se transformase en una consulta sobre la elección entre Monarquía y República. Así una vez más suspicacias de otro tipo están por encima de la igualdad entre hombres y mujeres.

Es clara la necesidad y la urgencia, de un referéndum en el que se pueda elegir libremente la Republica como régimen de gobierno, una nueva Constitución y un nuevo Parlamento como representante de la soberanía popular.

La III República no es una quimera, no es una utopía. Es una urgente necesidad de regeneración democrática.

Pero esta regeneración democrática necesita previamente de una igualdad real entre personas. En el caso de nosotras las mujeres la igualdad de ciudadanía está todavía construyéndose o destruyéndose en función del momento.

La soberanía del pueblo, es la soberanía de los hombres pero también es la soberanía de las mujeres y esta soberanía solo tiene posibilidad con una participación real, con una participación igual.

Las mujeres suponemos más de la mitad de la población y somos las menos representadas, las menos escuchadas, las más criticadas.

Nuestra sociedad es una sociedad machista, patriarcal y capitalista y eso salpica todos los frentes. La III República no puede construirse sobre estos modelos.

Nosotras las mujeres si queremos hablar de soberanía del pueblo real hemos de hacer entender a nuestros compañeros que nosotras somos pueblo. Pueblo soberano, autónomo y libre.

Que para que la III República sea construida debe contar con una mujer liberada.

La ciudadanía la constituye una conjunción de tres elementos: posesión de derechos (civiles, sociales y políticos), pertenencia a una nación y participación social.

Las cosas han cambiado mucho desde que Clara Campoamor pidiera en la tribuna nuestro derecho al voto pero este cambio no es suficiente para que se den estos elementos

Vivimos bajo una deliberada apariencia de equidad. En pocos años las mujeres en este país hemos avanzado mucho. Nos hemos apropiado de derechos como el voto y la educación y pese a todo lo que ha costado y las reticencias que hubo, resulta que eran unos derechos relativamente fáciles: solo requerían de una inversión económica para poner más plazas en las escuelas y doblar el número de papeletas.
Y todo hace pensar que mientras existan democracias es inimaginable que podamos ser retiradas de las urnas, o acceder a la enseñanza, sólo por ser mujer.

Otra cosa es las que tiene que ver con nuestra representatividad política, nuestro espacio en el mundo laboral, el reparto del poder… donde es necesario que los hombres cedan espacios, puestos, poder…

mujer y republica

Un repaso rápido: ocupamos la tasa más alta de desocupación, tenemos el mayor número de contratos precarios, cobramos un 30% menos que los hombres en el mismo puesto, nuestro porcentaje es ínfimo en los puestos de dirección, en los partidos políticos, en las organizaciones sindicales, se legisla sobre nuestro cuerpo, se nos penaliza…

Las mujeres seguimos siendo conceptualizadas como puro cuerpo sexual y reproductivo y porque no, hay que decirlo, con un alto índice de colaboracionismo por nuestra parte. En ese el patriarcado es buenísimo, nunca una oprimida ha empatizado tanto con el opresor.

Ahora ya no se nos impide acceder al conocimiento y al poder, producir cultura o ciencia, ocuparnos de cuestiones públicas u obtener ganancias propias, pero se nos sigue valorando poco o se nos interponen obstáculos que nos sobrepasan. Tropezamos con dificultades añadidas y con oportunidades restadas para el acceso a los bienes simbólicos y reales que llevan al poder.

Hemos dicho derecho a la educación si pero la enseñanza y el aprendizaje siguen basándose en la centralidad de lo masculino y la invisibilidad de lo femenino respecto a la obra, el quehacer, el pensamiento o la creación humana: lenguajes, saberes, habilidades, destrezas tienen sesgos de género masculino, que dejan a las niñas sin referentes de su mismo género.

¿Qué pasa con otro derechos políticos como el de representación, poder o candidatura para cargos electos?

Estos derechos simplemente están concedidos y parece que no sean propios. Para que su apropiación se normalice y se generalice se han puesto en pie políticas de igualdad y medidas compensatorias y antidiscriminatorias directas o indirectas, propuestas por Ley.

Las mujeres somos la mitad de la población y debemos ocupar por justicia la mitad de los puestos disponibles, pero para ello algunos varones tienen que desalojar los suyos.
El discurso en este punto es terrible, las mujeres ocupan estos puestos en virtud de la cuota femenina (sin demostrar méritos) y los varones por méritos propios cuando en realidad, los varones han ocupado estos puestos en su totalidad por cuota masculina, prohibiendo o impidiendo por la fuerza del discurso o de la norma aceptada que las mujeres estuvieran en esos espacios.
Si no se introduce la paridad de forma perceptiva continuará la desigualdad en perjuicio de las mujeres, pues no se puede ocupar espacios que se hallan previamente ocupados.

Podemos discernir nuevas fórmulas de participación democrática, la creación de nuevos canales de interacción, la manera de que el poder emane desde la ciudadanía y no hacia la misma. Pero esto no servirá de nada si seguimos obviando la desigualdad estructural intrínseca. La lucha por la igualdad entre mujeres y hombres a partir de la instauración de las democracias modernas, la igual ciudadanía de las mujeres, ha supuesto (y está suponiendo) una conquista y todavía requiere de trabajo y de lucha porque la brecha en la igualdad todavía es amplia y enquistada.

De ahí nuestro deber de construir el porvenir de la mujer, nuestro deber de construir una Republica donde la soberanía emane del pueblo, de las mujeres y los hombres una forma real y por lo tanto necesariamente igual.

Natalia Garcia. Abogada. Bilbao.

provernir morado

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Hausnartzen. ¿Qué República? y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a El porvenir desigual hacia la III República

  1. Pingback: Lilas, rojas y amarillas | Demasiadas palabras

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s