Republicanismo para el siglo XXI

En el año 2012 escribí un breve texto para un acto sobre la República que quisiera compartir. Aquí está y espero que pueda servir para iniciar en este blog reflexiones sobre qué República queremos.

Las ideas del republicanismo son mucho más que símbolos nostálgicos: representan, hoy más que nunca, la mezcla de luchas tradicionales con nuevos desafíos para el siglo que entra como la defensa de los derechos humanos, la participación ciudadana, la justicia ambiental y el reconocimiento de los límites biofísicos del planeta, la defensa de lo público o la laicidad.

 Existen, en mi opinión, una serie de ideas fuerza que merece la pena destacar; entre ellas:

 1. Que el republicanismo es más que ir contra la monarquía y más que defender una forma de gobierno determinada. De hecho, y no hay más que echar un vistazo a nuestro alrededor, una república no tiene por qué ser, per se, un sistema más justo y solidario.

 2.Que ser ciudadano y ciudadana supone poder participar y deliberar sobre todos los asuntos que nos atañen, no en vano república viene del latín “res publica”: la cosa pública, los asuntos de la comunidad. Y para ello necesitamos poder ser algo más que meros elementos de consulta electoral, necesitamos formas de democracia directa y de participación. Sólo un empoderamiento de la ciudadanía garantizará nuestra verdadera participación. Esto debe interpelar también a los partidos y agentes socio-políticos para que reflexionen y actúen en relación a los daños que está causando el alejamiento de la ciudadanía de la toma de decisión; aboguemos por una relocalización de la política en la base y en lo cercano, aboguemos por las formas de democracia directa y participativa.

 3.Que la libertad no es ningún tipo de concesión y la ley está para garantizarla, no para ningunearla o adecuarla a los privilegios económicos o de clase. Cómo se dijo en la Revolución francesa: “¡Que importa que la Ley rinda un homenaje hipócrita a la igualdad de derechos si la más imperiosa de todas las leyes, la necesidad, fuerza a la parte más sana y numerosa del pueblo a renunciar a ella!”. ¿Y no es a caso una libertad constreñida la que obliga hoy a que multitud de personas no tengan techo digno o trabajo adecuado mientras otros acumulan y especulan? ¿No es a caso un fraude otorgar privilegios de forma legal por motivos que nada tienen que ver con la libertad con la excusa de la legalidad o de una paz social que más se asemeja a un muro de silencios?

 4.Que, relacionado con lo anterior, la igualdad supone, por lo tanto, la exigencia de justicia social, redistribución y el fin de los privilegios. En este sentido, la laicidad no es sino una expresión de la igualdad.

 5.Que no podemos defender en el siglo XXI valores y acciones que den la espalda o desconozcan los límites del planeta y los límites del propio crecimiento económico. El cambio climático, los residuos y el agotamiento del modelo energético fosilista, con una economía y unos modelos sociales volcados en el consumo, la producción desaforada, el crecimiento, la contaminación y la explotación desabrida de los recursos del Sur, nos llevan a un camino sin salida en lo medioambiental, pero también en lo social. Hay que virar el rumbo sin demora y acercarnos a movimientos como las entidades en transición, los grupos de decrecimiento y feministas o el nuevo cooperativismo.

 6.Que la fraternidad es un elemento de coherencia y exigencia ética centrada en la solidaridad entre las personas, los colectivos y los pueblos. Y que también las dinámicas internas individuales y colectivas deben desarrollarse desde la coherencia con la participación y la horizontalidad inclusiva. No se puede pregonar lo que no se practica.

También es legítimo y necesario preguntarse por el republicanismo y el capitalismo. Un sistema que propugna los privilegios, propicia el alejamiento del individuo y los colectivos hacia la toma de decisiones, utiliza la ley a su antojo, pone al beneficio económico y el crecimiento por encima del ser humano y es ecológica y socialmente dañino es precisamente todo lo contrario a los valores republicanos citados más arriba. Pone en solfa la libertad, la igualdad y la fraternidad y es caldo de cultivo para cercenar los derechos humanos y dificulta la sostenibilidad y la posibilidad de una vida digna de ser vivida en nuestro planeta. Se puede decir, así, que el capitalismo y el neoliberalismo son un obstáculo para la república. Diría más, son antirrepublicanos.

Y es a las personas comprometidas en luchas y entidades sociales y políticas de transformación social a quienes toca asumir la responsabilidad de poner de nuevo en el centro esta cuestión, impulsarla y ser coherentes. Hacer que la ciudadanía y los valores republicanos imbriquen nuestras propuestas y nuestras acciones, también en lo metodológico, y otorgar cauces de participación reales.

 ¡Salud y república!

 Iñaki Valentín

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Hausnartzen. ¿Qué República? y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s